La exposición de 200 casos reales de inteligencia artificial en el sector público muestra lo que ya está sucediendo mientras la mayoría de los gobiernos siguen debatiendo si “están listos” para la IA. Contiene una advertencia: los gobiernos corren el riesgo de simplemente automatizar la ineficiencia.
La IA no arregla lo que ya está roto, lo amplifica. Y el mayor riesgo no es moverse rápido, sino quedarse quieto mientras otros construyen el Estado del futuro sin preguntar si se quiere ser parte.
Argentina: Prometea y la Justicia que empieza a moverse
En Argentina, el sistema Prometea genera borradores de resoluciones judiciales analizando expedientes completos. Lo que un funcionario tardaba días en redactar, la IA lo produce en minutos. Y la Justicia, que en América Latina se sabe lo que tarda, empieza a moverse. El gobierno de Javier Milei está tanteando la aplicación de estas tecnologías en el sector público, en línea con una tendencia global que avanza a paso firme.
Países Bajos: el error que derrumbó a 26.000 familias
Un algoritmo acusó a 26.000 familias de fraude en subsidios infantiles en Países Bajos. Perdieron casas, trabajos, matrimonios. Niños separados de sus padres. Todo por datos defectuosos y un modelo sesgado que discriminó por origen migrante. El gobierno entero colapsó. El caso neerlandés es una advertencia sobre los riesgos de implementar IA sin controles adecuados.
Austria, Francia, Brasil y Singapur: casos de éxito silencioso
En Austria, su administración tributaria usa IA desde 2014. En 2023 analizó 6,5 millones de casos y recuperó 185 millones de euros en impuestos que de otra forma nadie hubiera detectado. Silencioso, quirúrgico, devastadoramente eficiente.
En Francia, la IA analiza fotografías satelitales y las cruza con declaraciones fiscales. Detecta piscinas sin declarar, construcciones clandestinas, edificios que existen pero que no figuran para el fisco. El Estado literalmente ve desde el cielo.
En Brasil, tenía 140.000 millones de dólares en litigios fiscales atascados. Cada caso tardaba 6 años en resolverse. La IA los agrupa, los distribuye y los prioriza con 80% de precisión. Lo que tardaba una generación, ahora tiene solución.
En Singapur, su chatbot fiscal con inteligencia artificial atendió 70.000 consultas en un año y ahorró 11.666 horas a los contribuyentes. No es un bot de FAQ. Entiende contexto, personaliza respuestas, resuelve trámites completos.
El futuro ya llegó: 70% de los países usan IA para procesos internos
El 70% de los países utilizó la IA para mejorar procesos gubernamentales internos, mientras que solo el 33% la había aplicado a mejorar el diseño y la implementación de las políticas. Y aunque su uso está aumentando, en la administración pública todavía no ha tenido un impacto transformador, de acuerdo con el informe elaborado por la Dirección de Gobernanza Pública de la OCDE (GOV) , bajo la dirección de Elsa Pilichowski y Gillian Dorner.
Hoy en día, los gobiernos de todo el mundo enfrentan niveles decrecientes de confianza pública, al mismo tiempo que experimentan cambios crecientes y rápidamente acelerados provocados por la era digital. En estos tiempos de disrupción acelerada, es crucial que los Estados sean capaces de utilizar las tecnologías digitales y los datos para aumentar la productividad y la resiliencia de sus administraciones públicas y mejorar la calidad de los servicios públicos.
El riesgo de quedarse quieto mientras otros construyen el Estado del futuro
El incipiente uso de la IA en el sector público se explica en que solamente el 39% de las personastienen una confianza moderadamente alta o mayor en el gobierno nacional, de acuerdo con los datos de la OCDE de 2023. Sin embargo, unos servicios públicos fiables, receptivos y justos pueden aumentar la confianza en el gobierno.
El Instituto Alan Turing estima que la IA podría automatizar el 84% de las transacciones repetitivas del servicio público en el Reino Unido, ahorrando el equivalente a 1.200 años-persona de trabajo al año. A pesar de su potencial, el uso de la IA por parte de los gobiernos sigue rezagado respecto al del sector privado.
La pregunta que queda flotando es si Argentina quiere ser parte de este cambio o prefiere mirar desde afuera cómo otros construyen el Estado del futuro.




