Cada vez que se recuerda «El día en que Madryn se quedó sin pan», hay una foto recurrente en la que se ve, entre otros, a un joven soldado recibiendo una tira de pan y devolviendo un beso.
Luego de 37 años, Walter Pintos, aquél jovencito vestido con uniforme militar que fue tapa de EL CHUBUT, regresó a Puerto Madryn para ser parte del acto que tendrá lugar hoy en el muelle Almirante Storni, pero también para tratar de reencontrarse con el pueblo que en 1982 lo recibió con los brazos abiertos.
“Yo era parte del Regimiento IV, fuimos los que más tiempo de combate tuvimos y fuimos los últimos que nos replegamos”, recuerda en diálogo con EL CHUBUT. “En Puerto Argentino estábamos prisioneros, pasamos varios controles y nos subieron a unos lanchones en los que nos llevaron al Canberra. Ahí, nos reunieron y uno de nuestros jefes nos dijo que no sabían adónde nos iban a llevar porque Galtieri no nos quería, si entrábamos con el buque íbamos a ser rechazados”.
“VOLVIMOS A NACER”
Sin embargo, al llegar a Puerto Madryn, la historia para la mayoría de los combatientes cambió: “Nuestra incógnita era cómo nos iba a tratar el pueblo, cuando bajamos del Canberra nos dijeron que no podíamos tener contacto con la gente. Nos trajeron a la barraca y ahí sucedieron cosas que me quedaron grabadas porque el amor del pueblo pudo más que la fuerza. Empezaron a llegar y cuando nos dimos cuenta estábamos rodeados de la gente, era una fiesta y los de la Policía Militar fueron sobrepasados”. En ese momento, Pintos fue “rescatado” por una familia madrynense, la cual lo llevó a su casa para pasar un buen rato: “Nos fuimos caminando, hicimos tres cuadras y media, cuatro, nos abrió la puerta de la casa y nos recibieron con la mesa puesta. Para nosotros hay un antes y un después de Puerto Madryn, porque en ese momento volvimos a nacer”
BESOS Y PAN
En la casa de esa familia, Walter tomó mate, leche, comió pan y tortafritas preparadas por las tres hijas adolescentes del matrimonio: “Pasamos de un extremo al otro, veníamos de una guerra y de repente nos trataban así”, dijo. Un rato después, era momento de volver a la barraca Laussen y de la despedida del pueblo madrynense: “Subimos al camión y viene un hombre y me pide algo para su nena, me saqué el gorro con orejeras, nos abrazamos y nos pusimos a llorar los dos. Ahí me di cuenta que había un pueblo que recibía a sus combatientes que regresaban de la batalla”. Luego de ese abrazo, llegó el momento de la famosa imagen: “Aparece una señora con una pollera escocesa roja y azul, nos trae pan y en ese momento miro al bebé y le tiro el beso. Ahí quedó plasmado para toda la vida, todo alrededor de ese camión era amor”.
37 AÑOS, EL MISMO SENTIMIENTO
Muchos años después, Walter Pintos navegaba por Internet buscando algunas imágenes de Malvinas y, de repente, se topó con la foto: “Al ver la foto me acuerdo de la mujer de la pollera, del muchacho al que le di el gorro con las orejeras y otro que hacía flamear la bandera y gritaba. Ahí pensé que tenía que agradecer a esas personas porque eso para nosotros fue sanador, no creo que haya muchos antecedentes en la humanidad en la que el pueblo te trate de esa manera”. Una de las razones por las que Walter Pintos vino a Madryn es para tratar de rencontrarse con esa familia que lo recibió, con el muchacho al que le regaló su gorro y a la señora que le entregó el pan: “Yo los ando buscando, anoche estuvimos con los artistas y unos fotógrafos, recorriendo la zona y golpeando las puertas de las casas. Y nos pasó lo mismo que hace 37 años, nos invitaban a comer con ellos, nos recibían, era el mismo sentimiento que en 1982”.
El Chubut