Finalmente se resolvió el misterio de la camioneta Dodge RAM que llevaba días encallada en el Riacho San José, dentro del área protegida de Península Valdés, Chubut.
El propietario encabezó un operativo artesanal para extraer el vehículo, que sufrió graves daños por el contacto prolongado con el agua salada.
La camioneta, que había quedado atrapada en arenas flojas en un paraje de la costa del Golfo San José, generó preocupación y especulación entre turistas y vecinos durante varios días. Su estado se deterioró rápidamente debido al avance repetido de las mareas sobre la estructura, lo que complicó aún más su remoción. Según ADNsur.
Un operativo de extracción artesanal
El dueño del vehículo se presentó en las últimas horas en el Riacho San José para intentar recuperarlo. La extracción, que quedó registrada en videos que circularon por redes sociales, se realizó de manera totalmente artesanal.
Utilizando sogas y flotadores, el propietario y sus ayudantes intentaron tirar de la pesada camioneta desde la costa para liberarla de la tenaz arena que la atrapaba. El operativo puso fin a un episodio que había captado la atención pública por tratarse de un vehículo de gran porte varado en un área natural protegida de alto valor ambiental y patrimonio de la humanidad.
Daños severos por la exposición al agua salada
El prolongado contacto con el medio marino provocó daños importantes e irreversibles en el vehículo. Los expertos explican que la salinidad del agua acelera de forma extrema la corrosión del chasis, la carrocería y todos los componentes metálicos.
Además, la inundación afectó gravemente el sistema eléctrico y el motor, componentes cuyo costo de reparación suele ser muy elevado y, en muchos casos, termina siendo mayor que el valor residual del vehículo. El riesgo de que las mareas cubrieran por completo la camioneta, generando daños estructurales irreversibles, era inminente.
Un área sensible y de gran valor ambiental
El incidente ocurrió en un lugar de gran sensibilidad ecológica. El Riacho San José es un paraje situado en la costa del Golfo San José, dentro de la Península Valdés, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Esta zona es hábitat de una rica biodiversidad marina y terrestre.
En el área reside una comunidad de pescadores artesanales y recolectores costeros cuyas actividades económicas y tradiciones dependen directamente de la conservación del equilibrio del ecosistema local. La presencia de vehículos en estos sitios, más allá del impacto visual, puede alterar los frágiles suelos, dañar la flora y afectar a la fauna, generando un impacto ambiental significativo que contrasta con los esfuerzos de conservación de la zona.
El episodio concluyó con la remoción del vehículo, cerrando un capítulo que combinó curiosidad pública, preocupación ambiental y una costosa lección sobre los riesgos de transitar por terrenos no aptos en áreas naturales protegidas.




