El presidente venezolano evitó hablar sobre el supuesto bombardeo estadounidense en su país, pero insistió en su disposición a dialogar con Washington.
En una entrevista que generó más preguntas que respuestas, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se negó a confirmar o desmentir este jueves el supuesto ataque terrestre que, según afirmó su par estadounidense Donald Trump, Estados Unidos ejecutó en territorio venezolano.
El mandatario chavista prefirió eludir el tema específico, aunque ratificó su voluntad de llegar a acuerdos con Washington, especialmente en materia petrolera y migratoria.
La postura ambigua de Maduro llega días después de que Trump asegurara que las fuerzas estadounidenses habían destruido un área de atraque para embarcaciones utilizadas por narcotraficantes en Venezuela. Esta sería la primera incursión terrestre de Washington en el país caribeño, marcando una escalada en la campaña antidroga que Trump lleva adelante en la región.
Una respuesta evasiva sobre el ataque
Consultado directamente por el periodista español Ignacio Ramonet sobre el ataque anunciado por Trump, Maduro ofreció una respuesta poco clara. «Eso puede ser un tema que conversemos en unos días», declaró, sin aportar detalles concretos. Reconoció que su gobierno no había confirmado ni desmentido la información, pero intentó transmitir un mensaje de tranquilidad.
«Lo que sí te puedo decir es que el sistema defensivo nacional ha garantizado y garantiza la integridad territorial, la paz del país y el uso y disfrute de todos nuestros territorios. Nuestro pueblo está seguro y en paz», afirmó el mandatario. Según DW, parece diseñada para no reconocer una vulnerabilidad ante un ataque extranjero, pero tampoco para enfrentarse directamente a Trump desmintiéndolo.
La relación con Washington: una sola llamada y disposición al diálogo
Más allá del episodio del supuesto bombardeo, Maduro aclaró un punto que había generado confusión: su comunicación con Trump. Desmintió que haya habido una segunda conversación telefónica reciente, como había insinuado el mandatario estadounidense. «Nosotros hemos tenido una sola conversación», precisó, refiriéndose al llamado del 21 de noviembre pasado, que calificó como «cordial y respetuosa» e incluso «agradable».
Sin embargo, Maduro admitió que lo sucedido después de esa llamada no ha sido positivo, en referencia al aumento de la retórica hostil y los movimientos militares estadounidenses en el Caribe. A pesar de esto, el líder venezolano se mostró abierto a negociar. Ratificó que está dispuesto a alcanzar acuerdos con Estados Unidos, enfocados en tres áreas clave: la industria petrolera, el flujo migratorio y la cooperación en la lucha contra el narcotráfico.
Esta postura dialéctica de Maduro -evasivo en lo militar pero abierto en lo diplomático- refleja la complejidad de un escenario donde Caracas denuncia que las maniobras de Washington buscan derrocar a su gobierno, pero al mismo tiempo no descarta una salida negociada para aliviar la presión internacional y la crisis económica interna.




