La captura de Nicolás Maduro podría reconfigurar el mapa de inversiones energéticas en Sudamérica, convirtiendo a Venezuela en un posible competidor de Vaca Muerta. Analistas advierten que las petroleras globales podrían redirigir capitales hacia el país caribeño, obligando a Argentina a ser más competitiva.
Hasta la semana pasada, Argentina aparecía como la promesa energética más atractiva de la región, en gran medida porque Venezuela —su competidor natural— estaba fuera del mercado internacional debido a las sanciones y al manejo político interno. Sin embargo, el cambio abrupto en el escenario venezolano tras la operación estadounidense modifica las reglas de juego, según Noticias Argentinas (NA).
Ventajas y desventajas en una nueva competencia
El analista Ariel Mamani, fundador de INVERARG, planteó un escenario complejo. «Si Estados Unidos logra estabilizar la producción venezolana —un proceso que llevará tiempo, pero que el mercado suele descontar por adelantado—, las grandes petroleras globales (Exxon, Chevron, entre otras) tendrán un nuevo destino donde poner sus dólares», explicó.
La pregunta clave, según Mamani, es: «¿Esos dólares vendrán a Neuquén o irán al Caribe?». Venezuela cuenta con una «ventaja logística enorme»: su cercanía geográfica con las refinerías de Texas en Estados Unidos. Sin embargo, Argentina «corre con una ventaja técnica»: el petróleo de Vaca Muerta (shale) es más ligero y de extracción más rápida, mientras que el crudo venezolano es pesado y complejo de procesar.
Un impacto mixto: amenaza para el petróleo, oportunidad para los bonos
Un «viento de cola» para la percepción de riesgo argentino
La salida forzosa de Maduro, según este análisis, «elimina un factor de inestabilidad crónica en la región». Este cambio geopolítico podría generar un «viento de cola» para los activos argentinos, «comprimiendo el Riesgo País por mejores vistas de los grandes fondos de capital extranjero».
En otras palabras, una Venezuela estable y abierta al capital internacional no solo competiría por las inversiones directas en petróleo, sino que también podría mejorar el clima de inversión de toda la región, beneficiando indirectamente a la economía argentina a través de un menor costo de financiamiento. Argentina enfrenta así un escenario dual: el desafío de competir por cada dólar de inversión petrolera y la oportunidad de acceder a mercados de capitales más favorables.




