Los mandatarios pactaron una cumbre para abril tras un diálogo centrado en acuerdos comerciales y soja
En un giro diplomático que busca calmar los mercados globales, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su par chino, Xi Jinping, mantuvieron este miércoles una extensa conversación telefónica. El mandatario republicano calificó el vínculo como «extremadamente bueno», sentando las bases para una reunión presencial en Beijing durante el mes de abril, en la que se buscará destrabar conflictos comerciales y geopolíticos.
Una agenda de «resultados positivos» y acuerdos agrícolas
A través de su cuenta en Truth Social, Trump detalló que el diálogo abordó desde la situación militar hasta la compra de energía. Uno de los puntos más destacados fue el compromiso de China para incrementar la importación de productos estadounidenses. Según información extraída de Ámbito, el gigante asiático se comprometió a elevar la producción de soja a 25 millones de toneladas para la próxima temporada.
»Creo que se lograrán muchos resultados positivos durante los próximos tres años de mi presidencia», afirmó Trump, quien también mencionó la venta de motores de avión y gas natural como ejes de la relación bilateral. Por su parte, Xi Jinping enfatizó que las diferencias pueden resolverse mediante el «respeto mutuo», aunque no dejó pasar la oportunidad de advertir a Washington que actúe con cautela respecto a la venta de armas a Taiwán.
Diplomacia y la batalla por los minerales críticos
Pese al tono cordial de la llamada, la administración Trump no descuida la competencia estructural. En paralelo al contacto presidencial, el secretario de Estado, Marco Rubio, lideró en Washington una cumbre con más de 50 países —incluida la Argentina— para articular una coalición que garantice el acceso a minerales críticos como el litio, el cobalto y las tierras raras.
El objetivo de esta ofensiva diplomática es recortar la dependencia de Occidente respecto a China, que hoy domina el procesamiento de estos insumos vitales para la defensa y la tecnología. Rubio alertó que la actual subordinación a proveedores externos representa una “vulnerabilidad sistémica” para la seguridad nacional estadounidense. De este modo, la Casa Blanca juega a dos puntas: mantiene la cortesía al más alto nivel mientras acelera la independencia estratégica en recursos clave.




