Camping de Lago Rivadavia se convierte en base para combatir el fuego.
La propagación del incendio que se originó en el Lago Menéndez ha transformado por completo la vida cotidiana en Villa Lago Rivadavia. Ante el avance de las llamas que cruzaron ríos y espejos de agua, el camping «Abuelo Daniel» tomó la determinación de suspender su actividad turística para transformarse en un centro logístico y refugio para las brigadas autoconvocadas. Esta decisión permitió establecer un punto estratégico de resistencia donde la familia Nataine, junto a voluntarios de toda la Comarca Andina, trabaja sin descanso para proteger las viviendas y el bosque nativo de la zona norte del Parque Nacional Los Alerces.
Una base operativa comunitaria frente a la emergencia
La transformación del complejo en una base de operaciones fue una respuesta directa al asedio del fuego, que llegó a rodear el predio por varios frentes. Según Rio Negro, la administración habilitó sus dormis y puso a disposición herramientas y vehículos propios para enfrentar la contingencia.
Leila Nataine, quien gestiona el lugar junto a su padre Daniel y su hermano Nicolás, relató que el fuego «se extendió por la ladera norte del cerro La Momia y quemó la casa de los vecinos Rosales», situación que impulsó la organización de esta base comunitaria que hoy alberga a un promedio de 30 combatientes.
Las jornadas en el camping inician antes del amanecer, cerca de las 5 de la mañana, con la preparación de desayunos y la coordinación logística mediante handies para definir dónde es más urgente poner la energía. «Sabiendo qué pasa, se define la logística: a dónde conviene poner la energía. Esto habla de la prudencia y la capacidad de pensar, sin salir a los tumbos a apagar un incendio», advirtió Leila.
La labor es extenuante: los voluntarios regresan al caer el sol para cenar y logran descansar apenas tres o cuatro horas antes de repetir la rutina, enfocados en detectar puntos calientes y defender las estructuras habitacionales de los pobladores.
Precarización estatal y la fuerza del conocimiento autogestivo
La experiencia en el terreno ha puesto de manifiesto las carencias del sistema oficial. Leila cuestionó duramente las condiciones en las que operan los brigadistas del Estado, señalando contratos de apenas tres meses y una falta alarmante de equipamiento básico.
«He visto a combatientes coser su ropa, sus borcegos, atando todo con alambre. La situación es tan extrema que la gente se organiza en brigadas. Si esperamos a que vengan los brigadistas (formales) que van a priorizar la vida, las viviendas y después el bosque, se hubieran quemado más casas», sentenció la joven estudiante de Antropología.
Esta falencia institucional ha sido suplida por el conocimiento autogestivo de vecinos que, en muchos casos, han perdido sus propias casas en incendios anteriores y se acercan a ayudar con la experiencia de haber vivido el trauma en carne propia.
A pesar del alivio que trajeron las recientes lluvias, la familia Nataine advierte que es solo un respiro. Al recorrer las zonas afectadas, han detectado que el fuego continúa «caminando» por debajo del suelo, manteniendo las raíces encendidas. Mientras el impacto emocional crece al ver montañas enteras calcinadas, la consigna en Lago Rivadavia sigue siendo mantener la cabeza fría para resistir y exigir justicia por un desastre que, aseguran, pudo haberse evitado.




