La meseta de Chubut empezará a jugar en los próximos meses un partido poco habitual para el turismo de la provincia: el de un acontecimiento astronómico con proyección internacional.
El 6 de febrero de 2027, parte del territorio chubutense quedará dentro de la zona más favorable para observar un eclipse anular de Sol, un fenómeno poco frecuente que podría atraer a viajeros, fotógrafos, científicos y curiosos dispuestos a moverse hasta la estepa para ver el llamado “anillo de fuego” . Según el prestador turístico Pablo Jerez, de Chubut Explorers, “la provincia de Chubut y gran parte de la meseta es la mejor zona del mundo para poder observar este eclipse”.
La franja ideal: de la cordillera a la meseta
La franja ideal cruzará desde la cordillera hacia sectores de la meseta y alcanzará puntos como Gualjaina, Piedra Parada, Paso del Sapo, Gastre, Yala Laubat, Gan Gan y Telsen, antes de seguir hacia Río Negro. La singularidad del episodio no se explica solo por la geometría astronómica, sino también por las condiciones del territorio. Febrero ofrece, para esa porción de la Patagonia, menos probabilidades de nubosidad que otros lugares del planeta donde también podría verse el fenómeno. Esa combinación entre trayectoria de la sombra y cielo despejado convierte a la estepa chubutense en un sitio especialmente codiciado.
La espera será larga: el próximo eclipse recién en 2048
El eclipse de 2027 no será uno más dentro de una secuencia cercana para la región. Jerez recordó que, si bien los eclipses ocurren todos los años en distintos puntos del mundo, no suelen repetirse con frecuencia en un mismo lugar. “Para el siguiente tenemos que esperar a diciembre de 2048”, advirtió. Esa distancia temporal modifica por completo la dimensión del evento, porque lo vuelve una cita excepcional para buena parte de los habitantes del sur argentino y también para quienes estén dispuestos a viajar para presenciarlo.
Astroturismo: la meseta como escenario privilegiado
La conversación también permitió ubicar este episodio dentro de una actividad que en la provincia viene ganando lugar: el astroturismo. Jerez lo definió como una propuesta que toma el cielo nocturno como paisaje y que encuentra en la estepa un escenario privilegiado por la ausencia de contaminación lumínica e industrial. Para quienes viven en grandes ciudades, donde muchas veces ni siquiera logran distinguir la Vía Láctea, la posibilidad de mirar el firmamento desde zonas oscuras de la meseta funciona como una experiencia potente, educativa y sorprendente.
Esa mirada se conecta, además, con una discusión más amplia sobre qué tipo de turismo puede crecer en la zona. Jerez no solo habló de observación astronómica, sino también del potencial que ya muestran sectores como Piedra Parada, Gualjaina y otros puntos de la meseta para el turismo de aventura, el recorrido de paisajes abiertos y los viñedos boutique.
Precauciones: anteojos homologados para evitar lesiones severas
La entrevista dejó una advertencia tan importante como la expectativa turística. “Hay que usar anteojos homologados”, remarcó Jerez, al señalar que el riesgo para la vista es real y que observar el Sol sin protección adecuada puede provocar lesiones severas, incluso desprendimiento de retina o ceguera. Ese punto no aparece como un detalle menor, porque cuanto más crezca el interés por el fenómeno, mayor será también la necesidad de informar de manera clara cómo verlo sin exponerse.
El contexto: una oportunidad para reactivar el turismo en la meseta
Ese eventual impulso llega después de una temporada que sintió el impacto de los incendios en la zona andina y también de la recesión económica. Jerez sostuvo que muchos turistas desistieron de viajar por información exagerada sobre el alcance de los fuegos, mientras otros directamente recortaron gastos. En ese contexto, el eclipse del año próximo puede convertirse en un hecho capaz de anticipar reservas, movilizar consultas con bastante antelación y reactivar circuitos que necesitan argumentos fuertes para atraer visitantes hasta una región lejana de los grandes centros emisores.
El desafío no pasa solo por esperar que llegue febrero de 2027, sino por empezar a leer desde ahora qué puede hacer la meseta con esa vidriera inusual. El fenómeno astronómico durará apenas un lapso breve, pero el movimiento que puede disparar antes y después depende de cuánto logren prepararse quienes trabajan con alojamiento, excursiones, gastronomía, traslado y experiencias nocturnas vinculadas al cielo. La oportunidad está planteada: un evento escaso, con fecha cierta y con una franja de observación que pone a Chubut en un lugar privilegiado del mapa mundial.




