Puerto Madryn recuerda a los 25 bomberitos a 32 años de la tragedia.
Este 21 de enero se cumplen 32 años de una de las tragedias más profundas y dolorosas en la historia de Puerto Madryn. Veinticinco jóvenes cadetes del Cuerpo de Bomberos Voluntarios perdieron la vida durante un incendio forestal en la zona de chacras conocida como La Matanza, en un hecho que marcó para siempre a la ciudad y a toda la provincia del Chubut.
El recuerdo de aquella jornada sigue vivo en la memoria colectiva. Según Canal 12 Web, se trató de una guardia que parecía rutinaria y que terminó convirtiéndose en una tragedia irreparable, dejando una huella imborrable en generaciones enteras de madrynenses.
Una guardia que terminó en tragedia
El 21 de enero de 1994, tras varios días de combate contra el fuego, el incendio parecía estar controlado. El parte vespertino indicaba focos menores y una situación contenida. En ese contexto, un grupo de 25 cadetes, de entre 11 y 25 años, fue enviado a realizar tareas de vigilancia y remoción en el terreno.
Muchos de ellos enfrentaban su primera intervención real. Vestían overoles y botas de goma, con recursos limitados y escasa comunicación. La misión parecía ser la última antes del regreso al cuartel, sin que nadie pudiera anticipar el desenlace que estaba por ocurrir.
El avance del fuego y el pedido de auxilio
Durante la tarde, distintos grupos se desplazaron hacia el sector de Puesto Gallastegui. A las 16:15, un tercer contingente encabezado por el suboficial principal José Luis Manchula se internó unos 400 metros hacia el oeste junto a los cadetes.
Minutos después, el fuego volvió a intensificarse de manera repentina. El humo cerró la visibilidad, la temperatura se volvió extrema y las llamas avanzaron con rapidez, bloqueando cualquier posibilidad de escape. A las 17:35 se emitió un pedido de auxilio breve y desesperado. Luego, el silencio absoluto.
La noche de la espera y el hallazgo final
Desde el cuartel central se activó la alarma general. Puerto Madryn entera quedó en vilo. Familiares, vecinos y compañeros se congregaron sin noticias concretas mientras el acceso a la zona seguía siendo imposible.
Recién con las primeras luces del 22 de enero, las brigadas lograron ingresar a pie y se encontraron con la escena que selló para siempre la tragedia: los 25 cuerpos alineados, separados por pocos metros, como si hubieran intentado permanecer juntos hasta el final. Todos murieron por asfixia, atrapados por el humo y el fuego en cuestión de minutos.
Una herida que permanece en la memoria colectiva
Las víctimas fueron jóvenes y adolescentes que habían elegido el camino del voluntariado y el servicio. Once de ellos eran menores de edad. Sus nombres siguen resonando cada año como símbolo de entrega, solidaridad y compromiso.
Desde entonces, cada 21 de enero, Puerto Madryn se detiene para recordarlos. No fueron solo víctimas de un incendio forestal: fueron hijos, hermanos, amigos y compañeros. Su ausencia sigue ardiendo en la memoria de una ciudad que jamás olvidó.




