El gobierno de Francia, junto a Noruega y Dinamarca, rechazó la operación estadounidense por violar la soberanía de los pueblos. Advierten graves consecuencias globales.
En un comunicado oficial cargado de gravitas, el ministro francés de Relaciones Exteriores, Jean-Noël Barrot, lanzó una severa advertencia a la comunidad internacional: la operación militar que condujo a la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos representa una «erosión de los fundamentos del derecho internacional» con el potencial de desencadenar «consecuencias graves para la seguridad mundial que no perdonarán a nadie». Según Noticias Argentinas.
Con esta postura, París se alinea con la preocupación expresada previamente por Noruega y Dinamarca sobre la legalidad de la acción militar denominada ‘Operación Resolución Absoluta’ y critica a las grandes potencias por violar los principios que juraron defender.
La declaración francesa subraya la centralidad de la Carta de las Naciones Unidas y rechaza cualquier solución política impuesta desde el exterior, reafirmando que «solo los pueblos soberanos deciden su propio futuro». Esta postura, sin embargo, convive con una contradicción interna dentro del gobierno galo, que refleja las tensiones entre el apego a la ley internacional y la reacción política ante el régimen de Maduro.
Entre la condena al régimen y la defensa de la soberanía
El posicionamiento de Francia es matizado y, en cierto modo, dual. Por un lado, el comunicado de la cancillería recuerda que Nicolás Maduro «al confiscar el poder al pueblo venezolano y privarlo de sus libertades fundamentales, (…) ha atentado gravemente contra su dignidad y su derecho a la autodeterminación». Esta línea se vio reforzada por el tono más celebratorio del presidente Emmanuel Macron, quien afirmó que «el pueblo venezolano solo puede alegrarse» por el fin del régimen, al que calificó como una «grave afrenta contra la dignidad».
Sin embargo, Francia no justifica el método. Barrot fue categórico al señalar que la «operación militar (…) contraviene el principio de no uso de la fuerza en el que se basa el derecho internacional». Esta postura técnica de la diplomacia francesa busca defender el principio de soberanía como un valor inquebrantable, por encima de cualquier simpatía o antipatía política hacia un gobierno específico, marcando distancia de la acción unilateral de Washington.
Un rechazo transversal en el arco político francés
La condena a la incursión estadounidense encontró un eco inusual en el espectro político francés, unificando críticas desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha. El líder insumiso Jean-Luc Mélenchon calificó el hecho como un «odioso secuestro» y acusó a Estados Unidos de apoderarse del petróleo venezolano, argumentando que el narcotráfico era un simple «pretexto».
En la vereda opuesta, la líder del partido Agrupación Nacional, Marine Le Pen, aunque reconoció que hay «mil razones para condenar el régimen de Nicolás Maduro», sentenció que «la soberanía de los Estados nunca es negociable». Le Pen advirtió con dureza: «Renunciar hoy a este principio por Venezuela, por cualquier Estado, equivaldría a aceptar mañana nuestra propia servidumbre».
Con esta firme declaración, Francia se posiciona como una voz crítica dentro de Occidente, reclamando un orden internacional basado en reglas claras y advirtiendo sobre los peligros de que las grandes potencias actúen como juez y parte, un precedente que, según su visión, podría volverse en contra de todos en el futuro. La información sobre la reacción del gobierno francés fue publicada por el medio internacional RFI.




