Alerta en Puerto Madryn por un preocupante brote de moquillo canino.
La comunidad veterinaria de Puerto Madryn se encuentra en estado de alerta ante un incremento inusual de casos de moquillo canino, una enfermedad viral que, de no ser prevenida, suele tener consecuencias fatales para las mascotas.
Aunque históricamente esta patología se asocia a las bajas temperaturas del invierno, la aparición de múltiples focos durante este verano ha encendido las alarmas, revelando una peligrosa brecha en los esquemas de vacunación de la población canina local.
El riesgo de la población no vacunada y formas de contagio
La médica veterinaria Giselle Djian, especialista en clínica y cirugía, advirtió que el virus ha encontrado un terreno fértil debido a la falta de refuerzos sanitarios en muchos hogares. Según Canal 12 Web, la profesional explicó que el fenómeno resulta llamativo para esta época del año: “El moquillo es una enfermedad típica del invierno, por eso llama la atención que esté apareciendo ahora. Evidentemente encontró una población de perros no vacunados, y cuando eso ocurre el nivel de contagio es altísimo”.
El virus del distemper —como también se lo conoce técnicamente— es extremadamente volátil y se propaga con rapidez a través del contacto directo. Las secreciones oculares y nasales, los estornudos e incluso la orina de un animal infectado son vehículos de transmisión. Si bien los cachorros son los más vulnerables debido a su sistema inmunológico inmaduro, los perros adultos y gerontes también corren riesgo de muerte si no cuentan con sus dosis anuales al día.
Síntomas: de un resfriado leve a cuadros neurológicos graves
La evolución del moquillo es traicionera debido a su naturaleza multiorgánica. En sus fases iniciales, los síntomas pueden ser tan sutiles como una conjuntivitis, fiebre o decaimiento general. Sin embargo, la enfermedad progresa hacia cuadros respiratorios severos con presencia de moco y dificultad para respirar. Lo más alarmante ocurre cuando el animal parece mostrar una leve mejoría, ya que es el preámbulo de la fase neurológica.
“El problema es que, cuando parece que el perro se recupera, días más tarde pueden comenzar los síntomas neurológicos”, detalló Djian. Esta etapa, conocida como moquillo nervioso, se manifiesta mediante tics, convulsiones, parálisis o descoordinación motriz. Para muchos animales, este estadio resulta irreversible y genera un sufrimiento extremo que, en ocasiones, obliga a los profesionales a recurrir a la eutanasia como única vía de alivio humanitario.
La vacunación como única herramienta de supervivencia
Es fundamental que los propietarios de mascotas comprendan que el moquillo no tiene un tratamiento curativo específico; solo se pueden aplicar terapias de sostén para tratar los síntomas. Por ello, la vacunación anual se presenta como la única barrera efectiva. Para los adultos, una dosis de la vacuna quíntuple o séxtuple una vez al año es suficiente para garantizar la inmunidad.
En el caso de los cachorros, el esquema es más riguroso: se inicia a los 45 días de vida con tres dosis separadas por un intervalo de 30 días cada una. “La prevención depende exclusivamente de los dueños. Es muy triste ver perros jóvenes, de tres o cuatro años, gravemente enfermos por no haber recibido una vacuna básica”, concluyó la especialista, instando a la población a actuar con responsabilidad para frenar el brote en la ciudad.




