Con el humo disipado, la verdadera magnitud de la catástrofe se hace visible. El avance implacable de las llamas en la zona de El Pedregoso y Epuyén, en la Comarca Andina, ha dejado un paisaje transformado: extensas superficies ennegrecidas, árboles calcinados y un silencio forzado que reina donde antes había vida.
Nuevas imágenes, tomadas al día siguiente del paso del fuego, documentan con crudeza el impacto sobre el territorio cordillerano y ofrecen una lectura pausada de la devastación. Según La17.
El incendio forestal, que comenzó el pasado 5 de enero, se mantiene fuera de control y ya ha consumido aproximadamente 12,000 hectáreas de bosque nativo, implantado y matorral en la región. Las autoridades, que consideran el siniestro de origen intencional, enfrentan un combate extremo contra un fuego que ha destruido viviendas, cortado rutas y amenaza infraestructura clave.
La cruda postal del día después: un paisaje carbonizado
Las fotografías que emergen de la zona no buscan el sensacionalismo, sino ser un testimonio. Muestran la línea irregular e impredecible que dejó el fuego, donde conviven sectores completamente arrasados con otros que, milagrosamente, se salvaron. Esta frontera da cuenta de la complejidad del comportamiento de las llamas en un terreno montañoso, empujadas por vientos que este sábado alcanzaron ráfagas de hasta 35 km/h y reactivaron focos con violencia.
El registro visual es fundamental. Permite dimensionar la cercanía del desastre con áreas habitadas –como el Paraje El Pedregoso y Aldea San Francisco, donde se decretó autoevacuación preventiva– y se convierte en una herramienta clave para la evaluación ambiental posterior. Especialistas señalan que el verdadero alcance de un incendio se mide en estos días posteriores, cuando el territorio revela las consecuencias acumuladas.
Una batalla en múltiples frentes: el fuego salta la Ruta 40
Mientras se documenta el daño, el combate activo continúa en un escenario crítico y cambiante. Uno de los momentos de mayor tensión se vivió en Los Paredones, donde el fuego logró cruzar la estratégica Ruta Nacional 40, avanzando en dirección a la Laguna Las Mercedes. Este cruce simboliza la ferocidad del incendio y complica las operaciones logísticas y de evacuación.
Los esfuerzos se concentran ahora en proteger infraestructura vital. Se ha desplegado maquinaria pesada y camiones cisterna para resguardar la Usina y la Escuela de El Coihue, puntos neurálgicos para la comunidad. En el noroeste del Lago Epuyén, las llamas ya afectaron el Establecimiento El Trueno y Bahía Las Percas, confirmando la vasta extensión del desastre.
Para enfrentarlo, el operativo ha recibido un reforzamiento crucial: 78 nuevos brigadistas (63 de la provincia de Córdoba y 15 del Servicio Nacional de Manejo del Fuego) se han sumado para aliviar a un personal exhausto que lleva días trabajando en turnos de más de 16 horas.
Investigación y futuro: la sombra de lo intencional y el camino de la regeneración
El Ministro de Seguridad y Justicia de Chubut, Héctor Iturrioz, fue contundente al afirmar que existe «intención criminal» detrás del incendio. Según explicó, los peritajes iniciales detectaron la presencia de acelerantes en el «punto cero» del fuego, ubicado en una zona de bosque denso y de difícil acceso, lo que descartaría un origen negligente. «El daño es inconmensurable. Tenemos generaciones de chubutenses que no van a conocer el bosque como nosotros lo conocimos», declaró Iturrioz con pesar.
Frente a la magnitud de la pérdida, surge la pregunta por la recuperación. La regeneración de un bosque nativo es un proceso que puede llevar décadas e incluso siglos. Estudios ecológicos de largo plazo muestran que, tras el fuego, se inicia una lenta pero fascinante sucesión de vida. Primero germinan semillas resistentes y rebrotan plantas desde sus raíces; luego, una diversidad de animales –insectos, aves, mamíferos– recoloniza el área, aprovechando los nuevos espacios abiertos. Aunque el paisaje jamás volverá a ser idéntico, la naturaleza inicia, con el tiempo, su propio camino de sanación.




