Según estimaciones de consultoras privadas, el índice de precios de enero habría crecido a un ritmo menor que en diciembre, interrumpiendo una racha alcista. Sin embargo, la variación mensual se mantendría por encima del 2%, con alimentos liderando las subas.
El primer mes del año trajo una noticia económica ambivalente. Luego de que la inflación cerrara 2025 en 2.8% en diciembre, las primeras estimaciones de analistas privados sugieren que enero habría registrado una desaceleración, aunque sin lograr quebrar la barrera del 2% mensual. Este dato, si se confirma, marcaría un freno a la tendencia ascendente que se observaba desde junio del año pasado.
Según Noticias Argentinas (NA), la consultora Equilibra estimó una inflación de 2.2% para enero. Por su parte, EcoGo calculó un 2.5% solo para alimentos y bebidas, mientras que la Fundación Libertad y Progreso proyectó un 2.6% general. Aunque las cifras varían, todas coinciden en una moderación del ritmo de aumento.
¿Por qué bajó el ritmo inflacionario?
Los analistas señalan varios factores que habrían contribuido a esta desaceleración temporal. Gonzalo Carrera, economista de Equilibra, atribuyó la baja a tres elementos clave: una desaceleración en el precio de alimentos no estacionales (especialmente la carne), un menor aumento en los precios regulados (como transporte y nafta) tras fuertes subas en diciembre, y la estabilidad del tipo de cambio, que abarató ciertos bienes.
Esta explicación encuentra eco en el detalle de los rubros. Si bien alimentos sigue siendo uno de los sectores con mayor presión —con aumentos estimados entre el 2.5% y el 4.1%—, dentro de él se observa un comportamiento mixto. Las verduras fueron el principal motor alcista, con subas muy pronunciadas, mientras que la carne, aunque aún con incrementos cercanos al 3.6%, mostró su ritmo de aumento más bajo desde octubre.
Un alivio frágil con incertidumbre por delante
A pesar del respiro de enero, el panorama a futuro no está exento de desafíos. La inflación interanual, según las consultoras, se ubicaría entre el 29% y el 32%, evidenciando que el problema de fondo persiste. Algunos analistas, como los de Libertad y Progreso, son cautelosamente optimistas y proyectan que a partir de febrero podría retomarse un proceso de desaceleración más firme.
Sin embargo, también advierten sobre factores de riesgo. La dinámica inflacionaria de los últimos meses fue impulsada, en parte, por la incertidumbre electoral que depreció el peso y trasladó su efecto a los precios de los productos comerciables. Se estima que «llevará tiempo» para que ese efecto se termine de absorber completamente en la economía. Por lo tanto, aunque el dato de enero ofrece un leve alivio, la batalla contra la inflación en Argentina está lejos de terminar, y los próximos meses serán claves para evaluar si esta desaceleración es un fenómeno pasajero o el inicio de una tendencia más sostenida.




