Una tendencia que frena la expansión y pone en riesgo el futuro de nuevos proyectos en toda Latinoamérica.
En Argentina, cada vez más startups enfrentan un obstáculo silencioso que compromete su desarrollo: el síndrome del hombre orquesta, una práctica en la que los fundadores asumen todos los roles dentro de la empresa, desde el desarrollo de producto hasta la administración y atención al cliente.
Este comportamiento, lejos de impulsar la eficiencia, está generando el efecto contrario: frena el crecimiento, agota a los líderes y limita la innovación, un fenómeno que también comienza a observarse en otros países de Latinoamérica.
Una sobrecarga que lleva al fracaso de siete de cada diez startups
Según datos revelados en octubre de 2025, el 70% de las startups argentinas fracasa debido a la falta de delegación y la concentración excesiva de tareas en manos del fundador. El problema del “hombre orquesta” radica en que el emprendedor intenta abarcar todas las áreas, impidiendo que la empresa pueda avanzar en los aspectos técnicos, estratégicos o comerciales donde realmente se necesita foco.
Este patrón de gestión centralizada se convierte en un cuello de botella que obstaculiza la adaptabilidad, la innovación y la posibilidad de escalar. En cambio, aquellas compañías que logran construir equipos con roles claros, procesos definidos y liderazgo compartido muestran una mayor tasa de supervivencia y crecimiento sostenible.
Tal como señaló un informe publicado por El Ecosistema Startup, este tipo de errores se repiten en gran parte del tejido emprendedor regional, lo que evidencia la necesidad de un cambio cultural en la forma de liderar.
Lecciones que trascienden las fronteras argentinas
Aunque el fenómeno tiene raíces particulares en el contexto económico y social argentino, sus efectos se replican en otros países de América Latina. Muchos fundadores se sienten obligados a hacerlo todo, ya sea por falta de recursos, confianza en su equipo o miedo a perder el control.
La experiencia demuestra que apostar por equipos diversos, formarse en gestión empresarial y fomentar la colaboración interna puede marcar la diferencia. Los mentores, las incubadoras y las comunidades de emprendedores son aliados clave para evitar caer en el agotamiento y la ineficiencia.
Además, desarrollar una cultura de delegación y liderazgo compartido no solo mejora el rendimiento de las startups, sino que fortalece la capacidad de adaptación frente a crisis o cambios del mercado, un factor vital para competir a nivel internacional.
Un cambio necesario para el futuro del ecosistema
El síndrome del emprendedor argentino no solo representa una dificultad individual, sino también un desafío estructural para el ecosistema tecnológico y empresarial del país. Superarlo implica reconocer que el éxito de una startup no depende de la capacidad de una sola persona, sino del trabajo coordinado de un equipo.
Transformar la figura del fundador “todo terreno” en un líder estratégico y colaborativo es el paso necesario para que el ecosistema latinoamericano pueda consolidarse y generar empresas con impacto global.




