La ciudad de Puerto Madryn conmemora este martes 21 de enero un nuevo aniversario de una de las tragedias más dolorosas en la historia de Chubut.
La fecha evoca el incendio de 1994 que, en solo minutos, se cobró la vida de 25 cadetes del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, 11 de ellos menores de edad, y marcó a fuego a toda una comunidad. Según ADNsur.
El 21 de enero de 1994 es una fecha grabada a fuego en la memoria colectiva de Puerto Madryn. Lo que comenzó como una tarea rutinaria de control de un incendio en un campo aledaño a la Ruta Nacional N° 3, se transformó en una tragedia sin precedentes.
Un grupo de 25 jóvenes cadetes, cuya edad promedio no superaba los 17 años y entre los que había un niño de apenas 11, fue enviado a realizar tareas de vigilancia y remoción de focos tras un incendio que se creía controlado. Sin embargo, un repentino giro del viento, que superó los 40 kilómetros por hora, avivó las llamas con una violencia inesperada, atrapándolos en una situación sin salida.
La secuencia fatal: cinco minutos que cambiaron todo para siempre
Aquel fatídico día, los partes oficiales habían dado tranquilidad. Hacia las 17:00 horas, el sargento Julio Laportilla, a cargo del operativo, informó por radio que el incendio estaba contenido y solo quedaban focos aislados. La orden para los cadetes fue clara: realizar tareas de vigilancia y remoción. Minutos después, hacia las 17:05, Laportilla volvió a comunicarse, pero esta vez para dar la voz de alarma: las ráfagas de viento estaban avivando las llamas. La respuesta del otro lado, inicialmente, fue silencio.
A las 17:35, una voz entrecortada, identificada como la del cadete José Luis Manchula, logró colarse por la radio: pedían auxilio, el fuego los estaba rodeando. Laportilla intentó una maniobra desesperada para llegar hasta ellos, pero el avance del fuego se lo impidió. Entre las 18:00 y las 18:15, se escucharon los últimos llamados, confusos y desesperados, probablemente la voz de uno de los más jóvenes. Después, solo quedó silencio. La búsqueda activa comenzó de inmediato, pero el hallazgo final llegaría recién a la mañana siguiente, confirmando el peor de los presagios.
Una herida que no cierra: los nombres que Puerto Madryn no olvida
La magnitud de la pérdida conmocionó a la ciudad y a toda la provincia. Veinticinco vidas truncadas en el inicio de su camino, formados en la más pura vocación de servicio. Sus nombres, leídos en cada aniversario, son un recordatorio perpetuo de entrega y sacrificio: Daniel Araya, Mauricio Arcajo, Andrea Verónica Borredá, Ramiro Cabrera, Marcelo Cuello, Néstor Dancor, Alicia Liliana Giudice, Raúl Godoy, Alexis Gonzáles, Carlos Hegui, Lorena Jones, Alejandra López, Gabriel Luna, José Luis Manchula, Leandro Mangini, Cristian Meriño, Marcelo Miranda, Juan Moccio, Jesús Moya, Juan Manuel Paserini, Cristian Rochón, Paola María Romero, Cristian Yambrún, Cristian Zárate y Juan Carlos Zárate.
Las exequias fueron un duelo colectivo. Veintitrés de los jóvenes fueron velados en el Gimnasio Municipal, mientras que Ramiro Cabrera y Marcelo Miranda, el más pequeño de todos, tuvieron una despedida aparte por razones religiosas. Al día siguiente, una interminable caravana acompañó a los féretros hasta el cementerio, en una imagen de dolor que aún hoy los sobrevivientes y familiares recuerdan con profunda emoción.
A 32 años de aquel día, la comunidad de Puerto Madryn mantiene viva la memoria. No solo como un acto de recuerdo, sino como una lección sobre los riesgos extremos que enfrentan quienes eligen servir y sobre la fragilidad de la vida ante la fuerza descontrolada de la naturaleza. El monumento erigido en su honor y las ceremonias anuales son la forma en que una ciudad les dice a sus héroes más jóvenes que su sacrificio nunca será olvidado.




