La operación militar estadounidense que resultó en la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro ha dividido a la comunidad internacional en un abanico de reacciones que van del apoyo explícito a la condena más firme.
En menos de 24 horas, el hecho reconfiguró el tablero geopolítico, dejando al desnudo las profundas fracturas ideológicas y estratégicas entre las principales potencias y los países de la región, según Noticias Argentinas (NA).
«La Libertad Avanza»: el bloque que celebra el fin del chavismo
Un grupo de naciones, liderado por gobiernos de derecha y centroderecha, ha celebrado la captura de Maduro como un acto de justicia y un paso hacia la normalización democrática en Venezuela. Argentina, bajo el liderazgo del presidente Javier Milei, fue uno de los primeros en manifestarse. Milei ofreció al país como sede para coordinar una transición y celebró con su frase característica: «¡Viva la libertad, carajo!».
Este eje de apoyo incluye a otros aliados regionales de Estados Unidos. Paraguay, a través de su presidente Santiago Peña, calificó la caída de Maduro como una «buena noticia» para el Mercosur. Ecuador, con Daniel Noboa, respaldó la operación «Absolute Resolve». Países como Panamá, República Dominicana, Israel (que vinculó a Maduro con intereses iraníes) e incluso Italia, cuyo gobierno liderado por Giorgia Meloni consideró la intervención «legítima», completan este bloque que avala la acción de fuerza.
«Agresión y Soberanía»: el bloque que denuncia la violación del derecho internacional
Frente al grupo celebratorio, se alza un conjunto de potencias y naciones que condenan la operación como una violación flagrante de la soberanía nacional y del derecho internacional. Este bloque ha pedido una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU.
Las críticas más duras provienen de aliados históricos de Maduro y potencias rivales de EE.UU. Rusia denunció una «agresión armada» con consecuencias impredecibles. China advirtió sobre el riesgo para la estabilidad energética global. En América Latina, las voces de rechazo son contundentes: Brasil, con Lula da Silva, afirmó que se cruzó una «línea inaceptable»; Colombia, con Gustavo Petro, alertó sobre una posible guerra civil; y México, con Claudia Sheinbaum, rechazó cualquier intervención militar. Países como Cuba y Nicaragua la calificaron directamente de «crimen imperialista».
La cautela europea y un nuevo escenario de tensión global
Algunas naciones, principalmente europeas, han adoptado una postura de mayor cautela. Países como Noruega y Dinamarca han evitado celebrar la caída de Maduro, enfocándose en las «graves preocupaciones jurídicas» que despierta una captura sin aval del Consejo de Seguridad de la ONU, e instando a una desescalada inmediata del conflicto.
La rápida polarización de posiciones muestra que la captura de Maduro no es solo un episodio venezolano, sino un evento de magnitud global que tensa las relaciones entre Occidente y el bloque Rusia-China, y que redefine las alianzas dentro de América Latina. La operación militar ha abierto un nuevo capítulo de incertidumbre, donde los principios de no intervención y soberanía chocan frontalmente con la doctrina de cambio de régimen impulsada por Washington, dejando a la diplomacia internacional ante uno de sus mayores desafíos en décadas.




