Un equipo de científicos y conservacionistas lleva adelante una campaña de marcado satelital de tiburones gatopardo en la costa de Chubut, con el objetivo de descifrar sus movimientos migratorios y diseñar estrategias de conservación. La iniciativa, liderada por el Proyecto Patagonia Azul de Rewilding Argentina, busca obtener datos precisos sobre una especie que enfrenta un peligro crítico de extinción.

Los trabajos se concentraron en Caleta Malaspina, un sector protegido dentro del Parque Provincial Patagonia Azul, y en Cabo San Antonio, provincia de Buenos Aires. Allí se colocaron dispositivos satelitales que registran profundidad, temperatura del agua e intensidad de la luz. Los aparatos se desprenden automáticamente a los seis o nueve meses y transmiten la información a una constelación de satélites.
Los datos obtenidos ya resultan reveladores. Todos los ejemplares monitoreados se desplazaron hacia el norte. Se documentó el viaje de un tiburón que recorrió 300 kilómetros entre Caleta Malaspina y el Golfo Nuevo durante el verano. Además, se confirmaron migraciones completas entre la costa chubutense y el litoral bonaerense a inicios del otoño, transformando hipótesis históricas en evidencia científica.
Nacho Gutiérrez, coordinador de Conservación del proyecto, explicó que la identificación de las áreas de mayor uso permite entender las necesidades ecológicas de los tiburones en cada momento del año. Sin embargo, advirtió que «la realidad de estos animales en el país es preocupante y exige respuestas urgentes». De las 55 especies de tiburones registradas en aguas nacionales, un alto porcentaje enfrenta alguna categoría de peligro de extinción.
La principal amenaza para su supervivencia es la presión pesquera. En las costas de la Patagonia, la Pesca de arrastre industrial orientada al langostino y la merluza se superpone con las rutas migratorias de los tiburones, especialmente en los frentes del Golfo San Jorge y la Península Valdés. En Buenos Aires, la pesca directa del variado costero captura especies como el cazón o el gatuzo, muchas veces sin registro ni regulación efectiva.
Frente a este panorama, los pescadores deportivos se han convertido en aliados estratégicos. Distintos proyectos impulsan buenas prácticas como el uso de anzuelos circulares, la devolución obligatoria de los ejemplares y una manipulación cuidadosa. Además, los biólogos utilizan marcas plásticas de identificación individual e invitan a la comunidad a reportar hallazgos a través de iniciativas de ciencia ciudadana como el proyecto “Conservar Tiburones”, liderado por la WCS Argentina.
Gutiérrez destacó la función indelegable de los tiburones como depredadores tope: «regulan las poblaciones de otras especies marinas y garantizan el equilibrio de la cadena alimenticia». Su desaparición generaría un desbalance inmediato en todo el ecosistema oceánico, un riesgo que la ciencia y la tecnología buscan frenar con información precisa y acciones integrales en el territorio.
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