El drama de los incendios en Chubut: fuego extremo y brigadistas al límite.
La temporada de incendios forestales en la cordillera chubutense ha alcanzado niveles de criticidad que desbordan lo estrictamente ambiental. Entre la ferocidad de las llamas en el Parque Nacional Los Alerces y la lucha desesperada por salvar estructuras emblemáticas como la hostería Cume Hué, emerge una realidad humana desgarradora. No se trata solo de hectáreas quemadas; es un fenómeno de «fuego extremo» que, impulsado por el cambio climático, está dejando una huella de trauma y agotamiento en quienes combaten en la primera línea, exponiendo la urgente necesidad de una presencia estatal permanente y redes de contención psicológica.
Solidaridad federal ante una emergencia sin precedentes
La magnitud del siniestro obligó a una movilización de recursos que trasciende las fronteras provinciales. Según Noticias Argentinas, el director de Defensa Civil de Buenos Aires, Fabián García, remarcó desde el terreno que «los incendios son cada vez más violentos y prolongados, requieren presencia del Estado, coordinación y compromiso». Bajo esta premisa, un contingente de 40 brigadistas bonaerenses, equipados con camionetas 4×4 y unidades de ataque rápido, se integró al operativo en sectores críticos como Puerto Patriada y Laguna Villarino, donde el fuego ha mostrado un comportamiento errático y altamente peligroso.
El costo invisible: la salud mental tras la adrenalina
Resiliencia en la cordillera y el desafío de la adaptación
En medio de la catástrofe, historias como la de la hostería Cume Hué ofrecen un respiro de esperanza. Elvin Ríos y su equipo lograron defender el complejo a orillas del Lago Futalaufquen usando motobombas y tótems de agua, resistiendo un frente que en pocas horas devoró el paisaje circundante. No obstante, el panorama general sigue siendo de alerta máxima. La comunidad coincide en que el 21 de enero marcó un quiebre; desde entonces, la vida se resume a la dirección del viento y el avance del fuego. La crisis actual exige no solo equipos de extinción, sino una estrategia integral de adaptación climática y cuidado humano para quienes habitan y protegen el bosque.




