Trevelin — En la Estación de Rehabilitación y Recría de Huemul, ubicada en el Parque Municipal Shoonem, equipos técnicos llevan adelante un trabajo cotidiano de observación, cuidado y ciencia para comprender las dificultades que enfrenta una de las especies más amenazadas del sur andino.




El huemul, cuya presencia histórica fue mucho más amplia en la Patagonia, hoy habita principalmente ambientes boscosos. Las transformaciones del ambiente, la presión humana y las restricciones sobre sus movimientos fueron acotando el espacio disponible para la especie. Frente a ese escenario, surgieron proyectos que buscan algo más que proteger a los ejemplares que aún sobreviven en la naturaleza.
Natalia Demergassi, veterinaria de Fundación Temaikèn y co-directora del proyecto de conservación de huemul que se desarrolla en Shoonem, explicó que el trabajo cambia según cada momento del año, aunque siempre parte de la observación. “Básicamente el día de trabajo es hacer recorridas viendo que estén los animales bien, observando el comportamiento”, señaló.
En la estación viven actualmente 15 huemules. Durante la temporada de partos, la atención se vuelve más minuciosa: hay que seguir la aparición de nuevas crías, observar el vínculo entre madres y pequeños y verificar que las crías se puedan amamantar bien. Además, se chequea la seguridad del entorno y de los animales, y se evalúa que estén en buenas condiciones de salud físicas y que puedan alimentarse.
Detrás de cada control veterinario aparece una realidad menos conocida del huemul. La fragmentación del hábitat y las modificaciones en el ambiente afectaron su salud. Los animales presentan problemas de encías, debilidad ósea y fragilidad en los ligamentos que sostienen los dientes. “Hay animales que pierden piezas dentarias en la naturaleza”, explicó Demergassi, y agregó que esa situación está “relacionada por el tipo de alimentación que reciben o a la que acceden realmente hoy en día durante todo el año”.
Cada año, los animales atraviesan controles veterinarios que incluyen extracción de sangre y una evaluación clínica general, bajo sedación o anestesia según cada caso. El equipo busca comprender cómo responden a la suplementación alimentaria y qué información pueden aportar esos datos para el futuro de la especie. “Vamos evaluando cómo está el estado de la dentición de todos, chequeando los valores de minerales en sangre”, detalló la veterinaria.
Demergassi destacó el valor del trabajo colectivo y de quienes participan diariamente en estos proyectos. “Le ponen toda el alma, el corazón y todo el compromiso y pasión que pueden para que salgan de la mejor manera posible”, afirmó. Y agregó: “Me genera una gratitud enorme, esperanza y mucho orgullo poder estar participando en estas iniciativas y en estos esfuerzos para colaborar con la conservación de las especies”.
La veterinaria resumió el sentido más profundo de ese esfuerzo cotidiano en Shoonem: “saber que estamos colaborando hacia algo mayor que nos trascienda a nosotros”.
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