Hernán “Kutral” Ñanco, combatiente de la Brigada Nacional Sur, durante las tareas de control de fuego en la cordillera chubutense.
La lucha contra los incendios forestales en la cordillera de Chubut no solo se libra con agua y herramientas, sino con una resistencia psicológica que pocos conocen. Hernán “Kutral” Ñanco, un joven de 27 años integrante de la Brigada Nacional Sur, ha puesto voz al sentimiento de cientos de combatientes que, desde el 4 de enero de este 2026, enfrentan una de las temporadas más agresivas en zonas como Lago Rivadavia, Río Tigre y Cholila.
El sacrificio invisible detrás de la línea de fuego
Nacido en El Bolsón y brigadista desde los 18 años, Ñanco refleja la dualidad de un oficio donde la adrenalina se mezcla con el agotamiento extremo. Según Red43, el combatiente relató las extenuantes jornadas que atraviesa el cuerpo activo, pasando de 12 días corridos de labor a un esquema de cuatro por uno debido al desgaste físico. “Podés tener cinco días de laburo donde estás cortando con la motosierra y haciendo una línea y venís súper bien, y en 20 minutos se te pasa el fuego y perdés todo. Bajás frustrado, muchas veces solo podés mirar y te sentís que no sos útil”, confesó con crudeza.
Esta frustración se combate con un humor resiliente que surge en los momentos más críticos. En sus redes sociales, Ñanco sintetizó la paradoja de su vocación con una frase que conmovió a la región: “Me duelen las rodillas, las muñecas y la espalda baja. Nos dará depresión, estrés postraumático y seremos pobres y endeudados, habitando el caos con una sonrisa y un sanguchito aplastado. Pero este es el mejor trabajo del mundo”.
La salud mental y las deudas del Estado
El testimonio de “Kutral” —fuego en mapudungun— no esquiva las secuelas psicológicas de la profesión. El paso de la sobreestimulación en el frente de batalla al silencio del hogar suele ser traumático. “He visto llorar a casi todos mis compañeros dentro del vehículo. Llorar de bronca cuando se te pasa el fuego después de estar todo el día laburando”, afirmó, destacando la importancia de los tratamientos psicológicos para prevenir el estrés postraumático y otras problemáticas asociadas al riesgo constante de vida.
Además del factor humano, Ñanco señaló las carencias estructurales que dificultan la tarea, como las demoras administrativas en la reposición de indumentaria y reparación de unidades móviles. “Si vos pagaste un impuesto para que yo tenga una camisa y encima me tenés que hacer una colecta para comprarme otra, hay un problema del Estado”, sentenció, marcando una distinción clara entre la vocación de servicio y las responsabilidades políticas.
Un llamado a la prevención comunitaria
Más allá de la épica del combate, el brigadista dejó un mensaje preventivo para quienes habitan la zona de interfase. Destacó el valor de los vecinos autoconvocados que protegen viviendas, pero recordó que la clave está en el manejo previo del entorno natural. “Esto va a seguir pasando. Necesitamos que la gente comprenda qué hacer antes. Si vivís en una zona que coexiste con el bosque, andá a las charlas sobre reducción de vegetación”, concluyó.
A pesar de las marcas en el cuerpo y el cansancio acumulado, la pasión por el monte se impone. Para Hernán y sus compañeros, el reconocimiento de la comunidad es el bálsamo que permite que, tras cada jornada de 16 horas, vuelvan a encender la sonrisa en medio del caos.




