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Megaminería

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Gabriela Cual, de la comunidad de Mallín de los Cual, lo sentenció a Radio 3 remarcando que “fuimos ignorados” por el Gobierno para presentar el proyecto para habilitar la megaminería. Ratificó el acompañamiento a la presentación de ENDEPA y apuntó que quienes dicen no haber sido convocados “los invitamos siempre, nunca se acercaron”. Subrayó que “esta lucha nos une como pueblo, es de todos”.

Respondió también a pobladores que integran la comunidad y aseguran no haber sido convocados para presentar este amparo e incluso acusaron a los vecinos de ser “utilizados” por el padre “Tono” de Gan Gan.

“Esta persona que habla (en otros medios) pertenece a nuestra comunidad, su papa es miembro de nuestra comunidad pero el que ha firmado es el Lonko, la máxima autoridad de la comunidad”, remarcó y señaló que “esta persona nunca se acercó, nosotros siempre los invitamos”.

“Ahora sale y dice que no sabía”, lamentó y apuntó que “es una mentira” que los utilice el religioso. “A nosotros nadie nos obliga, nosotros salimos a las calles con fundamentos, porque defendemos el territorio, porque es nuestro. Nadie nos obliga a salir” a rechazar la megaminería.

“Fue la autoridad máxima de la comunidad la que firmó y decidió acompañar”, sentenció y apuntó: “Siempre nos hemos opuesto a la megaminería, desde que comenzó esta lucha”.

La vecina sostuvo que nunca fueron consultados por el Ejecutivo provincial para presentar el proyecto de “Zonificación” 128/20, “fuimos ignorados. Por eso pedimos que nos escuchen, porque nunca dijeron ‘acá tiene un lugar para ser escuchados’”.

“Queremos que respeten la Constitución, porque tenemos derecho a ser consultados”, sentenció.

Gabriela informó que en la zona son 8 comunidades de la Meseta que tienen 2 trawn al año y en ellas se abordan diferentes cuestiones, entre ellas la megaminería. Estas son Mallín de los Cual, Lagua Fría, Chay Oeste, Los Pino, Taquetren, Lof Lefimil, Lagunita y Cerro Bayo; mientras que subrayó que “Blancuntre se encuentra a favor, no la comunidad, sino la autoridad”.

En este contexto, remarcó que con el padre “Tono” hay “muy buena relación. No nos obliga a nada, nos acompaña, pero somos nosotros los que pedimos que nos acompañe”, sentenció.

Subrayó que “dicen que la Mesta esta empobrecida y no hay nada, y es mentira. Nosotros tenemos otra manera de pensar”, confirmado que la minera ha intentado hacer ofrecimientos económicos.

“Tenemos otra forma de pensar, sino quizá seriamos como Evaristo, que lo usa la minera y tiene doble cara. Nosotros no, sabemos porque nos oponemos a la megaminería”, apuntó.

La vecina cerró enfatizando que “vemos que esta lucha nos une como pueblo, es una lucha de todos. Nos juntamos costa, meseta y cordillera. No somos unos pocos como nos dicen y cuando nos dicen que somos pocos, nos dan más fuerza”.

Para analizar el alcance del desafío ambiental, el Extremo Sur dialogó con Lino Pizzolón, biólogo, Magíster en Ecología Acuática, docente e investigador de la Universidad Nacional de la Patagonia.

Pizzolón advierte desde hace años las consecuencias que sufre la región patagónica tras el avance de proyectos de forestación y megaminería, y afirma que «el problema central que enfrenta hoy la zona es lo que denomina ‘megapinería’: la invasión de la plantación de pinos en reemplazo de los bosques nativos».

Pizzolón señaló la forestación de pino como uno de los agravantes de los incendios forestales, sumado a un clima desfavorable, altas temperaturas y un sistema de leyes ambientales ineficientes. Detalló el largo proceso que deberá atravesar el ecosistema comarcal para regenerarse: «Necesitamos desarrollar acciones para tratar las especies, recuperar el suelo y reforestar con plantas de las zonas vecinas».

Además, advirtió que «hay una tercera ola de deforestación que vamos a recibir», con la complicidad de «muchos lacayos dentro de las instituciones de la investigación y dentro de los gobiernos dispuestos a abrirle el camino a las nuevas inversiones».

¿Qué consecuencias inmediatas se observan en los bosques tras los incendios forestales?

El problema central es que el bosque nativo de la zona de los incendios fue completamente sustituido por el pino. Se trata de un proyecto que empezó alrededor de 1980. Toda la zona que se ha quemado es plantación pura de pinos. Lo curioso es que incluso si no se siguen plantando luego del incendio las semillas siguen activas para volver a germinar.

Usted ha trabajado mucho sobre la industria relacionada con el pino. ¿Es una especie especialmente peligrosa para propagar los incendios?

Es combustible puro. El riesgo es cada vez mayor, sumado al cambio climático y altas temperaturas. Esto está advertido por científicos de primera línea. En Chile, por ejemplo, hay millones de hectáreas forestadas con pino, un proceso que empezó con la dictadura de Pinochet y supuso la expulsión de los pobladores. Los incendios en Valparaíso fueron por la forestación de pino. Lo mismo ocurre aquí en Esquel con los bosques comunales, han reemplazado el bosque nativo.

Hay grandes intereses de la industria de la alimentación en la forestación de los bosques.

Hay una tercera ola de deforestación que vamos a recibir. Hay muchos lacayos dentro de las instituciones de la investigación y dentro de los gobiernos dispuestos a abrirle el camino a las nuevas inversiones. Muchas empresas de alimentos, con Nestlé a la cabeza, se han comprometido a reducir las emisiones de carbono y los gases de efecto invernadero. En la Cumbre Internacional del Cambio Climático afirmaron que reducirían sus emisiones a cero para 2050. Al mismo tiempo, se calcula que Nestlé va a aumentar su producción en 68% para 2030. Sabemos que la industria de los lácteos, por ejemplo, es una de las que más producen gases de efecto invernadero. Es una estafa mundial que están planeando. ¿Cómo van a recudir las emisiones de dióxido de carbono si aumentan su producción? Eso implica un acaparamiento brutal de tierras; es peor de lo que hemos visto hasta ahora.

¿Esta situación agravó la magnitud de los incendios? ¿El bosque nativo podría haber atenuado el desastre?

Sí, totalmente. Los pinares transmiten el fuego cinco veces más rápido que el bosque nativo, más si se trata de estepa.

¿Pese a eso todavía hay intenciones y planes para continuar con la forestación?

Hay intenciones de volver a plantar pinos, lo cual sería la peor de las opciones. La zona que pasa por la Ruta 40 ya atravesó varios incendios en la última década. Los pinares que se quemaron rebrotaron y hoy son árboles que tras diez años tienen muchos metros de altura. Y todo eso se volvió a prender fuego. Este es el momento de sacarlos, cuando son pequeños, ya que si hay que sacar un pino grande cuesta un dineral. Tenemos que decir que en la Patagonia hay miles de hectáreas forestadas y que Benetton es el forestador más grande de Chubut. No ha parado de forestar en esta pandemia. La única especie que hay casi en un 90% es el pinus ponderosa, y nadie lo quiere como madera. Ni hablar para postes, se pudre. Es mentira que la forestación compensa la emisión de dióxido de carbono, eso se investigó y se demostró que es falso.

¿De qué manera afectan los incendios forestales a la composición del suelo?

Con los incendios se produce un cambio del suelo, se pierde una gran cantidad de nitrógeno, que contiene una numerosa cantidad de nutrientes para la tierra. Yo rogaba que no viniera una lluvia intensa, sino que viniera esa lluvia fina, para que las cenizas se quedaran ahí. De lo contrario, el nitrógeno se pierde con las lluvias y el agua. Por eso tras los incendios a veces utilizan los mismos troncos cortados y quemados para retener los suelos.

¿Podría producirse una contaminación hacia los ríos y lagos si las lluvias arrastran las cenizas o los materiales que permanecieron tras el incendio?

Hay trabajos que investigan, a nivel mundial, lo qué ocurre con el agua después de los incendios, especialmente la contaminación de metales pesados. En este caso, hay que estudiar qué sucederá con esta zona quemada en particular. Ya han empezado a tomar muestras para analizar. Lo que sí es cierto es que tenemos una gran pérdida de nitrógeno. Ahora lo importante es trabajar en el crecimiento de pasto y diversas plantas, no perder las semillas.

¿De qué manera se planea avanzar con la recuperación de la flora y fauna?

Está muy dañada la naturaleza, es una tristeza caminar por ahí. Se necesitan décadas para reconstruir el bosque de lenga. Las áreas quemadas se irán recolonizando por las áreas vecinas que se hayan salvado. Cuando el suelo se repare, irán creciendo las plantas pioneras y luego volverán los animales que habitan allí.

¿En cuánto tiempo, aproximadamente, se podría recuperar la totalidad de las áreas afectadas?

Todavía se está estudiando. Están trabajando en esto personas con más experiencia en la recuperación post-desastres. El bosque mismo se regenera, pero hoy nos preocupa la secuencia del incendio generado, que rompe ese ciclo y no permite que se regenere. Necesitamos desarrollar acciones para tratar las especies, recuperar el suelo y reforestar con plantas de las zonas vecinas.

¿Existen áreas de bosque nativo que no hayan sido invadidas por el pino?

Afortunadamente, hay lugares que se conservaron prístinos, es una belleza caminar por ellos. La invasión es bastante progresiva. Hay áreas que se incendiaron tres veces en una década y el pino sigue apoderándose. Hay muchos lugares que proteger, deberían plantearse no seguir con las plantaciones, o tener plantaciones acotadas, sujetas a estudios de impacto ambiental. Deberían ser pocas y en lugares específicos con poco viento.

¿Considera que las leyes ambientales no se cumplen o deben ser reformuladas?

Lo principal es el trabajo de la política forestal, que debe ser reformulada. Las leyes de bosques deben ser reformuladas de raíz. Tenemos una Ley de Incendios que dice que los bosques deben ser reforestados. Pero van a seguir plantando pinos en la estepa. Tenemos pino en toda la franja que cruza la Ruta 40, con las nacientes del Río Chubut.

¿La forestación de pino podría afectar el agua?

Sí. El pino consume entre 40 y 60% más agua que el bosque nativo. De tal manera, si plantan cerca de las orillas -como está haciendo Benetton- habrá un problema con los caudales del Río Chubut, que ya han sido afectados por el cambio climático. Se va a intensificar porque estamos plantando una especie ladrona de agua.

Hace tiempo advirtió: «Visite la Patagonia antes que desaparezca». ¿Considera que hay una contradicción entre la fascinación por los paisajes patagónicos y su constante desprotección?

El problema es que la gente no distingue entre pino y bosque nativo. La gente en Esquel planta pinitos. Entonces nos vamos adentrando en un túnel de pinos. Hay un secuestro del paisaje: es lo más aburrido ver la misma planta desde Neuquén hasta San Martín de los Andes. La belleza del otoño de los bosques nativos, con sus colores, todo eso se va a perder.

 

Los intendentes de Esquel, Trevelin y Lago Puelo enviaron notas a la Legislatura y al Gobernador solicitando el retiro del proyecto de “Zonificación” para habilitar la megaminería luego que la Cámara diera tratamiento exprés y desechara la Iniciativa Popular.

A través de notas enviadas a la Legislatura y el Gobernador, los intendentes de Esquel, Sergio Ongarato; de Trevelin, Héctor Ingram; de Lago Puelo, Augusto Sánchez; y de El Hoyo, Pol Huisman; solicitaron que se retire de la Cámara de Diputados el proyecto 128/20 de “Zonificación” que pretende habilitar la megaminería.

En el caso del intendente Ongarato, se dirigió al primer mandatario provincial ante el malestar social producto del rechazo de la Legislatura a la Iniciativa Popular y “conociendo el rechazo generalizado a la megaminería en Esquel y varios puntos más”.

Advirtió que “está en manos de las autoridades provinciales detener a tiempo la creciente tensión social reflejada en las protestas y manifestaciones que están ocurriendo en varias localidades”.

Por su parte, el intendente Ingram señaló que el rechazo a la IP “en menos de 2 horas demuestra una falta de respeto hacia más de 30 mil vecinos que acompañaron un texto que representa un decisión comunitaria”.

En este contexto, solicitó que se retire “inmediatamente el proyecto de Zonificación minera, en nombre de la paz social pero fundamentalmente de las generaciones futuras”; al igual que instó a que se generen “mesas de trabajo con las Asambleas para consensuar un proyecto de Ley que ponga fin al intento de impulsar una actividad que la gran mayoría rechaza”.

El intendente Sánchez de Lago Puelo expresó a la Legislatura “la gran preocupación que me produce el rechazo a tratar la Iniciativa Popular”.

“Se trata de un hecho que ha generado un profundo malestar en nuestra localidad cuya Municipalidad estuvo ocupada pacíficamente por vecinos -apuntando que- a partir de esta decisión crece un fuerte descontento social que se suma a los trágicos sucesos que atravesó nuestra comunidad el 9 de marzo”, sentenció.

Por ello, “por nuestro pueblo y por las generaciones futuras -solicitó- el retiro inmediato de este proyecto de Zonificación”.

Por último, el mandatario de El Hoyo apuntó que “la Iniciativa Popular no es el único, pero es un importante instrumento de la democracia que prevé nuestra Constitución Provincial y Nacional -y- el rechazo exprés que sufrió es un agravio inadmisible a la participación ciudadana y a la convivencia democrática”.

Por todo esto, “solicito el retiro del proyecto de zonificación minera que tramita en la Legislatura, a fin de no agravar la incertidumbre y preocupación social”.

La Comisión de Desarrollo Económico, Recursos Naturales y Medio Ambiente de la Legislatura emitió dictamen respecto a la Iniciativa Popular presentada con el aval de más de 30 mil firmas y que busca prohibir la megaminería.

El dictamen indica lo siguiente:

“Los abajo firmantes, miembros de la Comisión Permanente que encabeza el presente Dictamen, han analizado el Proyecto de Ley General N° 129/20, presentado por la Unión de Asambleas Ciudadanas del Chubut, con el cumplimiento de lo establecido en el artículo 6o de la Ley XII N° 5, por el que se establecen los parámetros de sustentabilidad ambiental en las explotaciones mineras; y por las razones que expondrá el miembro informante aconsejan su RECHAZO”.

Suscribieron los Diputados: Carlos Eliceche, Roddy Ingram, Gómez Carlos, Williams Mariela y López Sebastián.

El Artículo 1° plantea “Rechazar el Proyecto de Ley N° 129/20 presentado por la Unión de Asambleas Ciudadanas del Chubut, con el cumplimiento de lo establecido en el artículo 6o
de la Ley XII N° 5, por el que se establecen los parámetros de sustentabilidad ambiental en las explotaciones mineras”.

Fuente: La Portada

Como los 4 de cada mes, se celebró este martes la «marcha de los 4» en diferentes localidades de la provincia, una movilización en la cual se reitera el rechazo a la megaminería y se ratifica la defensa del agua y el territorio.

Puntualmente en Trelew, una importante cantidad de personas se convocó en el callejón «del Gato», y desde allí partió la marcha en defensa de la segunda Iniciativa Popular, la cual recorrió las calles del centro de la ciudad.

En Esquel también se realizó la ya tradicional «Marcha de los 4»

Fuente: Radio 3

 

La diputada provincial reclamó en la sesión de este jueves que “se escuchen las voces del pueblo, que piden que se dé tratamiento”. Denunció que el proyecto de Iniciativa Popular contra la megaminería “está durmiendo en las comisiones”.

En la sesión de este jueves, la diputada provincial Leila Lloyd Jones hizo uso de la palabra y volvió a reclamar por el tratamiento de la segunda Iniciativa Popular presentada contra la megaminería en todas sus etapas y la minería de uranio.

Lloyd Jones apuntó que el proyecto 129/20 “está durmiendo en las comisiones” de Asuntos Constitucionales y Justicia, y de Desarrollo Económico, Recursos Naturales y Medio Ambiente, las cuales la legisladora no integra.

El proyecto “ni siquiera ha sido puesto a consideración”, lamentó, remarcando que “hay más de 30 mil vecinos que piden que se trate. Todos los días se escuchen las voces del Pueblo, que piden que se dé tratamiento”.

Es por ello que llamó a “sacarlo y ponerlo en tratamiento en la Comisión, así como se trató el 128/20 (zonificación). Más de 30 mil vecinos lo piden y todos los días nos lo solicitan”.

“Fuimos elegidos por el Pueblo y a ellos nos debemos, por eso pido que se trate en lo inmediato este proyecto (…) Escuchemos al pueblo y pongamos en tratamiento la Iniciativa Popular”, cerró.

Este martes hubo varias movilizaciones en diferentes localidades de Catamarca en apoyo a Andalgalá y rechazando el proyecto de megaminería “Agua Rica”. Reclamaron por la liberación de los asambleístas detenidos.

Este martes hubo varias manifestaciones en Catamarca para manifestar el apoyo a los vecinos de Andalgalá, quienes rechazan los recientes embates para comenzar a explotar el proyecto de megaminería “Agua Rica” (denominado MARA – Minera Agua Rica-Alumbrera).

Además, exigieron la liberación de los 6 asambleístas detenidos este lunes en una serie de procedimientos policiales realizados en la localidad catamarqueña, donde el fin de semana un grupo de personas incendió la sede de la Minera Agua Rica.

En este sentido, hubo manifestaciones y marchas en localidades como Belén, Santa María, Tinogasta y la capital, San Fernando del Valle de Catamarca. Asimismo, hubo una movilización en Buenos Aires, frente al Ministerio de Desarrollo Productivo.

La gente de Andalgalá no tiene nada que ver con Wall Street pero sabe lo que vale el agua. Aprendió a lavar los guardapolvos con agua amarilla, a defender el río por el que pasa -aunque esté prohibido- un mineroducto y a disfrutar la lluvia como a un gol de Maradona. Llevan 15 años denunciando el impacto ambiental de la minería en su tierra. Ahora tuvieron que volver a presentar un amparo contra el gobierno de Catamarca, que en diciembre habilitó la actividad pese a estar prohibida por fallos anteriores. Los diagnósticos médicos son la prueba del costo humano, y la impunidad de Agua Rica evidencia cómo operan las multinacionales extractivistas en nuestros países. Ensayo fotográfico de Magalí Druscovich.

Las 20 mil personas que viven en Andalgalá, Catamarca, no tienen nada que ver con Wall Street pero saben lo que vale el agua. Llevan 15 años denunciando su contaminación y los daños ambientales que genera la explotación minera en la zona. Antes, con el emprendimiento La Alumbrera. Ahora, con Agua Rica.

En el pasado, los tumores malignos eran raros en el pueblo. Ahora son parte de la rutina. Hay dos muertes por cáncer cada semana. Los principales son los que afectan el tracto digestivo: lengua, garganta, estómago, hígado. También están en alza los casos de diabetes, lupus e hipertiroidismo.

En el 2010, un grupo de científicos catamarqueños presentó un informe que les llevó cinco años de estudio. Detallaron la aparición de enfermedades raras para la zona, y compararon su incidencia a nivel país. “El cáncer de hueso es tres veces más alto. La incidencia de Esclerosis Múltiple, 500% más alta. Los casos de cáncer son 800% más frecuentes. Las respiratorias en niños son superiores al 300%.” Conclusión: la explotación minera a cielo abierto, en actividad desde los últimos 12 años, contamina el medio ambiente. Los diagnósticos médicos son la evidencia.

“Es un gran negocio a costa de nuestra salud”, explica Griselda ‘Chela’ Igna, líder de la asamblea que reúne a los vecinos contra la minería. Ella sufre de lupus e hipertiroidismo. En el 2016, un equipo del CONICET liderado por Margarita Diana Do Campo investigó los componentes hidroquímicos de cinco ríos del departamento de Andalgalá. El informe mostró que “los niveles de Cobre, Cromo y Plomo exceden los niveles guía de calidad de agua para protección de vida acuática”. Y que tres de esos ríos, los que por ser de mayor caudal abastecen al pueblo de agua potable y riego, presentan Manganeso “en valores que exceden los máximos permitidos para agua de consumo humano del código alimentario argentino”.

La lucha de los vecinos tiene un objetivo claro: no permitir el avance de otra minera en la región. “Agua Rica”, operada por la empresa canadiense Yamana Gold, a 17 km de Andalgalá, llegó en 2006. Después de 15 años de activismo ambiental, el grupo de abogados que representa a los residentes obtuvo una orden judicial que frena el trabajo en la minera. Pero la medida fue ignorada por la empresa, que sigue con las excavaciones respaldada por el gobierno provincial. El caso llegó a la Corte Suprema de Justicia: “Los vecinos de Andalgalá tienen derecho a vivir en un ambiente sano (..). En cuestiones de medio ambiente, cuando se persigue la tutela del bien colectivo, tiene prioridad absoluta la prevención del daño futuro”. El caso de Andalgalá es un patrón de cómo operan las multinacionales extractivistas en nuestros países, cambiando nombre de sus empresas para evadir órdenes judiciales. Yamana Gold también tiene denuncias de violación de derechos humanos en otras partes de la región: Perú (Lagunas Norte), Chile (Proyecto Pascua Lama y Honduras (Proyecto Entre Mares). Y otras empresas canadienses con mismos inversores pero otras empresas suman denuncias en Colombia, El Salvador, Guatemala, México, Panamá.

“Agua Rica” planea usar dos ríos que son fuente para el consumo humano y la agricultura. Las exploraciones de la minera ya están en marcha.

 

Investigador del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES), Eduardo Gudynas escribe a propósito del proyecto de zonificación en Chubut y de la calificación de “ambientalismo bobo” a quienes denuncian este tipo de minería.

La megaminería a cielo abierto siempre implica un impacto tan alto que debe ser calificada como una amputación ecológica. Es una pérdida irreparable. Y por esa razón, siempre es un negocio ruinoso.

En el intenso debate argentino ante grandes emprendimientos extractivistas es muy frecuente escuchar defensas que usan dos tipos de argumentos. Por un lado, sostienen que la megaminería no produce impactos ambientales, o que si los hubieran, pueden ser controlados y manejados. Por otro lado, afirman que como serían negocios magníficos, vale la pena correr riesgos ecológicos porque de ese modo se aseguraría dinero y empleo.

Estos razonamientos recrudecieron con los intentos de relanzar la minería en Chubut. Aparecieron en medios de prensa, lanzadas por políticos y repetidos por periodistas, llegando al extremo de calificar como “ambientalismo bobo” a quienes denuncian ese tipo de minería. El mensaje era que sólo los bobos no aprovecharían el supuesto negocio minero, y únicamente los bobos no entienden que no habrían impactos ambientales.

Esas posiciones están profundamente equivocadas. En realidad, la situación es contraria: la megaminería a cielo abierto siempre implica un impacto tan alto que debe ser calificada como una amputación ecológica. Es una pérdida irreparable. Y por esa razón, siempre es un negocio ruinoso.

El concepto de amputación ecológica

La megaminería a cielo abierto no se caracteriza por impactos ambientales acotados y reversibles. Por el contrario, su efecto primario es tan extremo y radical que equivale a una pérdida total del patrimonio ambiental. La evidencia está frente a los ojos de cualquiera: son enormes canteras y cráteres donde se remueven millones de toneladas de suelos y rocas.

La ‘amputación ecológica’ es un concepto que se define como una remoción física de un ecosistema, que destruye no sólo el entramado biológico, como las especies vivas, sino también su base material. Expresa los casos de mayor impacto ambiental a la vez que son los de más alta irreversibilidad.

Esta es una situación muy distinta a la que ocurre con el aprovechamiento de recursos naturales renovables. Por ejemplo, en la agricultura si se manejan adecuadamente los suelos se pueden lograr cosechas cada año. Pero cuando se remueve todo el subsuelo en un sitio, como lo hace la megaminería a cielo abierto, ya no hay marcha atrás posible. En este tipo de explotación el daño se vuelve casi irreversible. Eso explica que amputación sea el término más adecuado porque ocurre un corte o remoción, y sus cicatrices son las enormes canteras a cielo abierto (1).

Existen múltiples ejemplos en América del Sur. Entre las mayores amputaciones están el enclave de hierro y bauxita de Carajás en Brasil, carbón en Cerrejón en Colombia, cobre en Chuquicamata y Escondida, o en Perú las minas de cobre y zinc de Antamina y de oro en Yanacocha. En Argentina hay varios ejemplos, como puede ser la explotación de oro y plata de Veladero en San Juan.

En todas ellas el volumen de materia removido es enorme. Por ejemplo, en la chilena Escondida se extraen 330 millones de toneladas por año y en Yanacocha son 180 millones de toneladas. Las canteras también son de grandes dimensiones, que pueden superar un kilómetro en algunos de sus ejes, y profundidades que pueden acercarse a los mil metros.

Impactos ambientales primarios y secundarios

En los abordajes convencionales sobre los impactos ambientales de la megaminería a cielo abierto, la lista de posibles efectos es muy larga. Incluyen, por ejemplo, la remoción física de las rocas, el uso de explosivos, afectaciones del régimen hidrológico tanto en la superficie como en las aguas subterráneas, emisiones de polvo, la posible liberación de metales pesados, drenaje de agua ácida, los riesgos con tóxicos como cianuro o mercurio, y así sucesivamente. También están los impactos por la acumulaciones de roca que no es utilizada (las llamadas escombreras) o por las represas de relaves, donde hay agua y lodo repleto de tóxicos como cadmio, plomo o arsénico. Al mismo tiempo, la infraestructura asociada a los enclaves también tiene consecuencias, como pueden ser represas para captar agua o las carreteras o ferrovías de acceso.

Resulta que la lista de efectos a evaluar es enorme. Se deben considerar las consecuencias en cada uno de ellos, si esos impactos pueden ser evitados, y cuando ello no es posible, estimar si son remediables o amortiguables. En la actualidad, la evidencia científica sobre la gravedad de esos impactos es abrumadora. Se los encuentra en miles de documentos y libros, preparados desde múltiples disciplinas. Eso es innegable, y hasta los propios empresarios mineros lo aceptan, y es por ello que tienen montada toda una industria de programas de remediación ambiental.

Por lo tanto, los académicos, periodistas, políticos o empresarios que afirman que la megaminería no tiene impactos ambientales están radicalmente equivocados. Algunos lo creerán sinceramente, ignorando toda esa evidencia; otros simplemente están alimentando una retórica en defensa de esos extractivismos.

Pero a la vez, esa lista de impactos se refiere a los efectos secundarios. Todos ellos derivan de una acción primaria que es la remoción de los minerales, o sea de la puesta en marcha de la amputación ecológica. Esta, en sí misma, tiene un impacto ambiental negativo que es drástico, de gran escala e irreversible. El ambiente original desaparece y en su lugar se crean, de un lado cráteres, y del otro, enormes cerros con las rocas removidas. Es un impacto radical y previo a cualquiera de los listados arriba. Al aceptar la amputación, lo que ocurre es que se comienzan a debatir los efectos ambientales derivados del acto de amputar el ambiente, tales como el uso de ciertos tóxicos o la liberación de polvo.

Eso explica que sostener que la megaminería a cielo abierto no encierra impactos ambientales es doblemente equivocado: se desconoce el impacto primario de la amputación ecológica y se menosprecian todos los efectos secundarios. También revela que centrar el debate sobre los efectos secundarios de alguna manera refuerza la trampa de ocultar la radicalidad de la amputación ecológica.

Navidad es una amputación ecológica

El proyecto minero Navidad, en Chubut, sin duda corresponde a una amputación ecológica. Implica una remoción de materia apabullante, que totalizará más de 500 millones de toneladas a lo largo de 17 años de operación. Cuando esté trabajando a todo ritmo, se extraerán 40 millones de toneladas por año, según la estimación de la propia empresa (2). Son más de 100 mil toneladas por día. Las canteras a cielo abierto estarán desplegadas a lo largo de más de 6 kilómetros. El paisaje original será reemplazado por los cráteres, que por ejemplo, en la proyectada cantera de Valle de Esperanza tendrá un eje mayor en el orden de un kilómetro, y sobre cada una se ubicarán cerros con las rocas desechadas.

El propósito es obtener plata, y en eso insisten los defensores y la publicidad; otros minerales asociados son cobre, plomo y zinc. El depósito es celebrado como uno de los más grandes del mundo y la empresa le dice a sus potenciales inversores que si toda sale bien obtendrá un total 275 millones de onzas de plata, o sea casi 7. 800 toneladas.

Al contrario de la publicidad, todo ese emprendimiento es una celebración de la ineficiencia. Es que la proporción de la plata en las vetas más destacas es de 150 a 163 gramos por tonelada. Aquí no hay un error: se deben extraer toda una tonelada de rocas para tener un poco más de 100 gramos de plata. El remanente, que es casi una tonelada, pasa a convertirse en roca o relaves sin valor. Para hacer todo más endeble, no toda la plata en esas rocas se puede separar. La propia empresa estima que se arrojarán 418 millones de toneladas de material no mineral o sin valor comercial.

Eso explica que las canteras a cielo abierto terminan siendo enormes, porque se deberán remover 500 millones de toneladas para separar unos pocos miles de toneladas de mineral valioso. Ese mismo explica que los cerros de escombreras también serán enormes. El resultado en Navidad serán cinco grandes cráteres, con casi toda la roca removida colocada a su lado. Eso es una amputación ecológica. No es posible retornar al ambiente original porque desaparecerá todo el entramado del suelo y el subsuelo. Es como si actuaran enormes sacabocados.

Asimismo, esto permite dejar en evidencia que tampoco existe un negocio donde todos ganan. La racionalidad económica del emprendimiento está en el valor de mercado de esos gramos de plata pero a la vez en no asignar un valor económico al resto de rocas y minerales extraídos. Deben ser considerados como desechos sin utilidad económica para que los análisis de costos y beneficios empresariales puedan terminar en una rentabilidad aceptable. Sin embargo, esos escombros, así como los cráteres tienen consecuencias económicas, como pueden ser el costo económico de contaminar suelos y aguas, y como eso existe en la realidad terminarán siendo asumidos por las familias locales, los municipios o la provincia. Si se asigna un valor económico a todo ese desperdicio, el costo económico de ese desecho es tan alto que derrumba la rentabilidad.

Una metáfora real

A pesar de todas estas precisiones, siguen siendo muchos los que consideran que el proyecto minero Navidad u otros deben ser llevados adelante por la expectativa de ganancia, e incluso hay quienes comparten esas ideas dentro de las comunidades locales.

Ante eso es posible retomar el concepto de amputación ecológica compartiendo una metáfora para explicarlo de otro modo. Si consideramos al país como un organismo, puede decirse que los promotores de la megaminería a cielo abierto plantean amputar un dedo en una mano de ese cuerpo nacional. Lo justifican diciendo, por un lado, que venderán esas falanges a cambio de un buen dinero que será utilizado por el resto del organismo nacional, y por el otro lado, proclaman que podrán manejar los impactos de esa pérdida. Pero en realidad se perderá el dedo, y esas evaluaciones de impacto ambiental lo que apenas podrían discutir es si se salpicará mucha o poca sangre, o si el vendaje será de uno u otro tipo (abordan los impactos secundarios pero aceptan el impacto primario). El razonamiento económico agrega que el dinero percibido por vender el dedo será tan pero tan jugoso, que el cuerpo nacional se podrá comprar una prótesis artificial, que dejaría la mano todavía en mejor situación. ¿O no es esto lo que prometen los planes de rehabilitación de minas clausuradas? ¿O no es ese el negocio que proclaman empresarios y políticos?

Eso apunta a evitar la discusión sobre el impacto ambiental primario que es la amputación de materia, para enfocarse en medidas de control y monitoreo de efectos secundarios, como la liberación de polvo o el manejo de las represas de relave. Esto, a su vez, permite emplear todo tipo de excusas, tales como sostener que un impacto ambiental, como la contaminación de un curso de agua, constituye un “accidente”, pero no una consecuencia inescapable a la propia esencia de esa minería. Entonces tampoco se discuten las amputaciones sino los accidentes.

Todo esto deja en claro que cualquier abordaje serio e independiente de intereses económicos particulares concluye que la megaminería a cielo abierto es insostenible. Deben abandonarse los eufemismos y comprenderse que estamos ante una amputación ecológica. La información sobre estas condiciones es esencial para que no se anestesie a la ciudadanía para insistir con nuevas amputaciones ecológicas.

Notas

1. El concepto de “amputación ecológica” se explica en más detalle en ‘Extractivismos. Ecología, economía y política de un modo de entender el desarrollo y la Naturaleza”, por E. Gudynas. Más informaciones en www.extractivismo.com

2. Navida Project, Chubut Province, Argentina: Preliminary Assessment, PanAmerican Silver Corp, disponible en: https://www.panamericansilver.com/assets/Operations-documents/2e445fea82/Navidad-Technical-Report.pdf

*Eduardo Gudynas es investigador en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES), en Montevideo. Sus últimos libros incluyen un texto sobre la teoría de los extractivismos, otro sobre las relaciones entre corrupción y extractivismos, y el más reciente, sobre derechos humanos y violencia en ese tipo de actividades. En las redes se lo puede seguir en twitter: @EGudynas

Cada vez más vecinos y vecinas de la meseta se suman a las asambleas en defensa del agua para pensar y estudiar el tema megaminería en Chubut. “Somos muchos vecinos que estamos en contra de la minería; muchos no se animan a manifestarse, pero de a poquito se van sumando a la asamblea”, contó Silvio Arza desde Telsen, en entrevista con La Namunkurá.

La familia Arza es una tradicional familia trabajadora del campo en la meseta. “Acá la ganadería se está muriendo. Es responsabilidad de los políticos: nunca la atendieron. Lo querían solucionar con subsidios muy bajos que no servían”, analizó y aclaró “yo nunca dependí del gobierno”.
Ante la inminente aprobación de la megaminería, Arza ha estudiado el tema tras acercarse a la Asamblea por Defensa del Arroyo. “Conozco derrames de grandes minerías, que es un desastre para el agua y el ambiente. Si llegara a pasar acá sería terrible. Y otro tema es el canon. Lo que queda es muy poco. Es un gran saqueo al pueblo”, afirmó.
Sobre el trabajo que generaría en la zona la actividad, Arza disintió: “nosotros los que tenemos más de 40 años no vamos a tener trabajo si se aprueba la megaminería. Y si se aprueba la zonificación va a haber un montón de proyectos más. La gente no es estúpida”, agregó.

Además, se refirió a la cumbre minera de Telsen 2018 (con la presencia del por entonces ministro Aranguren y episodio de represión a manifestantes incluidos). De las exposiciones casi no participaron los vecinos del lugar, ya que la palabra la monopolizó el operador Marcelo Mena (gremio Asijemin): “no nos dejaba hablar”, recordó.
Arza, sobre el final, describió el abandono por parte de la provincia desde las inundaciones de 2014 en Telsen.