Tras más de 25 años de complejas negociaciones, la Unión Europea y el Mercosur acordaron la fecha para rubricar uno de los mayores tratados comerciales del planeta.
La firma definitiva del acuerdo de asociación entre ambos bloques se realizará el sábado 17 de enero en Asunción, Paraguay, país que ostenta la presidencia rotatoria del bloque sudamericano. Este paso, confirmado por el canciller paraguayo Rubén Ramírez, llega un día después de que el Consejo de la Unión Europea diera su aprobación formal. Según DW.
El pacto, calificado como «histórico» por las partes, unirá comercialmente a un mercado de más de 700 millones de personas, abarcando cerca del 25% del Producto Interno Bruto (PIB) global. Su firma cierra un proceso que comenzó en 1999, atravesó largos períodos de estancamiento y estuvo a punto de fracasar en diciembre pasado por la oposición de países como Francia e Italia.
Un acuerdo que supera la simple reducción de aranceles
El tratado que se firmará la próxima semana es mucho más que un acuerdo de libre comercio tradicional. Se estructura sobre tres pilares fundamentales: diálogo político, cooperación y comercio. Aunque su núcleo es la creación de la mayor zona de libre comercio del mundo por población, el pacto también incluye compromisos ambiciosos en materia de desarrollo sostenible, lucha contra la deforestación y respeto al Acuerdo de París sobre cambio climático.
En lo comercial, el acuerdo establece la eliminación progresiva de aranceles sobre más del 90% de los productos intercambiados. La Unión Europea eliminará gravámenes para el 92% de las exportaciones del Mercosur, beneficiando especialmente a productos agroindustriales. En reciprocidad, el Mercosur abrirá su mercado a bienes industriales europeos, como automóviles, maquinaria y productos químicos.
Salvaguardas y polémicas: el debate que no termina
Uno de los aspectos más controvertidos en la recta final han sido las llamadas «cláusulas de salvaguardia». Para conseguir el apoyo de países reticentes como Italia, la UE introdujo mecanismos que le permitirían reaccionar si las importaciones agrícolas del Mercosur provocan una caída de precios del 5% o un aumento del 5% en los volúmenes de importación.
Sin embargo, el canciller paraguayo Rubén Ramírez aclaró que estas medidas «no hacen parte» del acuerdo histórico suscrito, señalando que corresponden a decisiones internas de la UE. Esta postura contrasta con las fuertes críticas de organizaciones agrarias europeas, que denuncian una falta de reciprocidad en los estándares de producción y advierten sobre la entrada de productos que no cumplen con las estrictas normativas comunitarias en materia fitosanitaria o bienestar animal.
Impacto para Argentina y el camino que viene
Para Argentina, este acuerdo representa una oportunidad estratégica. El canciller Pablo Quirno destacó que permitirá un acceso preferencial a un mercado de 450 millones de personas y que el 99% de las exportaciones agroindustriales del Mercosur se verán beneficiadas. Se espera que sectores clave como la carne vacuna (a través de la famosa «cuota Hilton»), el biodiésel, los cítricos y los productos pesqueros encuentren un canal de crecimiento sostenido.
No obstante, la firma del 17 de enero no marcará la entrada en vigor inmediata del tratado. El acuerdo aún debe ser ratificado por el Parlamento Europeo y, posteriormente, por los respectivos Congresos de los países del Mercosur, un proceso que podría extenderse y cuya conclusión se proyecta para fines de 2026. Este largo camino refleja la complejidad de un pacto que, más allá de las cifras económicas, busca redefinir la relación estratégica entre dos continentes.




