Pascua en Jerusalén: Pizzaballa ofició la misa a puertas cerradas por orden de Israel.
En un Domingo de Resurrección marcado por la tensión bélica y restricciones religiosas sin precedentes, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, pudo encabezar la Misa de Pascua este 5 de abril de 2026. Sin embargo, la celebración en la Basílica del Santo Sepulcro se llevó a cabo a puertas cerradas y bajo una estricta custodia de la policía de Israel, que impidió el acceso a los miles de fieles que aguardaban en las inmediaciones.
Un templo vacío en el corazón de la cristiandad
La ceremonia, que tradicionalmente congrega a multitudes en el lugar donde la tradición sitúa la resurrección de Jesús, contó apenas con la presencia de una veintena de personas, entre religiosos y frailes residentes del complejo. Esta medida del Gobierno de Benjamín Netanyahu se da en el marco de la guerra con Irán, bajo el argumento de garantizar la seguridad de los asistentes.
«¡Felices Pascuas!», manifestó el cardenal al ingresar al recinto, aunque su mensaje posterior reflejó la crudeza del momento:
«No nos encontramos ante un símbolo, nos enfrentamos a un vacío real. La Pascua comienza así: no con una explicación, sino con una ruptura. No con emoción, sino con una pregunta desorientadora», expresó Pizzaballa en declaraciones difundidas por agencias internacionales.
Antecedentes de un conflicto religioso y diplomático
La restricción de este domingo profundiza el malestar de la comunidad cristiana, luego de que hace apenas siete días la policía israelí impidiera directamente la celebración del Domingo de Ramos. Aquel incidente fue calificado por el Patriarcado como un «desprecio hacia la sensibilidad de miles de millones de personas» que no registra antecedentes en siglos.
A pesar del fuerte rechazo internacional que obligó a Israel a replantear el cierre total del templo, la solución intermedia de oficiar a puertas cerradas no calmó los ánimos. En los alrededores de la Ciudad Vieja de Jerusalén Este, cientos de fieles se congregaron con palmas, cruces y velas, pero se topetaron con un cordón policial que les bloqueó el paso, dejando una de las postales más desoladoras de la fe cristiana en tiempos modernos.




