En un giro que marca un posible deshielo tras años de máxima tensión, los gobiernos de Estados Unidos y Venezuela anunciaron este viernes el inicio de un «proceso exploratorio» para restablecer las relaciones diplomáticas, rotas desde 2019.
Este movimiento se produce apenas seis días después de la controvertida operación militar estadounidense que culminó con la captura del entonces presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, y con la asunción de Delcy Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela.
Según DW, una delegación de funcionarios del Departamento de Estado ya se encuentra en Caracas para realizar evaluaciones técnicas, mientras otra venezolana viajará a Washington.
Un primer paso concreto: las delegaciones técnicas llegan a cada capital
El anuncio conjunto no se limitó a las palabras. Como primer gesto tangible, un pequeño equipo de diplomáticos y agentes de seguridad estadounidenses, encabezado por el embajador interino John McNamara, aterrizó en Caracas el viernes.
Su misión, según el Departamento de Estado, es realizar «una evaluación inicial para una posible reanudación gradual de las operaciones» de la embajada, cerrada hace casi siete años. En reciprocidad, el gobierno venezolano confirmó que enviará su propia delegación a Estados Unidos para cumplir «labores correspondientes», aunque sin precisar una fecha. Este intercambio de equipos técnicos es la base logística para un eventual restablecimiento formal de misiones.
Un contexto complejo: de la ruptura en 2019 a la captura de Maduro
El camino hacia esta mesa de diálogo está plagado de eventos críticos. Las relaciones se quebraron en febrero de 2019 cuando el presidente Maduro, en respuesta al reconocimiento por parte de Donald Trump del opositor Juan Guaidó como líder interino, declaró rotos los vínculos y ordenó el cierre de las embajadas.
Desde entonces, Estados Unidos manejó los asuntos venezolanos desde una oficina en su embajada en Bogotá. El punto de inflexión más reciente y dramático fue la operación militar del pasado sábado 3 de enero, que resultó en la detención de Maduro y su traslado a Nueva York, donde fue acusado de narcoterrorismo. El gobierno de Rodríguez, si bien denuncia esta acción como una «agresión criminal», ha optado por enfrentarla «por la vía diplomática».
Los objetivos y los obstáculos en el horizonte
El restablecimiento de embajadas serviría a múltiples propósitos. Para Washington, una presencia física en Caracas es clave para influir en la transición política, proteger intereses ciudadanos y, como ha mencionado Trump, facilitar el regreso de empresas petroleras estadounidenses al país con las mayores reservas de crudo del mundo. Para Caracas, supone una vía para gestionar las consecuencias de la captura de Maduro y abordar una «agenda de trabajo de interés mutuo». Sin embargo, el proceso es delicado y gradual.
Funcionarios estadounidenses han aclarado que aún no se ha tomado ninguna decisión final sobre la reapertura, la cual dependerá de evaluaciones de seguridad y del estado del edificio de la embajada. Además, cualquier delegación venezolana que viaje a EE.UU. probablemente necesitará exenciones especiales de las sanciones financieras vigentes.
El anuncio de este «proceso exploratorio» entre Estados Unidos y Venezuela dibuja un escenario de cauteloso optimismo tras una semana de convulsión histórica. Mientras los equipos técnicos evalúan la factibilidad logística y de seguridad, el verdadero desafío será transformar este primer contacto en un diálogo político sostenible que pueda navegar un pasado de profunda desconfianza y un presente cargado de complejidades legales y humanitarias. El mundo observa si este será el comienzo de una nueva etapa o simplemente un respiro temporal en una de las relaciones más fracturadas del hemisferio.




