La tensión entre el Poder Ejecutivo y las centrales obreras alcanzó su punto máximo este miércoles.
En una jornada marcada por la parálisis del transporte y la movilización de diversos sectores frente al Congreso Nacional, el Gobierno nacional salió con dureza a cuestionar la legitimidad del paro general convocado por la CGT. Desde la Casa Rosada, la administración de Javier Milei calificó la medida de fuerza como un mecanismo de coacción que, lejos de defender derechos, atenta contra la libertad de aquellos ciudadanos que desean cumplir con sus obligaciones laborales pero se ven impedidos por la falta de medios para desplazarse.
La voz oficial de este rechazo fue la del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien utilizó términos tajantes para describir el accionar de la dirigencia sindical. Según TN, el funcionario calificó la huelga como “bastante perversa”, argumentando que el corte del transporte público es una herramienta utilizada para forzar una adhesión que, de otra manera, no sería tal. Adorni enfatizó que “si te cortan el medio de transporte, por más ganas que tengas de trabajar, no podés hacerlo”, desestimando así las cifras de acatamiento que manejan los gremios.
Críticas a la imagen sindical y la herencia recibida
Durante sus declaraciones, el jefe de ministros no solo cuestionó la metodología de la protesta, sino también la representatividad de quienes la encabezan. Adorni señaló que la dirigencia gremial acumula un “80% de imagen negativa” en la opinión pública, una valoración que atribuyó al hecho de que “lo único que hacen es complicarle la vida al trabajador”. Según su visión, existe un divorcio profundo entre los intereses de los sindicalistas y la realidad de los empleados que pierden el presentismo o el día de pago por las medidas de fuerza.
Además, el funcionario estableció una comparación con la gestión anterior para exponer lo que considera una «doble vara» sindical. Recordó que durante el mandato de Alberto Fernández el país registró un “200% de inflación” y un “60% de pobres”, conformando un “país devastado” ante el cual, paradójicamente, “no había paros”. Para el oficialismo, resulta “extraño o inentendible” que los sindicatos “se despierten” justo en el momento en que se debate una reforma laboral en la Cámara de Diputados que busca, precisamente, cambiar las reglas de juego del empleo en Argentina.
Redes sociales y el concepto de «paro forzoso»
El rechazo gubernamental también se trasladó a las plataformas digitales. El secretario de Comunicación y Prensa, Javier Lanari, reforzó el discurso de la jefatura de Gabinete a través de la red social X, donde calificó la interrupción del transporte como la “evidencia empírica del fracaso del paro forzoso”. Lanari fue más allá al tildar estas acciones como “prácticas mafiosas” que se repiten con el paso de los años, sosteniendo que no hay nada más extorsivo que impedir el libre tránsito de quienes producen.
Mientras el Gobierno lanzaba estas críticas, la realidad en las calles mostraba un escenario dividido. Si bien la CGT no convocó a una movilización centralizada, una nutrida presencia de organizaciones como la UOM, la Unión Ferroviaria, el Partido Obrero y el MTR se hizo sentir frente al Congreso. El cese de actividades en trenes y subtes fue total, mientras que el servicio de colectivos fue parcial, obligando a miles de trabajadores a recurrir a taxis o aplicaciones de viajes, con el consecuente costo económico adicional.
El debate por la reforma laboral como telón de fondo
El trasfondo de esta confrontación es el tratamiento de la reforma laboral en el Poder Legislativo. La CGT sostiene que el proyecto gubernamental implica una pérdida de derechos y una precarización del empleo, razón por la cual han decidido endurecer su postura. Para el oficialismo, sin embargo, la protesta es un intento de la “casta sindical” por mantener privilegios que obstaculizan la creación de nuevos puestos de trabajo y la recuperación económica.
La jornada concluyó con un cruce de narrativas: por un lado, los gremios celebrando un «éxito» por el vacío en las grandes ciudades; por el otro, un Gobierno que asegura que el país no paró por convicción, sino por falta de opciones logísticas. La advertencia final de Manuel Adorni fue clara: “No hay nada más extorsivo y en contra de la libertad que lo que están haciendo los sindicalistas”, dejando en claro que la administración no dará marcha atrás en su agenda de reformas a pesar de la presión en las calles.




