Tag

Dinosaurios

Browsing

Investigadores del CONICET hallaron el cráneo de un abelisáurido al norte de la provincia de Neuquén. Este animal habitó el lugar hace aproximadamente unos 85 millones de años, y se trata de un carnívoro. «Llukalkan aliocranianus» es el nombre otorgado al animal proviene del término mapuche Llukalkan, que significa ‘el que causa miedo’, y del latino aliocraniaus, que es ‘cráneo diferente’.

Descubrieron una nueva especie de d un «temible» dinosaurio en la Patagonia. Se trata de fósiles de una nueva especie de dinosaurio en la Patagonia argentina, que corresponden probablemente a uno de los principales depredadores de la región durante el Cretácico Superior

Vivió hace unos 85 millones de años, y sus restos denotan un formidable tamaño (hasta cinco metros de largo), mordida extremadamente poderosa, dientes muy afilados, enormes garras en sus patas, y agudo sentido del olfato.

“Lo nombramos Llukalkan aliocranianus. La primera palabra es un vocablo mapuche que significa el que asusta o causa temor y la segunda, en latín, hace referencia a un cráneo distinto. Las diferencias que presentaba en el cráneo, en comparación con el de otras especies de abelisáuridos, permitieron en definitiva darnos cuenta que estábamos ante una especie nueva”, comenta Federico Gianechini, investigador del Instituto Multidisciplinario de Investigaciones Biológicas de San Luis (IMIBIO-SL, CONICET-UNSL) y primer autor del trabajo.

Tenía un extraño cráneo corto con huesos ásperos, por lo que en vida su cabeza presentaba protuberancias y prominencias como algunos reptiles actuales como el monstruo de Gila o algunas iguanas. Su audición también era diferente a la de otros abelisáuridos. La composición de su cráneo sugiere que esto era mejor que la mayoría de los otros abelisáuridos y similar al de los cocodrilos de hoy en día.

Los restos fósiles de Llukalkan y Viavenator se encontraron a solo 700 metros de distancia en la Formación Bajo de la Carpa, cerca del mismo sitio famoso de fósiles en La Invernada, en Argentina.

«Este es un descubrimiento particularmente importante porque sugiere que la diversidad y abundancia de abelisáuridos fueron notables, no solo en la Patagonia, sino también en áreas más locales durante el período crepuscular de los dinosaurios», dice el autor principal, el doctor Federico Gianechini, paleontólogo.

Los abelisáuridos eran una llamativa familia de dinosaurios terópodos con un promedio de cinco a nueve metros de largo que merodeaban principalmente en la Patagonia y otras áreas del antiguo subcontinente sur de Gondwana, reconocido hoy como África, India, Antártida, Australia y América del Sur. Hasta la fecha, se han desenterrado casi 10 especies de este temible depredador en la Patagonia. Si bien los abelisáuridos se parecían a T-Rex en apariencia general con pequeños brazos rechonchos, tenían cráneos inusualmente cortos y profundos que a menudo tenían crestas, protuberancias y cuernos, y eran únicos.

Moviéndose erguido sobre sus extremidades traseras con enormes garras que pueden haber usado para apuñalar a su presa, Llukalkan tenía mordidas extremadamente poderosas y dientes muy afilados con los que derribar a su presa mientras se movía rápido gracias a sus poderosas patas traseras.

Los restos fosilizados de Llukalkan incluyen un cráneo magníficamente conservado y sin triturar. Teniendo en cuenta que el endocráneo estaba muy bien preservado, se convocó a la especialista en paleo-neurología e investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, CONICET-UNCOMA), Ariana Paulina-Carabajal, quién pudo reconstruir el encéfalo y el oído interno en forma digital en 3D, utilizando tomografías computadas, y reflejar en forma relativa la forma y tamaño del encéfalo y órganos de los sentidos.

EL HALLAZGO

Los restos del dinosaurio fueron encontrados en el noroeste de la Patagonia (Provincia de Neuquén) a unos 50 kilómetros al sur de la localidad de Rincón de los Sauces, se localiza el área conocida como La invernada. Allí es donde se encontraron los restos de LLukalkan aliocranianus y uno de los lugares con mayor abundancia de abelisáuridos en el mundo. Hasta el momento se han encontrado cinco especímenes diferentes en un radio menor a un kilómetro cuadrado.

El paleontólogo, Leonardo Filippi, del Museo Municipal “Argentino Urquiza” contó que “fuimos por primera vez al sitio en el año 2012 para realizar un relevamiento de impacto paleontológico para una empresa petrolera, y debido a la importancia paleontológica registrada por la abundancia de fósiles, iniciamos proyectos de investigación con campañas que se continúan hasta el presente, a las cuales se sumaron varios colegas, algunos de los cuales forman parte de este trabajo”.

El impacto del meteorito de Chicxulub provocó hace 66 millones de años la extinción del 75% de las especies, incluidos los dinosaurios, y cambió para siempre la historia de la Tierra.

¿De dónde vino y cómo llegó a nuestro planeta? En busca de esa respuesta expertos de la Universidad de Harvard desarrollaron una nueva teoría que podría arrojar luz sobre un evento catastrófico que aún plantea muchas dudas.

La investigación fue realizada por Avi Loeb y Amir Siraj. Su trabajo aparece publicado este lunes en Scientific Reports.

Los investigadores de la prestigiosa universidad de Estados Unidos explican que el impacto de aquel «asteroide o cometa» dejó un cráter en el Golfo de México de más de 180 kilómetros de diámetro y casi 20 de profundidad. Sobre el modo en que llegó a la Tierra sostienen, a través de análisis estadístico y simulaciones gravitacionales, que una fracción significativa de un tipo de cometa originado en la nube de Oort -una esfera de deshecho espacial situada en los márgenes del Sistema Solar- se desvió de su ruta orbitacional debido al campo gravitacional de Júpiter.

Según su teoría, esa fuerza desplazó el cometa hacia el Sol, que a su vez lo rompió en más fragmentos, un fenómeno que aumenta el número de cuerpos que, como Chicxulub, pueden entrar en la órbita terrestre y caer en la Tierra una vez entre 250 y 750 millones de años, aproximadamente.

El papel de Júpiter
«Básicamente, Júpiter actúa como una máquina de ‘pinball’. Júpiter impulsa estos cometas entrantes (llamados de periodo prolongado) hacia órbitas que les acercan mucho al sol», explica Siraj en el comunicado que da cuenta del estudio.

Dado que estos cometas de periodo prolongado pueden tardar hasta 200 años en orbitar alrededor del sol, los expertos los han denominado como «rumiantes solares».

«Cuando hablamos de estos rumiantes solares -prosigue Siraj-, lo importante no es tanto que se derritan, que afecta relativamente poco a la masa total, sino el hecho de que, al estar tan cerca del sol, la parte más próxima del cometa es sometida a una mayor fuerza de atracción gravitacional que la que está más alejada, lo que genera una fuerza de marea».

El investigador destaca que eso provoca que el gran cometa se rompa en fragmentos más pequeños y, al salir de la órbita, «existe una probabilidad estadística de que éstos impacten con la Tierra».

Los cálculos de Loeb y Siraj sugieren que la probabilidad de que cometas de periodo prolongado impacten en nuestro planeta es de «un factor de en torno a 10». En línea con los estudios de otros astrónomos, indican que hasta el 20% de éstos se convierten en «rumiantes solares,

Asimismo, afirman que el «nuevo ratio de impacto» es consistente con la edad del cráter de Chicxulub, lo que ofrece una explicación satisfactoria sobre su origen y la de otros «cometas de impacto» similares.

«Lo que exponemos es que, si rompes un objeto cuando está cerca del sol, esto puede dar lugar a una serie de eventos apropiados y también el tipo de impacto que acabó con los dinosaurios», subraya Loeb.

Fuente: Página 12.

Una nueva especie de dinosaurio herbívoro de cuello largo del período Jurásico encontrado en la meseta central de Chubut permite «brindar respuestas sobre el período de calentamiento global volcánico», explicó el paleontólogo Diego Pol, quien lideró el equipo multidisciplinario que trabajó en el hallazgo.

El especialista del Conicet que ejerce en el Museo Egidio Feruglio de Trelew donde se analizó el cráneo encontrado junto con otras piezas en medio de un lecho volcánico, aseguró en diálogo con Télam que «hace unos 180 millones de años hubo una serie de eventos volcánicos de enorme magnitud que afectaron a gran parte del hemisferio sur y al dinosaurio».

«Ocurre que hasta ahora había sobre ese espacio de tiempo un gran vacío de conocimiento que comenzamos a llenar con este ejemplar de dinosaurio encontrado», señaló el científico.

El trabajo fue publicado en la revista científica «Proceedings of Royal Society B» que adoptó la denominación de «Bagualia alba» con la que los investigadores locales habían bautizado a la nueva especie de dinosaurio saurópodo.

«Lo de Bagualia es porque fue encontrado en Cañadón Bagual y alba por amanecer, en referencia a la edad temprana de los yacimientos», explicó Pol.

El especialista detalló que «el cráneo del dinosaurio estaba en muy buen estado de conservación y eso nos ayudó mucho para la investigación que es muy importante porque arroja luz sobre un período del que se tenía escaso conocimiento y que creemos crucial para la evolución de los dinosaurios».

Según los investigadores, hace 180 millones de años ocurrieron una serie de eventos volcánicos de enorme magnitud que afectaron a gran parte del hemisferio sur, en el que desaparecieron muchos hervíboros, de distinto tamaño y aptitud, pero no los saurópodos que sobrevivieron con la misma morfología del cuello largo aunque de distinto tamaño.

Para explicarlo, el propio Pol lo comparó con el «Titanosaurus» encontrado también en Chubut que «tenía un porte equivalente a 12 elefantes juntos, en tanto este sería como de 2. El primero con 40 metros de largo y 6 de altura y el Bagualia con 12 metros de largo y 3 y medio de altura».

«Aunque los dos tienen esa misma estructura de cuatro patas bien afirmadas en el suelo y el cuello largo que les permitió alimentarse de coníferas, algo que no pudieron hacer otras especies, y por eso sobrevivieron», reveló.

Por los depósitos de material volcánico en el que fue encontrado el último cráneo y esqueleto, se estima que Bagualia vivió hace 179 millones de años, justo después de estas grandes erupciones volcánicas y son el registro más antiguo de una fauna de herbívoros dominada por saurópodos.

Cañadón «Bagual» es una formación ubicada en proximidades del actual curso del río Chubut, entre Cerro Condor y Paso del Sapo, en plena meseta chubutense, 400 kilómetros al noroeste de Rawson, la capital provincial.

«Los saurópodos no solo eran herbívoros gigantes, de más de 10 toneladas que excedieron en tamaño a cualquier otro animal terrestre, sino que fueron los herbívoros más exitosos durante más de 100 millones de años, es decir durante los períodos Jurásico y Cretácico», de acuerdo al trabajo publicado.

Lo más sorprendente de su éxito es que durante todo este tiempo cambiaron muy poco su aspecto corporal lo cual es bastante atípico en el proceso evolutivo en el cual es complejo ser exitoso, durante tanto tiempo, y sin cambiar demasiado.

«Los saurópodos, cuando aparecieron, no fueron automáticamente los herbívoros dominantes de nuestro planeta, sino que fueron poco comunes y coexistieron por más de 30 millones de años con muchas otras especies de herbívoros de tamaño menor, algunas eran bípedas y tenían dientes mucho más delicados que los de los saurópodos», describió Pol.

En tanto, en algún momento del período Jurásico la situación cambió completamente «porque algo se modifica en los ecosistemas y los saurópodos pasan a ser los herbívoros más numerosos, diversos y exitosos en todos los continentes, a diferencia de otras especies de herbívoros menores que desaparecen», enumeró Pol.

Uno de los mayores problemas para responder esta incógnita era la falta de fósiles del momento en que ocurrió ese cambio, circunstancia que le da valor a «Bagualia alba».

El descubrimiento fue en 2008, pero los trabajos de campo comenzaron a realizarse en 2010 con excursiones al yacimiento, casi 3 años en el rescate del cráneo y cientos de huesos, al menos 5 años de laboratorio y luego la presentación ante el mundo científico que se coronó con la reciente publicación.

Durante las tareas, se recuperaron vértebras, costillas y parte de lo que sería el pecho y la cintura escapular, informó la agencia CTyS-UNLaM.

El paleontólogo Mauro Aranciaga Rolando, becario del Conicet en el Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN), indicó que encontraron “un ejemplar muy grande de un nuevo megaraptórido” que “eran dinosaurios carnívoros formidables”.

“A diferencia del Tyrannosaurus rex, los megaraptores eran animales más esbeltos, más preparados para la carrera, con colas largas que les permitían mantener el equilibrio, a la vez que tenían patas musculosas, pero alargadas para poder dar pasos largos”, contó Aranciaga Rolando.

Según el becario del Conicet, “las armas principales de los megaraptores estaban en sus brazos, porque eran extremadamente alargados y musculosos, al tiempo que tenían garras a modo de guadaña en sus dedos pulgares, las cuales tenían un borde afilado y alcanzaban los 40 centímetros de largo, por lo que es probable que este animal haya conferido profundos zarpazos contra sus presas”.

El jefe del Laboratorio de Anatomía Comparada del MACN e investigador del Conicet, Fernando Novas, comentó que este nuevo hallazgo permitirá “conocer cómo fueron estos dinosaurios en este rincón de la Patagonia y conocer sus relaciones de parentesco con los megaraptores encontrados en otras partes del mundo”.

Novas fue quien descubrió el primer ejemplar de este grupo de dinosaurios en el año 1996, en la provincia de Neuquén, y fue quien acuño el nombre Megaraptor (“gran rapaz”) para esta criatura.

Los megaraptores fueron grandes dinosaurios depredadores que prosperaron durante el periodo Cretácico, fundamentalmente en el hemisferio sur, hasta la extinción masiva que se produjo hace unos 65 millones de años.

También, se encontraron megaraptores en Australia y en Asia.

El paleontólogo Sebastián Rozadilla del MACN y Conicet señaló que estos dinosaurios carnívoros se habrían alimentado de “dinosaurios herbívoros de los cuales también se ha encontrado una manada en esta formación Chorrillo, al oeste de Santa Cruz”.

“Estos dinosaurios herbívoros podían alcanzar entre cinco y seis metros de longitud y pertenecían a la especie Isasicursor, los cuales eran animales bípedos y grandes corredores”, aseveró Rozadilla.

El depredador se encuentra cumpliendo debidamente con su cuarentena en el Laboratorio de Anatomía Comparada del MACN, a la espera de que los investigadores puedan continuar con su preparación y estudio.

De ser cierto, este animal, de casi 12 metros de largo y que no había alcanzado la madurez cuando murió, fue una rareza: un dinosaurio que nadaba. “Lo que tenemos aquí es un dinosaurio que no solo vadeaba, sino que era un animal que perseguía a sus presas activamente en la columna de agua”, afirmó Nizar Ibrahim, profesor de Biología de la Universidad de Detroit Misericordia en Míchigan.

En un artículo publicado en la revista Nature, Ibrahim y sus colegas describieron el esqueleto del Spinosaurus aegyptiacus, cuyo nombre significa “reptil espinoso de Egipto”. De los huesos de su cola de 4,5 metros. surgían largas espinas en forma vertical, que formaban una estructura parecida a una aleta que, de acuerdo con las teorías de los científicos, podía moverse de un lado a otro. Pensemos en él como una cruza entre un lagarto y una anguila, con el tamaño del Tyrannosaurus rex.

“Se trata de un animal que en realidad no tiene un equivalente moderno”, dijo Ibrahim. “Estamos trabajando con un extraterrestre del espacio exterior en muchos sentidos”.

En un depósito de agua, los científicos demostraron que un plástico cortado con la forma de la cola generaba una propulsión mayor que las colas de otros dinosaurios.

Dijeron que su empuje y eficiencia se comparaban con las de criaturas acuáticas contemporáneas como los cocodrilos. “Además de que la apariencia de la cola era extraña, también era perfectamente lógica”, comentó Matthew C. Lamanna, paleontólogo del Museo Carnegie de Historia Natural en Pittsburgh, quien fue uno de los revisores del artículo publicado en Nature.

Los restos de un titanosaurio de más de 20 metros de largo fueron encontrados cerca de El Calafate, en la provincia de Santa Cruz, mientras que los fósiles de un tatanauro que vivió hace más de 170 millones de años fueron descubiertos en el valle medio del río Chubut, informaron hoy investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

El Museo Paleontológico Egifio Feruglio (MEF) informó que se hallaron los «restos completos de un tatanauro, con una antigüedad de entre 170 y 180 millones de años, en la zona conocida como Cerro Cóndor, en el valle medio del río Chubut».

El ejemplar de tatanauro fue bautizado como «Asfaltovenator vialidadi«, y su existencia se ubicó en la etapa del jurásico medio.

Este hallazgo «puede ser clave para entender mejor a los tatanuros» explicó el investigador del Conicet Diego Pol, quien trabaja en el MEF.

Se halló una nueva especie de titanosaurio de más de 20 metros de longitud junto a fósiles de mamíferos, serpientes, caracoles, peces, ranas, tortugas y aves. Este sorprendente yacimiento se encuentra unos 30 kilómetros al sur de El Calafate y corresponde a la época previa a la extinción masiva de los dinosaurios.

Al sudoeste de la provincia de Santa Cruz, más precisamente en una montaña desde la que se puede observar el glaciar Perito Moreno, no sólo se encontraron fósiles de animales sino que también se descubrieron hojas, madera petrificada y abundante polen de plantas prehistóricas durante las campañas realizadas en enero y marzo de 2019.

Los fósiles ayudarán a describir el ecosistema que precedió a la extinción masiva de los dinosaurios. Un equipo de especialistas volverá en marzo al lugar del hallazgo.

El doctor Fernando Novas, investigador del Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN) y del CONICET, destacó a la Agencia CTyS-UNLaM que «pocas veces un yacimiento ofrece tanta información como éste; tenemos una gran cantidad de información de naturaleza ecológica”. Y agregó que «debido a que el yacimiento queda en lo alto de una montaña de muy difícil acceso, representó un desafío enorme para nosotros, los paleontólogos, realizar dichas campañas”.

«Es poco lo que se sabe en América del Sur y en todo el hemisferio sur acerca de cómo se extinguieron los dinosaurios; la mayor cantidad de información proviene de Norteamérica y de Europa, en tanto que las rocas de este yacimiento van desde los 75 a los 65 millones de años de antigüedad aproximadamente, por lo que nos permitirán ver la secuencia de cómo fueron cambiando las faunas hasta la extinción final de ese grupo”, agregó.

“Seguramente, en los próximos años, podremos comprender cómo fue esa secuencia y, quizás, las causas que aquí, en el extremo sur de Sudamérica, provocaron la extinción de los dinosaurios y otros reptiles que convivían con ellos”, añadió.

Un nuevo yacimiento con mucha historia

El doctor Federico Agnolin, también investigador del MACN y del CONICET, indicó que el geólogo Francisco Nullo, en 1980, fue el primero en divisar fósiles de un dinosaurio cuando recorría estos estratos de rocas. “En aquel entonces, hace ya casi 40 años, Nullo dio aviso a José Bonaparte, un gran paleontólogo argentino, pero como ese lugar es inaccesible con vehículos, encontraron fósiles pero no pudieron extraerlos”, contó.

Según publicó la Agencia CTyS, durante el verano pasado, un equipo liderado por Fernando Novas organizó una campaña a este sitio para ver si lograba redescubrir los restos, pero lo que encontraron fue aun mayor a lo esperado.

Agnolin destacó que “encontramos una infinidad de fósiles de dinosaurios, pero también tuvimos la suerte de hallar granos de polen y animales pequeños, lo cuales vienen a ser figuritas difíciles en cualquier descubrimiento, entre los que hay mamíferos, aves, lagartijas, reptiles e incluso caracoles terrestres, que son hallazgos rarísimos”.

Para estudiar todos estos hallazgos, se reunió un equipo numeroso de paleontólogos especializados en plantas, en invertebrados, en caracoles, como así también de geólogos. “Armamos un trabajo extensísimo en el que le pusimos nombre a varias especies de dinosaurios argentinos: uno de ellos es un animal herbívoro enorme que superaba los 20 metros de longitud, Nullotitan glacialis, en alusión al geólogo Francisco Nullo y a que desde el yacimiento se puede observar el glaciar Perito Moreno”, precisó Agnolín.

El grupo liderado por Novas presentó otra nueva especie de dinosaurio herbívoro, llamado Isasicursor santacrucensis, en referencia a Marcelo Isasi, un explorador y preparador de fósiles del MACN.

En marzo del año de próximo, el equipo liderado por Novas regresará a este yacimiento extraordinario que permitirá, acaso, describir con claridad lo que sucedió en los últimos millones de años de la edad de oro de los dinosaurios en el hemisferio sur.

Los fósiles hallados en la Provincia del Chubut constituyen los restos más antiguos y completos de uno de los grupos de dinosaurios carnívoros más diversos.

Los tetanuros representan el grupo de dinosaurios terópodos más diversos, dentro del cual se encuentran no solo los dinosaurios más populares, como Allosaurus o Tyrannosaurus, sino también las aves modernas. La historia evolutiva de este grupo comienza hace unos 185 millones de años atrás durante el Jurásico Medio temprano, sin embargo, los primeros registros son extremadamente escasos y fragmentarios.

Este trabajo, realizado por los Dres. Oliver Rauhut (LMU München, Alemania) y Diego Pol (CONICET-MEF), fue publicado hoy en la prestigiosa revista científica Scientific Reports De Nature.

Por otro lado, las relaciones de parentesco entre los principales linajes hasta el momento no han sido del todo comprendidas. Este nuevo dinosaurio, bautizado como Asfaltovenator Vialidadi y descubierto en yacimientos de entre 170 y 180 millones de años (Jurásico Medio), ha brindado claves para entender mejor a este grupo de dinosaurios.

“Uno de los puntos más importantes de este hallazgo es lo completo que está el cráneo, algo sumamente raro de encontrar en un terópodo, sumado a que encontramos el 50% del esqueleto, toda la mitad delantera. Otro aspecto importante es que documenta un momento de gran diversificación evolutiva en la historia de los dinosaurios terópodos, algo que observamos precisamente durante el Jurásico Medio. En este fenómeno no se entienden claramente cómo son las relaciones entre uno y otro grupo porque todo se acelera. Es como ver un árbol con muchas ramas que aparecen de golpe” explicó Diego Pol, investigador del CONICET e integrante del equipo del MEF.

El científico agregó que “encontrar un animal tan completo, justamente durante el momento de esta explosión evolutiva, es realmente importante porque nos permite empezar a entender cómo son las relaciones entre los principales grupos de dinosaurios carnívoros. Y Asfaltovenator posee una combinación de características únicas que reúne a linajes que estaban separados: los alosaurios, los megalosaurios y los espinosaurios”. Para entender las relaciones de parentesco entre los linajes conocidos de dinosaurios carnívoros, los investigadores incluyeron a esta nueva especie en un análisis filogenético. “El resultado de incluir a Asfaltovenator es que los grupos que pensábamos que estaban separados, ahora conforman un único grupo que reconocemos como carnosaurios, una propuesta hecha hace muchos años, pero que últimamente nadie la tomaba en serio”, detalla.

La Provincia del Chubut posee yacimientos paleontológicos sumamente ricos del Periodo Jurásico, constituyendo una verdadera ventana al pasado. “El nuevo dinosaurio completa el panorama de los ecosistemas de los lagos del centro de la Patagonia hace unos 170 o 180 millones de años, que se suma a herbívoros como Patagosaurus, Volkheimeria, o a carnívoros como Eoabelisaurus o Condorraptor», comenta.

Los primeros restos que comenzaron a aparecer en el año 2002, a unos pocos kilómetros de la aldea escolar de Cerro Cóndor, se convertirían en un hallazgo no sólo importante desde el punto de vista científico, sino también en uno de los rescates más importantes que se harían en la historia del Museo.

“Habíamos viajado un grupo de técnicos, paleontólogos y estudiantes a una región en el centro de la Provincia del Chubut donde previamente se habían descubierto otros dinosaurios. Recuerdo que nos habíamos separado en grupos para prospectar la zona, y caminando, encontré unas vértebras sueltas en el fondo de un cañadón. Las junté, empecé a ver de dónde venían y logré encontrar de dónde estaban saliendo: era un nivel donde había más vértebras metiéndose en la roca”, comenta Leandro Canessa (técnico del MEF).

“Cuando encontramos los restos, parecía un dinosaurio más. Empezamos a destaparlo y para ese momento, cuando ya teníamos el trabajo bastante avanzado, nos dimos cuenta que los huesos estaban articulados ¡Era el primer dinosaurio carnívoro del Jurásico Medio de todo Gondwana que estaba articulado! Entonces era importantísimo tratar de sacarlo en un solo bochón [estructura de tela y yeso para protección de los huesos]”, detalla Pablo Puerta (técnico del MEF).

Luego de marcar el lugar del hallazgo, vendrían años de trabajo de campo para extraer al dinosaurio. “Fueron cuatro años de campañas donde tuvimos que levantar muchísimo material en una excavación que se hacía cada vez más grande. Tanto fue así que tuvimos que llamar a Vialidad Provincial, para hacer un camino y poder llevar una retroexcavadora y una topadora para hacer una plataforma y así emplazar una grúa de 40 t como la que usan para ensamblar los puentes sobre los ríos. Porque para ese momento ya era el bochón más grande que habíamos hecho jamás en el MEF. Pesaba unas 5 t y no podíamos usar el trípode con el cual normalmente subimos los bochones a los camiones para traerlos hasta el museo. En esta oportunidad también tuvimos que recurrir a Gendarmería Nacional, que nos facilitó un camión para el traslado de los fósiles. Así que para el Mef no sólo es un dinosaurio carnívoro muy importante sino que fue uno de los dinosaurios que nos hizo desarrollar la mayor capacidad logística con la que cuenta el MEF», explica Pablo.

“Asfaltovenator tendría en vida una longitudde 6 m y dada la forma [los huesos en posición articulada] y lo completo del registro fósil es que las tareas de extracción resultaron sumamente complejas”, agrega Diego.

Los paleontólogos bautizaron a este dinosaurio con el nombre de Asfaltovenator Vialidadi. El nombre Asfaltovenator tiene dos raíces, la Formación geológica Cañadón Asfalto, donde se encontraron los fósiles y Venator, del griego, que significa cazador. El nombre de la especie, Vialidadi, es en honor a Vialidad Provincial que colaboró en el rescate del dinosaurio.

Con información del Diario Jornada.

Un grupo de investigadores de diversos países, liderados por la Universidad Nacional de Cuyo, reconoció «un nuevo linaje» de dinosaurios gigantes en la Argentina, al que denominaron Colossosaurios, que incluyen a los titanosaurios más grandes del mundo con la masa corporal más pesadas que se haya conocido, entre 50 y 70 toneladas, informó esa casa de estudios.

«La relevancia de este reconocimiento no solo se halla en el tamaño corporal extremo de estos titanosaurios gigantes, sino por las adaptaciones biológicas que involucran, las cuales son complejas», agregó la universidad.

Los colossosaurios incluyen a los animales terrestres más pesados que se hayan conocido, con masas corporales máximas que alcanzaron de 50 a 70 toneladas. Como las formas argentinas Patagotitan, Argentinosaurus, Puertasaurus, y Notocolossus, esta última con un húmero de 1,76 metros de longitud, el mayor que se conoce para este grupo, destacó la Universidad.

Bernardo González Riga, investigador del CONICET y director del Laboratorio y Museo de Dinosaurios de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN), dijo a Télam que «el aporte radica en sintetizar el conocimiento anatómico que se tiene de los saurópodos titanosaurios, haciendo especial énfasis en su estudio filogenético, es decir en los parentescos».

«De este grupo nos llama la atención la gran diversidad. Un grupo de ellos fueron realmente gigantes y eso son los que constituyen un desafío para los modelos paliobiológicos referidos a la fisiología, a la locomoción, a los ritmos de crecimiento, alimentación y reproducción», agregó el investigador, así lo reseña Télam.

Un aumento de los niveles de oxígeno en la Tierra hace 215 millones de años propició un aumento de los dinosaurios y que estos se hicieran más grandes, según un estudio del profesor del Instituto Politécnico Rensselaer de Nueva York (EE.UU.) Morgan Schaller.

El científico dio a conocer su trabajo en el Goldschmidt 2019, el principal congreso de geoquímica del mundo, que se celebra en Barcelona con la participación de más de 3.500 científicos, investigadores, docentes y estudiantes de todo el mundo.

El estudio ha detectado que los niveles de oxígeno en las rocas en América del Norte aumentaron casi un tercio en solo tres millones de años, posiblemente, según los investigadores, preparando el escenario para una expansión de dinosaurios en los trópicos de América del Norte y otros lugares.

Los científicos han desarrollado una nueva técnica para liberar pequeñas cantidades de gas atrapado dentro de antiguos minerales de carbonato, de forma que los gases se canalizan directamente a un espectrómetro de masas, que mide su composición, así lo reseña la agencia de noticias EFE.

«Probamos rocas de la meseta de Colorado y la cuenca de Newark que se formaron al mismo tiempo a unos 1.000 kilómetros de distancia en el supercontinente de Pangea», especificó Schaller.

«Nuestros resultados muestran que durante un período de alrededor de 3 millones de años, muy poco en términos geológicos, los niveles de oxígeno en la atmósfera saltaron del 15 al 19 %. A modo de comparación, actualmente hay un 21 % oxígeno en la atmósfera», detalló el investigador.

Schaller reconoció que desconocen qué pudo haber causado este aumento de oxígeno, aunque han comprobado «una caída en los niveles de CO2 en ese momento».

«Creemos que este cambio en la concentración de oxígeno fue un cambio global y, de hecho, encontramos el cambio en muestras que estaban separadas 1.000 kilómetros. Lo notable es que justo en el pico de oxígeno vemos los primeros dinosaurios que aparecen en los trópicos de América del Norte, el Chindesaurus», según Schaller.

«Aún no podemos decir si esto fue un desarrollo global, pero podemos asegurar que un entorno cambiante hace 215 millones de años era adecuado para su diversificación evolutiva, aunque, por supuesto, los niveles de oxígeno pueden no haber sido el único factor», reconoció.