Crisis ígnea: ¿Por qué los incendios son más feroces en la región?
La temporada de incendios 2026 está marcando hitos alarmantes en el Cono Sur. Mientras que en Chile las hectáreas devoradas por las llamas triplican las del ciclo anterior, la provincia de Chubut, en Argentina, enfrenta su peor escenario de los últimos cinco años.
Este fenómeno no es una coincidencia meteorológica; es el resultado de una combinación crítica entre el cambio en el uso del suelo, el avance de especies exóticas y una sequía que no da tregua. La vulnerabilidad de los ecosistemas patagónicos y andinos ha quedado expuesta, evidenciando que la capacidad de respuesta se ve desbordada ante incendios de magnitud inédita.
El modelo forestal chileno y el reemplazo del bosque nativo
En el lado chileno, la Corporación Nacional Forestal (CONAF) reporta que entre julio de 2025 y febrero de 2026 se han quemado 66.000 hectáreas. Según France 24, especialistas y activistas locales asocian este incremento a la sustitución de selvas húmedas nativas por plantaciones de pinos y eucaliptos. Estas especies, calificadas como pirófitas, dependen del fuego para su ciclo reproductivo y actúan como un combustible de alta intensidad, facilitando que los siniestros se vuelvan incontrolables en regiones como Ñuble y Biobío.
Valeria Sepúlveda, bióloga y presidenta de la Corporación Parque para Penco, es tajante al respecto: “Nuestros bosques nativos no tienden a quemarse, pues son selvas húmedas”, señaló de forma textual, denunciando además que los incendios actuales han afectado zonas protegidas en conflicto con proyectos extractivos. Para los expertos, la degradación del suelo y la pérdida de biodiversidad en estas áreas reducen la humedad natural del terreno, creando un escenario ideal para que cualquier chispa derive en una catástrofe ambiental.
Cambio climático, zonas de interfase y desfinanciamiento en Argentina
Del lado argentino, aunque las plantaciones de pino también aportan combustible, el problema estructural presenta matices distintos. Mariano Amoroso, investigador del CONICET y vicedirector del IRNAD, explica que el aumento de las temperaturas y la reducción drástica de lluvias en el último lustro han generado condiciones de sequía extrema. A esto se suma el crecimiento exponencial de las «zonas de interfase», donde las áreas urbanas se expanden sobre el bosque nativo. “El norte de la Patagonia argentina ha crecido exponencialmente… los ejidos urbanos se están expandiendo sobre zonas naturales”, advierte el experto.
A este cóctel de riesgos se le suma una realidad presupuestaria preocupante. Según datos de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), el Servicio Nacional de Manejo del Fuego sufrió un recorte del 53,6% respecto al año pasado. Mariano Amoroso concluye de forma textual que “hay un mayor presupuesto destinado justamente al combate que lo que tenga que ver con la prevención y la educación”, lo que deja a las fuerzas operativas sin margen de maniobra ante incendios que, en un 95% de los casos, son iniciados por acción humana. Sin una política integral de prevención y un financiamiento adecuado para los bosques nativos, cada temporada seguirá superando en agresividad a la anterior.




