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El MS Marina con bandera de Islas Marshall, Oceanía, cuenta con 239 metros de eslora y una capacidad para 1.250 pasajeros. En esta oportunidad traerá a la ciudad a 1150 turistas y 750 tripulantes.

Este crucero fue construido en 2011 y esta será la primera y única recalada que hará en la ciudad en esta Temporada de Cruceros. Está previsto que el mismo amarre en el muelle Luis Piedra Buena a las 7 de la mañana y zarpe a las 17 horas.

Este lunes, arribó al Muelle Luis Piedra Buena de Puerto Madryn el crucero Amadea. Este buque, con bandera de las Bahamas, llegó con 500 pasajeros y 300 tripulantes a bordo. Proveniente desde el puerto de Ushuaia, permanecerá en la ciudad hasta las 22:00, cuando partirá rumbo al puerto de Buenos Aires.

El MS Amadea es un buque crucero operado por Phoenix Reisen, de Alemania. Entró en servicio en 1991, tiene una longitud de 192,82 metros de eslora, un ancho de 25 metros y una tripulación de 300 personas.

El buque cuenta con un total de 309 camarotes para albergar a los 600 pasajeros. Entre sus comodidades, dispone de dos restaurantes, salones, siete bares, ocho cubiertas para los pasajeros, sala de estar, biblioteca, sala de internet, cinco ascensores, lavandería y planchado, servicio de habitación, desayunos en el camarote, spa, zona de bienestar con vistas panorámicas, salón de belleza, gimnasio, sala de masajes, sauna, jacuzzi y baños de vapor.

 

El lujoso navío noruego llegó a las 7 de la mañana y permanecerá en el Luis Piedra Buena hasta las 16 horas. En esta oportunidad se trata de la cuarta recalada que el crucero hace en la ciudad y trae a bordo alrededor de 1.400 personas.

El Viking Jupiter cuenta con una eslora de 227 metros, una manga de 28 metros y bandera de Noruega, este buque botado en 2019 llegó a la costa madrynense con 907 pasajeros y 455 tripulantes.

Este crucero pertenece a la línea de navíos “Viking”, siendo el sexto de su tipo construido por la empresa italiana Fincantieri, dedicada a la construcción de estos colosales y lujosos navíos. El Júpiter cumple con las últimas normas de navegación y los más modernos sistemas de seguridad.

Los cruceristas que no se dirijan directamente a alguna excursión por la región estarán libres para recorrer la ciudad, como ya lo han hecho otros miles de turistas internacionales que recorren las aguas de Sudamérica a bordo de estos gigantes del mar.

El Gobierno del Chubut se prepara para recibir en Puerto Madryn al crucero científico Fridtjof Nansen que arribará al puerto el 1 de abril. Para ello, funcionarios provinciales mantuvieron una reunión de trabajo con responsables del buque noruego.

En este sentido, representantes del CCT CONICET-CENPAT, la Fundación Vida Silvestre, la Glogal Penguin Society, el Instituto de Conservación de Ballenas y la Administración Portuaria de Puerto Madryn mantuvieron un encuentro con la Dra. Verena Meraldi, responsable del programa de ciencia y educación de la compañía Hurtigruten, propietaria del buque Fridtjof Nansen.

El objetivo de esta reunión fue continuar avanzando en la diagramación de acciones conjuntas entre la compañía naviera y científicos locales. Al respecto el titular de la Administración Portuaria, Diego Pérez indicó que “en primer lugar estamos trabajando de cara a la recalada que tiene previsto el buque el próximo 1 de abril, pero con la intención de proyectar esta vinculación en el tiempo”.

El funcionario agregó que “el gobernador Torres nos brindó todo su acompañamiento para buscar nuevas alternativas que permitan potenciar este tipo de turismo científico, no sólo en Puerto Madryn y la comarca, sino también en toda la provincia” indicó Pérez.

Cumpliendo con el 25º arribo de la temporada, la embarcación arribo a la localidad con más de 3.600 personas que disfrutarán de los encantos de la comarca.

Tal como estaba anunciado, minutos después de las 8 de la mañana de este viernes, llegó a la ciudad de Puerto Madryn el buque de pasajeros, Sapphire Princess, tomando amarras sobre la margen norte del Muelle Comandante Luis Piedra Buena.

En esta recalada, que es la primera de la tres que tiene previstas para esta temporada, el Sapphire Princess llega a la ciudad del golfo, proveniente de Montevideo, Uruguay, con 2.565 pasajeros y 1,050 tripulantes.

Estima permanecer en el Muelle Piedra Buena hasta las 18:00 horas de este viernes, cuando partirá hacia el sur, con destino Puerto Argentino, Islas Malvinas.

Con una eslora de 290 metros por 37 metros de manga y 62 metros de altura, esta embarcación tiene la capacidad para alojar hasta 2.670 pasajeros y una tripulación compuesta por 1.100 personas, es el barco más grande de la flota de Princess Cruises.

El Norwegian Sun es un crucero de lujo que llegó a Puerto Madryn este viernes por la mañana, no así como su gemelo, el Norwegian Star, que tiene previstos varios arribos al Luis Piedra Buena antes de que finalice la temporada.  

Este crucero es de bandera de Bahamas, cuenta con 296 metros de eslora y trae a un total de  3.330 personas a bordo, entre ellas 2.300 son pasajeros y el resto corresponde a la tripulación. Partirá a las 16:00.

Durante el tiempo que permanezcan en la ciudad, los turistas podrán recorrer los atractivos turísticos que ofrece Puerto Madryn, así como disfrutar de la fauna marina existente.

A principios de 2023 se anunció un crucero que durante 1095 días recorrería los mares del mundo entero. Muchos pasajeros vendieron sus casas y dejaron sus trabajos. Pero nada salió cómo se esperaba. La sucesión de improvisaciones e irresponsabilidades de la empresa naviera. Las historias de los hombres y mujeres que quedaron varados, sin vivienda y sin ahorros.

En estas horas, el crucero más largo del mundo tendría que estar abandonando el puerto de Ushuaia para dirigirse por esas aguas inquietas hacia Punta Arenas. Eso hubiera sido factible, claro, si la empresa hubiera conseguido, al menos, un barco en condiciones de zarpar.

El crucero más largo del mundo. 135 países. 382 puertos. 1095 días. Tres años y medio de travesía. Los 7 continentes. De Nueva York a Japón, de Australia a Estambul, de India a Ushuaia. El Taj Mahal, la Gran Muralla China, los Moái de la Isla de Pascua, las Pirámides de Egipto y cualquier otra gran maravilla natural o cultural del planeta. La travesía que recorrería el mundo con más de mil pasajeros a bordo ni siquiera llegó a zarpar.

Lo que sería un viaje inolvidable e histórico se convirtió en una catedral de la improvisación, en una de las cimas universales de la mala praxis empresaria.

La vida en el mar. Ese fue el lema que pergeñó la empresa turca Miray Cruises, una naviera mediana que se especializaba en viajes breves, de tres o cuatro días, por las costas turcas y por las islas griegas. Esta aventura era de otra escala, de una ambición muy diferente.

Los valores de las cabinas no eran baratos. Las más económicas, las internas y ubicadas en cubiertas inferiores, costaban 95.000 dólares. Las más caras, las suites con mayores comodidades y gran vista, pero siempre estrechas, casi un millón de dólares.

Hubo quienes vendieron su casa para afrontar los pasajes, otros gastaron los ahorros de toda su vida, muchos renunciaron a sus trabajos. Tres años y medio parecía mucho tiempo como para pensar más allá. Era la oportunidad de vivir una experiencia única.

Varios pasajeros, más allá de darse el gusto, más allá de vivir una aventura lujosa, de conocer el mundo, hicieron cálculos y sostenían que la tarifa que ellos pagaron resultaba más barata que mantenerse en una gran ciudad durante tres años y medio. La otra gran ventaja: no tener que preocuparse, por más de mil días, por lo que se va a cocinar cada noche.

El lanzamiento provocó una gran conmoción. Notas periodísticas y posteos en las redes sociales provocaron una avalancha de visitas y consultas en la página web. Millones de clicks. Las ventas también fueron un gran éxito. En poco más de tres semanas ya se habían reservado la mitad de los camarotes. Pero cuatro semanas después, las ventas se frenaron de manera abrupta. La publicidad, alrededor del mundo, se incrementó pero la ocupación no aumentaba.

Un nuevo concepto: los cruceros residenciales. En estos momentos hay uno de nueve meses de duración que pocos días atrás pasó por el puerto de Buenos Aires y que ahora atraviesa el hostil pasaje de Drake: el Ultimate World Cruise. Se convirtió en una sensación en redes sociales. Una especie de reality show que a través de Tik Tok, Instagram y Twitter van construyendo los pasajeros que comentan las distintas comidas, muestran los camarotes inundados, la escasez de algunos productos o lanzan el rumor de que determinada pareja es swinger, lo que provocó un gran revuelo y una desmentida posterior que sirvió más que nada para que otras parejas liberales dentro del barco se dieran a conocer.

La promoción evitaba la palabra crucero. Esto era otra cosa, otro concepto. Mucho más que una forma de viajar: una manera de vivir.

Por si alguien imaginaba que el crucero sólo estaba pensado para jubilados que podían contar con tanto tiempo por delante libre, las publicidades hacían hincapié en la extraordinaria capacidad de conectividad que tendría el barco y en sus múltiples espacios que permitirían trabajar con comodidad. El casino era reemplazado por un gran salón para trabajar, con enchufes, puertos USB, hermosos escritorios y cómodos sillones. El Kid’s Club se convertiría en un amplio mirador.

La mayoría de los pasajeros eran norteamericanos que habían visto promociones y notas en CNN y en el programa de TV matutino de mayor rating. Los clientes no eran sólo jubilados. El 30% tenía menos de 50 años. El promedio de edad era de 56.

El concepto era atractivo pero es como si a los dueños de la compañía naviera el ingenio se les terminó con el tagline, el concepto de la travesía: el viaje más largo del mundo. La vida en el mar. Más que un gran negocio, fue una idea difusa, una ilusión simpática, una irresponsable utopía sobre el agua. Se les olvidaron algunos pequeños detalles: la financiación, los derechos para amarrar en cada puerto, los seguros, la logística para proveerse de comida alrededor del mundo, entre otras (muchísimas) cosas.

El impulsor del proyecto fue Mikael Peterson, un empresario (casi un eufemismo) de Miami, que imaginó la travesía de largo alcance. Le faltaba un pequeño detalle para ponerlo en marcha: el barco. Peterson no tenía ninguna nave en la que llevar adelante su idea. Eso fue lo que provocó que entrara en escena Miray Cruises, la empresa turca. Parecía el socio ideal; unos meses antes, había adquirido el MV Gemini, un crucero con capacidad para 1074 pasajeros.

A medida que el proyecto avanzaba, se fueron contratando técnicos y especialistas. Uno de ellos puso en duda que la capacidad de combustible del buque alcanzara para cruzar el Atlántico o para atravesar las aguas del Pacífico Sur. Y cuando fue consultado por la manera en que ese inconveniente pudiera ser subsanado, respondió que no creía que fuera posible ni siquiera con una inversión de 10 millones de dólares.

Otro se percató de que si la ocupación era total, si se vendían los 1074 pasajes, era más que probable que no hubiera sitio adecuado para que todos comieran con comodidad o que ese ámbito descontracturado y cómodo de trabajo que habían prometido fuera imposible de generar: alguien llegó a decir que muchos iban a tener que poner las laptops en sus faldas. En poco tiempo se volvió evidente que el MV Gemini no servía y que debían buscar uno nuevo. Miray Cruises, una vez más, aportó la solución. Comprarían el Lara. Tenía más capacidad, autonomía suficiente para atravesar los océanos más vastos y las comodidades que al otro le faltaban.

A muchos les pareció muy atractivo el programa. Una vida de ensueño, comodidad, conociendo los siete continentes. Para eso decidieron vender sus casas. Así no sólo conseguían el efectivo, sino que se despreocuparían de los gastos y el cuidado de sus viviendas por todo el lapso del crucero.

El depósito inicial oscilaba entre los 5.000 y los 10.000 dólares. Unas semanas más adelante debían cancelar la totalidad. Los que abonaban todo el valor de entrada recibían un descuento tentador.

Si a esta altura, usted cree que los organizadores habían colmado la capacidad de improvisación, tuvieron otro olvido no menor. No habían pensado en cómo cobrarle el dinero a los clientes. Había pasajeros que querían pagar pero la empresa no había previsto mecanismos para facilitárselos. No habían pensado un plan de cuotas y a muchos se les hacía difícil desembolsar cientos de miles de dólares en un solo pago. Alguien les habló de la banca escrow, un sistema por el que una parte deposita el total de la cuenta pero siempre tiene a la vista el dinero; así cuando se cumplen los plazos o las condiciones pactadas la otra parte puede acceder a la porción prevista pero si ésta incumple, el que depositó puede recuperar su plata.

Eso no fue el único problema. A pesar de que la mayoría de los futuros pasajeros provenían de Estados Unidos, la empresa no tenía cuenta bancaria en ese país. El dueño de la empresa turca tenía, también, una pizzería en Estados Unidos. Así las transferencias de los que sacaban pasajes en el crucero más largo del mundo se mezclaban con los que pedían una grande de pepperoni.

Estas idas y venidas, las dificultades ostensibles, las respuestas dubitativas y hasta contradictorias de los empleados de la empresa ante las consultas urgidas de los pasajeros, hicieron que varios empezaran a sospechar de la solidez del proyecto. En pocas semanas cancelaron la reserva de 25 cabinas. La empresa comunicó que la compra de la nueva nave casi estaba finalizada, que sólo restaban unos pequeños detalles formales. La caída de las reservas provocó un efecto dominó. La inquietud y los rumores corrían y cada vez eran más los que intentaban bajarse del viaje más largo del mundo. La empresa sacó un nuevo comunicado informando que a los que cancelaran a partir de ese momento sólo se les devolvería el 10% de lo pagado.

Lo hará por segunda vez en esta temporada, en la cual tiene programados un total de 9 recaladas en la ciudad. 

Desde la primera hora de la mañana de este miércoles, se puede observar desde la costa al Celebrity Eclipse, el crucero más grandes que amarrará en el Muelle Luis Piedra Buena durante la temporada. Se trata de una embarcación proveniente de Malva que trae a la ciudad portuaria un total de 2.800 pasajeros y cuenta con 1.200 tripulantes.

Este crucero cuenta con 317 metros de eslora, pesa unas 122.000 toneladas y su velocidad de navegación es de 24 nudos. Está previsto que permanezca unas horas amarrado al Muelle Luis Piedra Buena y continúe su recorrido a las 16 horas, con destino a Cabo de Hornos, Chile.

El Celebrity Eclipse ya visitó Madryn el pasado 2 de enero, y volverá visitará la ciudad en varias oportunidades durante esta temporada de verano. En total pasará por la ciudad portuaria unas nueve veces si es que no hay inconvenientes con su itinerario.

Las próximas fechas de llegada de esta reconocida embarcación son el 31 de enero, el 14 y 28 de febrero, el 6 y 23 de marzo, y finalmente el 16 de abril. Si todo sale como está previsto, será la embarcación que dará cierre a la temporada de cruceros.

Proveniente de las Islas Malvinas, es la primera vez que este buque, de 223 metros de eslora, visita la provincia.

Este domingo arribo a Puerto Madryn por primera vez el «Seven Seas Splendor», un crucero de 223 metros de eslora y solo 3 años de antigüedad.

El navío amarró cerca de las 6.30 en el lado sur del Muelle Piedra Buena, transportando 686 pasajeros y 542 tripulantes.

Proveniente desde las Islas Malvinas, permanecerá en la Ciudad del Golfo hasta las 16 horas, momento en el que partirá con destino a Punta del Este, Uruguay.

El próximo arribo de este buque está programado recién para el 31 de diciembre.

Este crucero de bandera holandesa trajo consigo a 1.800 pasajeros y 800 tripulantes. El navío, construido en 2003, cuenta con 288 metros de eslora y pertenece a la compañía Holland America Line.

Dispone de 982 camarotes, 11 cubiertas, cuatro restaurantes, nueve bares-cafeterías, salón de belleza, spa, casino, biblioteca, diferentes comercios de indumentaria, gimnasio, piletas y todo tipo de comodidades para los cruceristas.