El gobierno de Irán dispuso un apagón casi total de internet y de las comunicaciones telefónicas en amplias regiones del país, en medio de protestas multitudinarias contra el poder político y religioso
La medida se produce mientras crece la represión, con decenas de muertos y miles de detenidos, en uno de los momentos de mayor tensión interna de los últimos años.
Según confirmaron organismos de monitoreo como NetBlocks y la empresa Cloudflare, el tráfico de datos cayó abruptamente por interferencias deliberadas del Estado, dejando al país prácticamente desconectado. La estrategia busca limitar la coordinación de las protestas y frenar la difusión de imágenes de la represión, una práctica ya aplicada en anteriores crisis sociales. La información fue difundida por el medio Radio3, según reportes internacionales y organismos especializados en conectividad.
Protestas extendidas y consignas contra el régimen
Las manifestaciones se intensificaron tras un llamado a movilizarse realizado desde el exilio por Reza Pahlavi, hijo del último sha derrocado en 1979. En Teherán y otras ciudades se escucharon consignas como “Muerte al dictador” y “Muerte a la República Islámica”, dirigidas al ayatolá Alí Khamenei. Las protestas, iniciadas a fines de diciembre por la crisis económica y la inflación, alcanzaron al menos 25 provincias y más de un centenar de ciudades.
Víctimas, detenidos y versiones enfrentadas
Organizaciones de derechos humanos, como Iran Human Rights, denunciaron al menos 45 muertos —incluidos menores— y más de 2.000 detenidos, además del uso de munición real por parte de las fuerzas de seguridad. Las cifras oficiales, en cambio, reconocen menos fallecidos y señalan ataques contra efectivos policiales. El miércoles fue considerado el día más violento desde el inicio de las protestas.
Presión internacional y crisis económica
Mientras el presidente iraní Masud Pezeshkian llamó a la moderación sin anunciar medidas concretas, sectores duros del régimen advirtieron sobre una respuesta más severa. En paralelo, Estados Unidos expresó su apoyo a los manifestantes, lo que fue rechazado por Teherán como una injerencia externa. El trasfondo económico agrava el conflicto: el rial se desplomó hasta niveles históricos y el costo de vida se volvió insostenible para amplios sectores de la población.
Con las comunicaciones bloqueadas, la represión en aumento y una crisis económica profunda, Irán atraviesa un escenario de alta incertidumbre. Las calles vuelven a ser el principal espacio de disputa, mientras el país enfrenta uno de los desafíos internos más complejos de su historia reciente.




