La búsqueda de minerales empezó a correrse, al menos en parte, de la imagen clásica de perforaciones, campamentos y grandes despliegues sobre el terreno.
En una entrevista con La Voz de la Meseta, el CEO de Satellite Miner, Matías Perco, explicó cómo funciona una tecnología que combina lectura satelital, tomografía de ruido ambiental y almacenamiento de datos en blockchain para investigar zonas con potencial minero. La propuesta, según planteó, busca reducir de manera drástica el trabajo de campo y avanzar con “prácticamente nulo impacto ambiental” en la etapa de prospección.
“Somos los únicos en el mundo que lo hacemos”
Perco describió a la firma como una empresa de investigación y desarrollo aplicada, registrada en 2024, que reunió tres herramientas que ya existían por separado pero que hasta ahora no habían sido integradas de este modo. “Somos los únicos en el mundo que lo hacemos” , sostuvo, al referirse a la combinación entre análisis satelital, estudio geofísico pasivo y resguardo de la información en una cadena de bloques. En su explicación, esa última capa no es un detalle técnico menor, porque apunta a dejar los datos brutos guardados de manera transparente e incorruptiblepara que puedan ser auditados más adelante.
Satélites y sensores para reducir el área de búsqueda
La primera parte del trabajo ocurre sin necesidad de pisar el terreno. Según explicó, los satélites cuentan con sensores capaces de realizar un “targeting espectral” , es decir, una lectura de reflectancia que permite detectar minerales asociados en superficie o cerca de ella. Esa información no define por sí sola la totalidad del recurso, pero sí permite achicar de manera fuerte el área de búsqueda y concentrar el esfuerzo posterior en una porción mucho más precisa del territorio.
Perco afirmó que algunos satélites, con sensores como Aster, Prisma y Enmap, pueden recortar hasta 70% de la zona original de prospección. Sobre el 30% restante es donde la empresa aplica la etapa geofísica.
“Especies de hongos” a 30 centímetros de la superficie
Ahí entra en juego la segunda etapa, que es la geofísica pasiva. Perco explicó que, a diferencia de métodos más invasivos que históricamente implicaban golpear el suelo para obtener respuestas del subsuelo, en este caso trabajan con “los mismos ruidos de la naturaleza” . Para eso utilizan nodos inteligentes que captan el movimiento natural del entorno y permiten construir una imagen geofísica sin necesidad de alterar de forma significativa el terreno.
Los dispositivos se instalan a apenas 30 centímetros debajo de la superficie y son algo así como “especies de hongos” apoyados en la capa más superficial del suelo. Esa instalación, conectada luego con sistemas de internet de las cosas y con apoyo satelital, permite sincronizar la cuadrícula de análisis y obtener los datos que después se almacenan en blockchain.
El proyecto ancla: las tierras raras de la formación Chon Aike
Aunque la herramienta puede adaptarse a distintos tipos de trabajos, Satellite Miner puso el foco en un objetivo muy puntual. “Nuestro proyecto ancla son las tierras raras” , señaló Perco, al explicar que la firma está haciendo presentaciones en distintas provincias y ante organismos como el Segemar para avanzar con permisos de investigación. Dentro de esa estrategia mencionó especialmente a la formación Chon Aike, entre Chubut y Río Negro, como una zona con “un potencial muy profundo en tierras raras” .
Cuando le pidieron traducir ese concepto a un lenguaje más llano, explicó que se trata de elementos minerales usados en áreas vinculadas a tecnología, sistemas satelitales, defensa y dispositivos que deben soportar temperaturas extremas. También aclaró que el problema de esos materiales no es tanto encontrarlos, sino separarlos, porque tienen componentes químicos o atómicos muy parecidos. Hoy esa separación suele hacerse con solventes muy dañinos para la naturaleza, y la empresa trabaja con un laboratorio asociado para explorar métodos de biolixiviación que permitan un proceso menos agresivo.
La resistencia del sector minero y las oportunidades para las provincias
Perco reconoció que “a nivel minería todavía no pudimos cerrar ningún contrato” y atribuyó parte de esa dificultad a la resistencia de empresas acostumbradas a otras lógicas de trabajo. Al mismo tiempo, dijo que recibieron consultas desde ámbitos muy distintos, incluso por temas ajenos a la minería, como la detección de aguas subterráneas o la gestión del riego.
También abrió una puerta para los Estados provinciales. Ante la consulta sobre si una provincia como Chubut podría contratar el servicio para conocer con mayor precisión su mapa mineral, respondió que sí y explicó que están presentando expedientes en 11 provincias con potencial en tierras raras. Según dijo, eso no implica necesariamente una explotación inmediata, pero sí la posibilidad de contar con una base más precisa sobre los recursos disponibles.
En una provincia donde la discusión minera suele quedar atrapada entre posiciones cerradas y sospechas mutuas, la irrupción de este tipo de herramientas sumó un elemento nuevo: la posibilidad de investigar más, tocar menos y discutir con otra calidad de información.




