La reconocida empresa chocolatera Rapanui, creadora del éxito global Franui, dio un paso estratégico que cambiará el origen de su sabor.
La compañía inició un proyecto de producción primaria propia de frambuesas en la localidad de Trevelín, Chubut, implantando 50 hectáreas del cultivo. Este movimiento busca integrar verticalmente su cadena productiva, asegurando la calidad de su fruta insignia y reduciendo la dependencia de proveedores externos. Según Agroempresario.
Una inversión de raíz para controlar la calidad
El emprendimiento, gestado por más de tres años, se consolidó en 2024 con la adquisición de un campo en Trevelín. La elección de esta localidad cordillerana no fue casual: responde a condiciones únicas de clima y suelo que resultan ideales para la frambuesa, un fruto clave cuya estabilidad es difícil de garantizar en otras zonas.
El objetivo central es claro: optimizar la calidad de la frambuesa utilizada en el Franui. Para lograrlo, la empresa seleccionó variedades específicas adaptadas al entorno local, buscando mejorar el sabor, la textura y el comportamiento industrial de la fruta. «Buscamos asegurar un estándar constante y superior, desde la planta hasta el chocolate», explicó un vocero de la compañía, destacando que esto también permitirá amortiguar la volatilidad en los costos de la materia prima.
Del campo a la fábrica: un circuito productivo patagónico
La apuesta de Rapanui es integral y de largo plazo. Más allá del campo, el proyecto incluye la construcción de una planta de procesamiento en la zona, donde se realizará el congelado y empaque de la fruta. Esta infraestructura permitirá cerrar el circuito productivo en el origen mismo, potenciando el valor agregado local.
El impacto económico para Trevelín será significativo. Se estima que el complejo agroindustrial generará alrededor de 130 puestos de trabajo entre empleo directo e indirecto, posicionándose como uno de los desarrollos más relevantes de la localidad. Además, la empresa espera que su iniciativa sirva de estímulo para que otros productores de la región incorporen la frambuesa como una alternativa viable, diversificando la matriz económica patagónica.
Una estrategia global con base local
Este giro hacia la producción propia responde directamente a las exigencias de un mercado global en expansión. El Franui, elaborado en Bariloche, ya se exporta a aproximadamente 50 países, y su crecimiento se aceleró con la apertura de una planta en España. Esta escala internacional hizo evidente la necesidad crítica de contar con un abastecimiento estable, homogéneo y de alta calidad.
Si bien la paciencia será necesaria –se estima que la primera cosecha comercial llegará dentro de tres años–, la visión es ambiciosa. El plan contempla expandir la superficie implantada de 50 a 100 hectáreas en el mediano plazo, con una inversión sostenida durante varios años. Con este movimiento, Rapanui no solo fortalece el control sobre su producto emblemático, sino que también reafirma su compromiso con el desarrollo productivo de la Patagonia, construyendo una estrategia de futuro basada en la innovación, la trazabilidad y el valor del origen.




