Bajo un despliegue de seguridad sin precedentes, el derrocado presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, llegaron este lunes a un tribunal federal en Manhattan para su primera audiencia ante la justicia estadounidense.
La comparecencia marca el inicio formal del proceso penal por cargos de narcotráfico y narcoterrorismo, tras su captura en una operación militar en Caracas. Según Deutsche Welle (DW).
Los acusados, de 63 y 69 años respectivamente, fueron trasladados desde la prisión Metropolitana de Brooklyn en un complejo operativo que incluyó un convoy de vehículos blindados y un viaje en helicóptero. Imágenes televisadas en vivo mostraron a Maduro, custodiado por agentes de la DEA, descendiendo con dificultad y siendo asistido para subir a uno de los vehículos. Las calles aledañas al juzgado permanecieron cerradas durante la maniobra, evidenciando la extrema cautela de las autoridades.
El peso de la acusación: de narcoterrorismo al Tren de Aragua
El experimentado juez federal Alvin K. Hellerstein dirige la audiencia inicial, la cual toma como base una acusación formal que se hizo pública el pasado sábado. Maduro, efectivamente, enfrenta cargos muy graves. Entre ellos, destacan la conspiración para cometer narcoterrorismo, la conspiración para importar cocaína a Estados Unidos y también la conspiración para poseer y usar ametralladoras junto a artefactos destructivos.
Además, es importante señalar que la red que se le imputa no opera de manera aislada. Según detalla el acta de acusación, la trama involucra también a otras figuras clave. En ella aparecen nombrados su hijo, «Nicolasito» Maduro Guerra, el político Diosdado Cabello y, de forma crucial, Héctor Guerrero Flores, alias «Niño Guerrero».
Este último personaje es, según las autoridades, el máximo líder del Tren de Aragua. Este grupo está catalogado como la organización criminal más peligrosa de Venezuela y representa una de las principales amenazas a la seguridad en toda América Latina. En la actualidad, el «Niño Guerrero» es un prófugo con una recompensa de 5 millones de dólares ofrecida por el Departamento de Estado de EE.UU. Se le acusa específicamente de haber transformado esta banda, que inició sus actividades dentro de una prisión, en un verdadero imperio criminal transnacional. Hoy, sus operaciones se extienden a países como Colombia, Perú y Chile, entre otros.
Por otro lado, en cuanto a Cilia Flores, la Fiscalía sostiene que ella participó activamente en la red. Su presunta implicación se centra en la coordinación de reuniones y en el manejo de la logística para el funcionamiento de esta organización delictiva.
Un juez veterano para un caso histórico
La responsabilidad de conducir este proceso de alcance global recae en el juez Alvin K. Hellerstein, un magistrado nonagenario del Tribunal del Distrito Sur de Nueva York con una larga trayectoria en casos de alta sensibilidad política. Hellerstein es conocido por haber presidido las demandas civiles tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y por haber llevado casos complejos de narcotráfico internacional, incluido el del exjefe de inteligencia venezolano Hugo «El Pollo» Carvajal. Su designación garantiza que el proceso se desenvolverá con un estricto apego a la ley, bajo la atenta mirada del mundo.
Se espera que, tras esta primera audiencia, el juez Hellerstein defina los próximos pasos, incluyendo las condiciones de detención de Maduro y Flores y el calendario para el desarrollo del juicio.
El caso «Estados Unidos contra Maduro Moros» no es solo un juicio penal; es un evento geopolítico que pondrá a prueba los mecanismos de la justicia estadounidense frente a la acusación de que un jefe de Estado encabezó una organización criminal destinada a inundar de drogas a su propio país y a las calles de Norteamérica.




