La industria automotriz argentina cerró el año 2025 con una marcada paradoja: mientras las ventas mayoristas se dispararon más del 40%, la producción nacional de vehículos cayó un 3.1%, dejando en evidencia un creciente desacople entre la fábrica y el mercado.
Este fenómeno, impulsado por la mayor apertura a las importaciones y la salida de ocho modelos emblemáticos de producción local, pone una señal de alerta sobre la sostenibilidad industrial del sector.
Según Noticias Argentinas, basada en datos oficiales de la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA), la producción anual alcanzó las 490,876 unidades. Esta cifra contrasta fuertemente con el dinamismo del mercado interno, donde los patentamientos treparon cerca del 50%. El desfasaje es el resultado de un año donde, por cada nuevo modelo lanzado localmente, cuatro salieron de producción.
La lista roja: ocho modelos que dejaron de fabricarse en Argentina
El retroceso industrial se materializó en la desaparición de líneas completas de producción. Durante 2025, varias terminales discontinuaron la fabricación local de modelos que habían sido parte del paisaje automotor argentino por años.
La lista de bajas es extensa y heterogénea, incluyendo desde autos urbanos hasta camionetas: el Citroën Berlingo Multispace, la Nissan Frontier, la Peugeot Partner Patagónica, y toda una familia de Renault con el Logan, Sandero, Stepway y la camioneta Alaskan. A ellos se suma el Volkswagen Taos, cuya línea en Pacheco fue reconvertida para dar lugar a la nueva generación de la Amarok South America.
Esta salida masiva implicó una contracción concreta de la oferta nacional, con un impacto directo en el empleo industrial, la integración de autopartes y la capacidad exportadora de las terminales.
La oferta menguante: apenas dos lanzamientos nacionales frente a la marea importada
Frente a la retirada de ocho modelos, la industria local apenas pudo presentar dos novedades de producción nacional: la Ram Dakota y la Fiat Titano. Este magro resultado no fue suficiente para compensar la baja, dejando un saldo neto negativo que profundizó la dependencia de vehículos importados para abastecer la demanda interna.
El presidente de ADEFA, Rodrigo Pérez Graziano, reconoció que el año dejó un “balance mixto”. Explicó que “el dinamismo que se dio en lo comercial no se sostuvo en lo industrial como habíamos previsto, principalmente por los procesos de cambio y transformación en las líneas de producción para el lanzamiento de nuevos modelos”. Sin embargo, el cambio estructural parece más profundo.
Exportaciones a la baja y el desafío de la competitividad
El frente externo tampoco dio tregua. Las exportaciones cerraron el año en 280,589 unidades, un 10.8% menos que en 2024. Esta caída, sumada al incremento de las importaciones para cubrir la demanda local, presiona nuevamente la balanza comercial del sector automotor hacia el rojo.
El gran desafío, según el propio Pérez Graziano, es recuperar competitividad internacional. “Es imprescindible continuar trabajando junto con el gobierno nacional, los gobiernos provinciales y municipales para reducir la carga impositiva que se exporta en un vehículo, sobre todo considerando que varios países con los cuales competimos exportan sin impuestos”, sostuvo. Sin una mejora en este aspecto, la industria nacional seguirá perdiendo terreno tanto en el mercado local como en los destinos de exportación.
El 2025 dejó a la vista una industria automotriz argentina en transición, pero con riesgos claros. La fuerte recuperación del consumo no logró traccionar la producción local, que se achicó frente a una oferta importada más abundante. Para revertir esta tendencia, el sector necesita no solo nuevos lanzamientos, sino también políticas que le devuelvan competitividad frente al mundo y le permitan reconquistar el espacio perdido en su propio mercado.




