Emergencia en Chubut: lluvias insuficientes y 60.000 hectáreas afectadas.
La crisis ígnea que golpea a la Patagonia argentina ha alcanzado niveles de extrema preocupación, consolidando un desastre ambiental de proporciones históricas. Pese a la llegada de las esperadas precipitaciones en la zona cordillerana, el alivio fue apenas superficial y no logró detener el avance de los incendios en Chubut que consumen el bosque nativo.
El Gobierno Nacional, ante la magnitud del evento, oficializó mediante el Decreto 80/2026 la declaración de «zona de desastre» y extendió la emergencia ígnea a Santa Cruz, unificando esfuerzos ante un frente de fuego que parece no dar tregua.
Operativos de combate y restricciones en las rutas provinciales
La logística para enfrentar el fuego ha requerido el despliegue de una estructura masiva que coordina a cientos de efectivos de todo el país. Según TN, a los brigadistas locales se han sumado refuerzos estratégicos: 50 efectivos de la provincia de Buenos Aires y 60 de Córdoba, quienes trabajan codo a codo con los más de 400 combatientes nacionales y los medios aéreos en sectores críticos como Cholila, Epuyén y Lago Puelo. Esta movilización ha obligado a la Subsecretaría de Protección Ciudadana a cortar totalmente la Ruta Provincial N°71, en el tramo entre Cholila y el empalme con la Ruta Nacional 40, debido al peligro inminente y la nula visibilidad.
Ariel Rodríguez, titular del Parque Nacional Los Alerces, confirmó que, aunque el agua llegó a las zonas calientes, el registro fue de apenas 5 milímetros. «Es muy poco para aplacar las llamas», admitió el funcionario, quien detalló que, si bien el agua ayuda a enfriar el suelo, el vapor generado por el choque térmico entorpeció la visibilidad de los aviones hidrantes y helicópteros durante las primeras horas de la jornada. No obstante, este breve respiro es aprovechado por los equipos de tierra para afianzar las líneas de ataque antes de que las condiciones vuelvan a tornarse adversas.
El factor viento y el marcado descenso de la temperatura
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) ha emitido partes que generan sensaciones encontradas entre los especialistas. Por un lado, se espera un alivio térmico fundamental, con temperaturas máximas que podrían descender hasta los 12°C hacia el miércoles, acompañadas de chaparrones moderados. Este escenario de mayor humedad ambiental es la principal apuesta de los brigadistas para lograr contener el avance del fuego y evitar que las «zonas calientes» vuelvan a entrar en combustión activa.
Sin embargo, el gran enemigo para las próximas horas será el viento. Se prevén ráfagas que podrían alcanzar los 78 km/h en las zonas de Lago Puelo y Epuyén. Un viento de tal magnitud no solo amenaza con reactivar focos que se creían controlados, sino que representa un peligro mortal para los brigadistas ante la posible caída de ramas y árboles debilitados por el fuego. La lucha ahora es contra reloj: aprovechar la humedad de la lluvia para consolidar perímetros antes de que las ráfagas dispersen las brasas hacia sectores aún no afectados.
Situación actual y el futuro de los ecosistemas patagónicos
Con más de 60.000 hectáreas ya reducidas a cenizas en toda la región, el impacto ecológico es incalculable. La biodiversidad del Parque Nacional Los Alerces y las áreas circundantes enfrentan una degradación que tardará décadas en recuperarse. Los operativos se mantienen en alerta máxima, solicitando a la población y a los turistas extrema precaución al circular por la Ruta Provincial N°15, entre Leleque y Cholila, donde el movimiento de maquinaria pesada y autobombas es incesante. Los brigadistas confían en que este cambio de tiempo sea el punto de inflexión definitivo para proteger lo que queda de los ecosistemas estratégicos de la provincia.




