Cholila: especialista advierte que «habrá que reparar el alma» tras el fuego.
El avance de los incendios forestales en la zona de Cholila no solo está dejando una marca imborrable en la geografía patagónica, sino también en el tejido social y emocional de sus habitantes. Florencia Oyharçabal, ingeniera forestal y directora de la Escuela Agrotécnica CEA Valle de Cholila (Fundación Cruzada Patagónica), analizó el complejo escenario que enfrenta la región. Con una visión técnica pero profundamente humana, la especialista advirtió que el daño trasciende la pérdida de vegetación, afectando la identidad y el futuro de una comunidad que ve su hogar transformado en cenizas.
El impacto ambiental y la lenta recuperación del bosque nativo
Aunque las condiciones climáticas recientes brindaron una tregua momentánea, la situación técnica del terreno sigue siendo crítica. Según El Cordillerano, la llovizna y el descenso de la temperatura han dado un respiro al operativo, pero persisten numerosos focos activos que obligan a mantener la guardia alta. Oyharçabal explicó que el comportamiento del fuego ha sido extremo, con reactivaciones constantes impulsadas por los cambios en la dirección del viento que, hasta hace pocas horas, mantenían los frentes totalmente fuera de control.
La ingeniera forestal hizo especial hincapié en la fragilidad del ecosistema afectado, recordando que muchas hectáreas ya habían sufrido incendios históricos en décadas pasadas (1944, 1966 y 1987). «La recuperación de los bosques nativos es muy lenta después de este tipo de incendios», advirtió la especialista, señalando que la pérdida de servicios ecosistémicos, como la regulación del agua y el sostén de los suelos, traerá consecuencias graves durante el invierno, incluyendo posibles desmoronamientos en las zonas donde la vegetación ha desaparecido.
Consecuencias sociales y la reconstrucción del hogar
Más allá de los datos técnicos, el foco de la preocupación radica en el impacto psicológico que el fuego deja en la ruralidad. La directora de la Escuela Agrotécnica describió un escenario de profunda tristeza al observar los campos tornarse grises y negros. Para quienes viven del territorio, el bosque no es solo paisaje, es su medio de vida y su refugio. En ese sentido, la especialista dejó una frase que resuena con fuerza en la comunidad: «Cuando todo termine habrá que reparar el alma porque se ha dañado el hogar».
Pese a la angustia reinante y al daño en la economía regional —que depende directamente de los recursos naturales—, Oyharçabal rescató la inmensa red de solidaridad que se gestó entre los vecinos frente a la emergencia. La reconstrucción de Cholila no será solo una tarea de reforestación o infraestructura, sino un proceso de sanación colectiva para una población que, una vez más, debe enfrentarse a la desolación que deja el fuego a su paso, esperando que el verde vuelva a brotar en un horizonte hoy oscurecido.




