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Investigadores de la base belga son los afectados. Sudáfrica fue la última escala que hicieron en su viaje previo.

La nueva variante Ómicron del coronavirus parece haber llegado a la Antártida, luego que un brote de Covid-19 afectara a la mayoría de investigadores presentes en la estación polar belga Princess Elisabeth, pese a las estrictas medidas adoptadas.

La noticia fue revelada por el diario belga Le Soir, que informó que dos tercios de las 25 personas que trabajan en la base polar belga resultaron infectados por la enfermedad, aunque ninguna muestra síntomas graves.

Todos los empleados habían recibido al menos dos dosis de la vacuna y habían dado negativo a la salida hacia la base polar, precisó el medio, citado por la agencia de noticias ANSA.

Según un virólogo consultado por la Secretaría Polar, es alta la probabilidad de que la infección en la estación polar sea causada por la variante Ómicron, dado que esta representa el 99% de los casos en Sudáfrica, última escala de los investigadores belgas en su viaje a la Antártida.

El iceberg más grande del mundo se desprendió de la Antártida hace pocos días. Se trata de un trozo de hielo gigante que tiene casi 80 veces el tamaño de Manhattan o, para ponerlo en otros términos, que es más grande que la isla de Mallorca en España.

El iceberg se desprendió del lado este de la plataforma de hielo de Ronne, en el mar de Weddell, informó el miércoles la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés).

El iceberg, que tiene forma de una tabla de planchar gigante, mide cerca de 170 km de largo y 25 km de ancho.

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El desprendimiento de los icebergs forma parte de los ciclos naturales: grandes trozos de hielo se separan de las plataformas a intervalos regulares. Los científicos no atribuyen esta ruptura en particular al cambio climático. Creen que es parte del ciclo natural del desprendimiento de icebergs en la región.

La diferencia entre este icerberg de la Antártida a los glaciares
Una vez que se derrita, el nuevo iceberg no provocará un aumento del nivel del mar, porque era parte de una plataforma de hielo flotante (de la misma manera que un cubo de hielo que se derrite no aumenta en nivel de la bebida en un vaso).

Por este motivo, lo que sucede con icebergs como este es diferente a casos de glaciares o capas de hielo que están en la tierra y cuando se desprenden hacia el océano y se derriten aumentan el nivel global del mar. Si toda la capa de hielo de la Antártida se derritiera, podría aumentar el nivel del mar en casi 58 metros.

La ESA dijo que el iceberg fue visto por primera vez por Keith Makinson, oceanógrafo polar del British Antarctic Survey, la semana pasada y confirmado por el Centro Nacional de Hielo con imágenes del Copernicus Sentinel-1 de la ESA.

El trozo enorme de hielo ahora se conoce oficialmente como A-76. Puede que el nombre suene un poco aburrido para el iceberg más grande del mundo, pero está basado en la ciencia. La ESA explicó que tradicionalmente se nombra a los icebergs a partir del cuadrante antártico en el que fueron vistos originalmente, luego un número secuencial y después, si se rompe, una letra secuencial.

Argentina fue pionero en la Antártida hace 70 años con la creación del Instituto Antártico Argentino (IAA), el primero de este tipo en el mundo, y que tras este tiempo mantiene su compromiso renovado con las exigencias actuales de conservación medioambiental y reducción de los efectos de la crisis climática.

El país suramericano fue también el primero en tener una base en el continente, con la instalación en 1904 de la Base Antártica Conjunta Orcadas, sin embargo, su presencia dio un giro gracias a la creación del IAA en abril de 1951.

Las autoridades del país suramericano tienen claro que su presencia en la Antártida, en la que tienen 13 bases, entre las permanentes y las de la campaña de verano, tiene como objetivo el estudio científico y evitar su explotación comercial, sobre todo en lo que atañe a la extracción de hidrocarburos.

LA ANTÁRTIDA, PARA LOS CIENTÍFICOS

«Argentina es uno de los países que ha planteado que hay que preservar el continente antártico solo para la investigación científica, hay que evitar que la Antártida sea utilizada para la explotación económica o para uso militar» aseguró a Efe el secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, Daniel Filmus.

Argentina es de los países que encabeza las evaluaciones que se hacen año tras año «para asegurar que esto se haga así», añadió Filmus.

En este sentido, afirmó que «hay tensiones permanentes» con otros países por la explotación de la zona, en muchos casos para la pesca, por lo que Argentina y Chile impulsaron la creación de un área marina protegida en la península antártica.

«Las investigaciones que estamos realizando muestran que la pesca indiscriminada en algunas áreas, fundamentalmente en el caso del krill (pequeño crustáceo básico en la alimentación de otras especies), están afectando a especie sustantivas», agregó Filmus.

Y advirtió que «hay países que rechazan la posibilidad de proteger áreas de explotación económica de la Antártida».

LA CRISIS CLIMÁTICA

Las investigaciones tampoco arrojan resultados positivos sobre los efectos de la crisis climática, ya que muestran «un repliegue enorme de la masa de hielo», que puede derivar en «situaciones más complejas».

También preocupa el deterioro medioambiental provocado por la contaminación, en concreto por la presencia de microplásticos en las aguas que terminan dentro de los organismos de los animales.

«El tema de los microplásticos está jugando un papel desastroso para las especies en la Antártida, en muchas de esas especies hoy ya se encuentran en sus estómagos, en sus cuerpos», aseveró.

Además de los animales, muchos pueblos que habitan la zona ven como su hábitat se deteriora.

«Todas las investigaciones actuales muestran que hay un número importantísimo de pequeños estados que están en islas que sufren enormemente la pérdida de territorio y el riesgo de desaparecer si sigue avanzando de esa manera el calentamiento global y provocando el deshielo que está provocando en la Antártida», manifestó.

CORONAVIRUS Y PANDEMIA

Para que la Antártida se conserve es importante controlar también la explotación turística, que desde el inicio de la pandemia de coronavirus está pausada, sin embargo, en 2019 acudieron 70.000 turistas a la Antártida argentina.

«Uno de los temas que toman siempre las comisiones del Tratado Antártico es cómo preservar la Antártida del turismo, el día que se abra libremente el turismo va a ser dramático», dijo Filmus.

La pandemia supuso un problema para la investigación del continente, y mientras otros países optaron por suspender sus campañas de verano, Argentina la pudo realizar gracias a los estrictos protocolos que adoptó y que, a raíz de los resultados, fueron exitosos, ya que se consiguió preservar las bases argentinas de la covid-19.

«Hubo algunos científicos que estuvieron 140 días arriba del rompehielo Irizar sin bajar, la condición para ir era hacer una doble cuarentena: una cuarentena en tierra y una cuarentena en mar antes de salir, solo eso era cada 1 mes, y después, en muchos casos, no bajar durante mucho tiempo», aseguró.

Más allá de las investigaciones científicas del IAA, la labor Argentina en la Antártida es muy diversa y tiene también un fuerte componente sociológico. Además es el único país que tiene una escuela y un cine en el continente.

Fuente: Listín Diario

Al sur del mar de Wedell, en la Antártida, se desprendió un témpano de 1.270 kilómetros cuadrados de una barrera de hielo. El desprendimiento fue detectado por especialistas del Instituto Antártico Argentino, el mismo había iniciado en 2019 y finalizó esta semana.

El témpano se desprendió de la barrera de hielo Brunt, la cual está compuesta por «una masa de hielo en flotación, que es la continuación en el océano de glaciares que provienen del continente, en este caso de la Antártida», explicaron desde el instituto.

Por otro lado, destacaron que la barrera «aún tiene otras grietas importantes que han aparecido en los últimos años y que provocarán otros desprendimientos de témpanos en el futuro, por lo que el monitoreo no termina con el desprendimiento de este témpano».

Científicos del Reino Unido descubrieron extrañar criaturas, como animales estacionarios, similares a las esponjas, adheridos a una roca que se encontraba debajo de 900 metros de hielo antártico. Según explicaron los investigadores, este es el primer registro de una comunidad de sustrato duro en las profundidades de una plataforma de hielo y parece ir en contra de todas las teorías anteriores sobre qué tipos de vida podrían sobrevivir allí.

Durante un estudio exploratorio, geólogos y otros especialistas perforaron 900 metros de hielo en la plataforma Filchner-Ronne, situada en el sureste del mar de Weddell, a una distancia de 260 kilómetros del mar abierto, en completa oscuridad y con temperaturas de -2,2 ° C.

«Nuestro descubrimiento plantea muchas más preguntas de las que responde, por ejemplo, ¿Cómo llegaron allí? ¿Qué están comiendo? ¿Cuánto tiempo han estado allí?», reflexionó Huw Griffiths, biogeógrafo de British Antarctic Survey y principal autor del estudio.

«¿Cómo de comunes son estos cantos rodados cubiertos en la vida? ¿Son estas las mismas especies que vemos afuera en la plataforma de hielo o son especies nuevas? ¿Y qué pasaría con estas comunidades si la plataforma de hielo colapsara?», continuó el especialista.

Área inexplorada

Según explicaron los expertos, las plataformas de hielo flotantes representan el mayor hábitat inexplorado del Océano Austral: cubren más de 1,5 millones de kilómetros cuadrados de la plataforma continental antártica. Sin embargo, hasta el momento solo se ha estudiado a través de ocho perforaciones anteriores un área total similar en tamaño a una cancha de tenis.

Las teorías actuales sobre qué vida podría sobrevivir bajo las plataformas de hielo sugieren que toda existencia se vuelve menos abundante a medida que se aleja del mar abierto y la luz solar. Estudios anteriores han encontrado algunos pequeños depredadores y carroñeros móviles, como peces, gusanos, medusas o krill, en estos hábitats. Pero se esperaba que los organismos que se alimentan por filtración, que dependen del suministro de alimentos desde arriba, estuvieran entre los primeros en desaparecer más bajo el hielo.

Por eso fue una sorpresa cuando el equipo de geólogos, perforando el hielo para recolectar muestras de sedimentos, golpeó una roca en lugar de barro en el fondo del océano. La sorpresa fue aún mayor cuando vieron las imágenes que grabaron durante la exploración, ya que se pudo ver que la roca estaba cubierta de extrañas criaturas.

Dadas las corrientes de agua en la región, los investigadores calculan que esta comunidad puede estar hasta 1.500 kilómetros de la fuente más cercana de fotosíntesis. También se sabe que otros organismos recolectan nutrientes de derretimientos de glaciares o químicos de filtraciones de metano.

Sin embargo, para poder conocer más sobre estas extrañas criaturas s serán necesarias algunas herramientas que permitan recolectar muestras, lo que supone todo un desafío para los investigadores. «Para responder a nuestras preguntas, tendremos que encontrar una manera de acercarnos a estos animales y su entorno, y eso es debajo de 900 metros de hielo, a 260 kilómetros de los barcos donde están nuestros laboratorios», advirtió Griffiths.

«Esto significa que, como científicos polares, tendremos que encontrar formas nuevas e innovadoras de estudiarlos y responder a todas las nuevas preguntas que tenemos», agregó. El gran apuro, señaló el especialista, es que con la crisis climática y el colapso de las plataformas de hielo se está acabando el tiempo para estudiar y proteger a este tipo de ecosistemas.

Fuente: Página12

La Base Carlini cumple este viernes 39 años de funcionamiento como la principal instalación científica permanente en la Antártida Argentina, donde se realizan investigaciones en áreas como biología costera y terrestre, oceanografía, geología y glaciología.

La base, ubicada en Caleta Potter, Isla 25 de Mayo, es administrada y operada por la Dirección Nacional del Antártico (DNA), dependiente de la Cancillería.

Las investigaciones se desarrollan allí de manera ininterrumpida desde hace más de dos décadas, lo que permitió una recopilación de datos científicos dentro de las de más larga data y completa de la región antártica.

“Sentimos un enorme orgullo por el trabajo y el esfuerzo que realizan a diario quienes, desde la Base Carlini, hacen efectivo el compromiso con la soberanía, la cooperación internacional, la paz y la protección del medio ambiente”, dijo el secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, Daniel Filmus.

El funcionario destacó que, “este año, vamos a celebrar el 70 aniversario del Instituto Antártico Argentino (IAA), la primera institución científica del mundo dedicada exclusivamente al estudio de la Antártida”.

La base Carlini data de 1953, cuando la Armada Argentina instaló el Refugio Naval Caleta Potter, luego Estación Aeronaval, y en 1954 pasó a llevar el nombre del Teniente José Isidro Jubany, piloto de la Aviación Naval que murió en un accidente aéreo.

Luego, fue reclasificada como Destacamento Naval, el 12 de febrero de 1982, y fue transferida a la DNA-IAA. A partir de entonces, se la denominó Estación Científica Jubany hasta que, en marzo de 2012, fue renombrada en homenaje a Alejandro Ricardo Carlini, un reconocido científico del Instituto Antártico.

El IAA, que también depende de la Cancillería, controla y ejecuta los proyectos científicos que se desarrollan en Carlini a lo largo del año, mientras que la Dirección Antártica del Ejército aporta el personal para las tareas logísticas, entre ellos a los buzos que con el resguardo de una cámara hiperbárica en la base, recolectan las muestras, incluso bajo hielo, y colaboran con los múltiples proyectos de investigación.

Parte de las tareas científicas se realizan desde los refugios argentinos Elefante y Albatros, que se encuentran en las cercanías.

La base cuenta con el Laboratorio Antártico Multidisciplinario Carlini (Lacar), donde se realizan estudios de atmósfera –en particular sobre el efecto invernadero y el cambio climático–, y el Laboratorio Argentino, ambos gestionados por el IAA.

La zona de la base cuenta con una gran biodiversidad de fauna y flora, y entre las aves se destacan los skúas, petreles y tres especies de pingüinos.

La zona cuenta con una gran biodiversidad de fauna y flora, y entre las aves se destacan: skúas, petreles y pingüinos.
La zona cuenta con una gran biodiversidad de fauna y flora, y entre las aves se destacan: skúas, petreles y pingüinos.

El área también cuenta con poblaciones de mamíferos, como elefantes marinos, lobos marinos de dos pelos y especies de focas como la Leopardo, la de Weddell y la Cangrejera.

La vegetación exhibe una gran cobertura con la presencia de una especie de pasto antártico, musgos y líquenes, y la vida submarina alberga ricas comunidades de peces, invertebrados y algas bentónicas.

En Carlini funciona desde 1994 el Laboratorio Dallman, a través de un convenio con el Instituto Alfred Wegener de Alemania, donde -en sus cuatro laboratorios, su acuario y el resto de sus instalaciones- trabajan científicos de otros países con los que se poseen convenios internacionales.

A través de un acuerdo con el Instituto Nacional de Oceanografía y Geofísica Experimental de Trieste en Italia fue instalada en 2001 una estación sismológica permanente.

Un equipo internacional liderado por investigadores argentinos observó cambios drásticos provocados ante una ola de calor de pocos días en el fitoplancton de la Antártida, microorganismos que producen más del 50 por ciento del oxígeno del planeta y son la base de la red trófica de los ecosistemas marinos.

Los investigadores que participan de las campañas del Instituto Antártico Argentino (IAA) precisaron, a través de un artículo publicado en la revista científica Journal of Experimental Marine Biology and Ecology, que si bien hace diez años se preveía que para el año 2050 podría haber olas de calor en la Antártida y aumentos de temperatura del orden de los cuatro grados, estos cambios se están dando mucho antes de lo previsto.

“El planeta Tierra evidencia un aumento sostenido de la temperatura del aire y, por lo tanto, de la temperatura del agua. En la Antártida, además, por el aumento en el deshielo asociado a este aumento de temperatura, se vierte una mayor cantidad de agua dulce en estas bahías marinas que poseen aguas saladas”, detalló Julieta Antoni, bióloga y becaria doctoral del Conicet y de la Universidad de La Plata (UNLP).

En este sentido remarcó que el equipo de especialistas se dedicó a estudiar “qué ocurre con el fitoplancton si se dan estas condiciones de altas temperaturas y baja salinidad” y que para ello se tomaron muestras en Caleta Potter, una bahía ubicada al norte de la Península Antártica.

Investigadores argentinos observaron cambios drásticos provocados ante una ola de calor

«Se estima que entre un 50 y un 60 por ciento del oxígeno del Planeta lo generan estos pequeños microorganismos y, según observamos en este estudio del fitoplancton de Caleta Potter, con un aumento de temperatura durante siete días, ya se generan alteraciones en la composición de estas comunidades”, explicó Antoni.

Las distintas especies de plancton se pueden distinguir en el microscopio a partir de la forma y pigmentación: “Hubo una especie de fitoplancton típicamente subantártica que creció mucho más que el resto, una especie que no había sido registrada en la Antártida antes. Y, además, también creció una especie de alga que es cosmopolita, o sea que ambas están acostumbradas a climas un poquito más cálidos o con temperaturas más altas que las que se registran en la Antártida”, añadió la especialista.

Por su parte, Irene Schloss, investigadora del Instituto Antártico Argentino y del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC-Conicet), afirmó en declaraciones a la Agencia CTyS de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM) que “desde el año 2010 aproximadamente” se realizan “experimentos en la Antártida simulando lo que sucedería con el plancton si estuviera expuesto a condiciones de temperatura más elevadas, lo que al mismo tiempo produce el derretimiento de los glaciares y un aporte masivo de agua dulce”.

“Desde el año 2010 aproximadamente se realizan experimentos en la Antártida simulando lo que sucedería con el plancton si estuviera expuesto a condiciones de temperatura más elevadas

IRENE SCHLOSS

“Los valores con los que estamos simulando estos experimentos son los que estaban predichos para alcanzarse en los próximos 50 años, pero lamentablemente la última temporada nos mostró temperaturas del agua que ya estaban en estos valores tan elevados, o sea que no es una buena noticia para el ambiente”, indicó la especialista que también es directora del Proyecto Plancton en la base Carlini del IAA.

A su vez, con la disminución de la salinidad, proliferaron especies de algas muy pequeñas, que pertenecen a grupos “nanoplanctónicos”, lo que no solo implicaría un cambio en la estructura del fitoplancton, sino que también afectaría a las diferentes tramas tróficas, ya que uno de los consumidores principales de este fitoplancton es el krill, que a su vez es consumido por una gran variedad de animales del ecosistema antártico.

La Base Carlini de la Antártida Argentina siguió registrando hoy movimientos sísmicos de menor intensidad que los de “5.0 y 5.2 en la escala Richter” producidos el fin de semana, y “tanto el personal como las instalaciones se encuentran en perfecto estado”, confirmó el jefe de la dependencia, Mayor Gustavo Sánchez, en diálogo con medios fueguinos.

“Anoche, cerca de las 23, se produjo una réplica y hoy a la mañana otra más. Son vibraciones de unos pocos segundos pero que se perciben con claridad. Lo importante es que estamos bien, sin problemas”, afirmó Sánchez.

El jefe de la base ubicada en la Isla 25 de Mayo recordó que en el lugar se encuentran 25 argentinos, 18 pertenecientes al Ejército, 2 al Servicio Meteorológico, 2 a la Dirección Nacional del Antártico (DNA), 1 jefa científica y 2 ingenieros del Instituto Antártico Argentino.

“El único cambio en la rutina consiste en recorridas que se realizan a todas las instalaciones después de cada temblor, para evaluar posibles daños. Hasta ahora no se ha detectado ninguna anormalidad”, indicó el mayor Sánchez en comunicación con Radio Provincia de Ushuaia.

También mencionó que debido a los protocolos de prevención por el coronavirus, la dotación no tiene ningún contacto presencial con miembros de otras bases, mientras que la carga que llega a través de un avión Twin Otter “se desinfecta a través de un protocolo estricto”.

Por su parte, el secretario de Malvinas, Antártida, Islas del Atlántico Sur y Asuntos Internacionales del gobierno de Tierra del Fuego, Andrés Dachary, informó que mantuvo contacto con los maestros antárticos Mariana Ibarra y Víctor Navarro, quienes se desempeñan en la escuela Nº 38 de la Base Esperanza, donde también se registraron los movimientos.

“Ellos se encuentran bien. Nos comentaron que desde el jueves pasado soportaron vientos de hasta 180 kilómetros por hora con nieve y granizo, llegando incluso a suspender las clases el viernes. Por esas circunstancias no sintieron el terremoto y lo importante es que están todos bien”, insistió Dachary.

Hay un lugar en el mundo en el que nada ha cambiado y la vida sigue igual, donde los niños van a la escuela y no existe peligro en salir al aire libre. Claro que se trata de una zona en la que apenas se sale, por el frío, y que ya de por sí está aislada, pero “¿en qué lugar del mundo vas a estar más seguro que en la Antártida?”.
Son palabras a Efe del jefe de la argentina Base Antártica Esperanza, el teniente coronel Norman Walter Nahueltripay, quien se encuentra destacado allí con otras 62 personas, incluidos su mujer y sus dos hijos, todos ellos espectadores desde la lejanía de la pandemia del COVID-19 que ha paralizado al resto del mundo.

Trabajo y escuela, sin cambios en la Antártida

Se decir que uno ya está aislado naturalmente en la Antártida”, reflexiona Nahueltripay, líder de esta expedición argentina durante doce meses, tras los cuales otro destacamento reemplazará al actual.

Se trata de la única base argentina que se asemeja a un poblado, porque los militares acuden con sus familias durante un año y hay un colegio público para que los niños desarrollen el curso con normalidad.

Los habitantes de Base Esperanza, situada en la península Trinidad, que a su vez es una extensión de la península Antártica, continúan haciendo la tan extrañada vida normal que el resto del mundo se pregunta cuándo regresará.

La cuarentena no es obligatoria en esta base científica: “nosotros hacemos exactamente hoy en día las mismas actividades que veníamos haciendo habitualmente”, dice Nahueltripay.

Entre ellas se encuentran trabajos de sismografía y biología -los pingüinos forman parte del entorno en la base-, así como el mantenimiento de los diferentes edificios que componen el lugar y una pequeña radio local que emite con regularidad.

Los niños que están en primaria mantienen sus clases presenciales con dos maestros que también viven allí durante todo un año y que designa la provincia de Tierra del Fuego que, aunque sea el sur para todo el mundo, es “el norte” para ellos, tal y como se expresa Nahueltripay.

Aquellos que están cursando la secundaria lo hacen a distancia, por Internet. Es decir, que desde hace unas semanas están exactamente en las mismas condiciones que el resto de los estudiantes argentinos.

En total, hay 15 menores en edad escolar en este campamento científico del Ejército argentino.

A los pequeños les gusta salir a jugar con la nieve, afirma Nahueltripay. Son los únicos niños argentinos que pueden darse el lujo de salir a jugar a la calle, aunque no puedan hacerlo mucho tiempo debido a las bajas temperaturas.

El año perfecto para vivir en la Antártida

“Si hubiese apuntado un año en el que querría venir a vivir con familia un año a la Antártida, es este”, comenta el jefe de la misión, de 43 años y natural de la provincia de Chubut, quien durante la conversación realiza una guardia alejado de la base, entre vientos de 120 kilómetros por hora que hacen crujir las paredes del habitáculo desde el que se desempeña.

En Argentina, el coronavirus se ha cobrado 90 víctimas y hay 2.142 infectados, mientras rige un estricto aislamiento social obligatorio decretado por parte del Gobierno de Alberto Fernández. En todo el mundo se han superado hoy los 100.000 fallecidos y hay mas de millón y medio de contagiados.

A todos los argentinos y al resto de quienes están confinados en sus casas, Nahueltripay, aislado de facto desde el pasado diciembre, les da un consejo de experto para superar el encierro.

“El factor de éxito está en programar absolutamente todas las actividades que uno puede hacer durante el día, y tratar de variar esas actividades si extienden la cuarentena”, indica.

Asimismo, a quienes tengan hijos les recomienda dedicarse a lo mismo que empezó a hacer él desde que llegaron al lejano sur: “aprovechar ese tiempo de familia que uno pierde cuando trabaja fuera de casa todo el día”.

Preocupados por sus familiares en Argentina
Nahueltripay comenta que todos en Base Esperanza están “preocupados” por sus seres queridos en el continente sudamericano, pero que por fortuna no hay ningún familiar suyo contagiado.

Tampoco falta a su llamada semanal con un científico italiano que pasó los meses de diciembre y enero en la base antes de volver a su país, y por el que Nahueltripay y sus colegas consultan para comprobar si está bien en uno de los países más afectados de la tragedia. Ese sismógrafo pasó casi de manera directa del aislamiento antártico al aislamiento en casa.

Aunque ahora, en abril, el clima ya empeora en la Antártida y no reciben visitas, durante los meses del verano austral sí que tuvieron algunas, como los cargamentos de suministros e incluso turistas que viajan a la zona. Fue justo antes de la propagación mundial del coronavirus.

Aquellos meses fueron los de mayor peligro para ellos, y tomaron las medidas que entonces el Ministerio de Defensa argentino consideró oportunas.

“Cuando este problema surge en Wuhan (China), cada uno debía pedirle a todo buque que venía a la Antártida una declaración jurada”, recuerda.

Pasada la época estival, el contacto con el exterior es prácticamente nulo.

“No hay ningún otro continente al que no haya llegado el virus. Hasta en las Islas Malvinas ha llegado”, comenta el teniente coronel.

Desde la Base Esperanza seguirán por televisión, hasta el próximo diciembre -fecha en la que finalizan su expedición-, cómo lidian con la pandemia sus familiares, que cuando los vieron marchar al continente helado pensaron de manera errónea que ellos eran los únicos que iban a experimentar lo desconocido.

Fuente: La Patilla

Científicos brasileños afirman que la temperatura en Isla Marambio alcanzó los 20,75ºC el 9 de febrero. Para el Servicio Meteorológico argentino, el dato podría ser erróneo.

Hace una semana Clarín informó que el 6 de febrero la temperatura en la Antártida, puntualmente en Base Esperanza, había llegado a los 18,3ºC, la más alta informada desde 1961, cuando se empezó a tomar nota de estas mediciones en el continente meridional. En sintonía con ese dato, este jueves surgió otro igual de preocupante en términos de cambio climático y calentamiento global: científicos brasileños que siguen de cerca la temperatura en Isla Marambio habrían registrado, el 9 de febrero, un récord de 20,75ºC.

Sin embargo, para los expertos argentinos del Centro Meteorológico Antártico Marambio conviene tomar con pinzas la información recabada por esos investigadores y difundida por el medio británico The Guardian. Según explicó desde Base Marambio Viviana López, jefa de ese servicio, “el dato podría no ser fidedigno. En cambio, el dato oficial medido en abrigo meteorológico correspondiente al 9 de febrero fue de 15,5ºC a las 16 horas”.

Sin llegar a los 20ºC, unos días antes, el 6 de ese mes, la máxima había alcanzado 15,8ºC, un récord suficientemente alto en comparación a otros febreros, lo que para los expertos argentinos podría ser una consecuencia negativa del calentamiento global. Cabe recordar que las temperaturas “esperables”en la Antártida para esta época del año oscilan entre 1ºC y -4ºC.

Pero, ¿por qué tanta diferencia entre lo registrado de manera oficial y los datos de los brasileños? ¿Se impulsa cierto alarmismo? Según López, “si bien es cierto que hay efectos de la geografía del lugar que podrían generar diferencias, al estilo de las que ocurren en la ciudad de Buenos Aires, donde uno puede registrar 30ºC en Villa Ortúzar y 25ºC en Aeroparque como efecto de la brisa costera, en este caso hay que ver de qué manera tomaron la temperatura estos investigadores”.

La meteoróloga aclaró que “si tienen un termómetro al que le da el sol, por ejemplo, la temperatura se va a ver influenciada por la radiación”. Y si se tratara de una estación meteorológica automática (lo que para ella es altamente probable), “es complejo porque no se sabe cómo está calibrada… hay muchos fenómenos que podrían influir, generando distorsiones en la medición”.

Por lo pronto, la información difundida por The Guardian proviene del equipo Terrantar, un proyecto del Gobierno de Brasil que monitorea el impacto del cambio climático en lugares como la Antártida. Desde esa entidad aclararon que los registros que tomaron «deberán ser confirmados por la Organización Meteorológica Mundial, pero son consistentes con una tendencia más amplia en la península y las islas cercanas, que se han calentado casi 3ºC desde la era preindustrial, una de las tasas más rápidas del planeta”.

“Estamos viendo la tendencia al calentamiento en muchos de los sitios que estamos monitoreando, pero nunca hemos visto algo así”, dijo Carlos Schaefer, miembro de ese equipo de investigación, al medio inglés. Agregó que estos aumentos de temperatura parecen estar influenciados por los cambios en las corrientes oceánicas y los eventos del fenómeno climático conocido como “El Niño”.

Sean 15ºC, 18ºC o 20ºC, los aumentos de la temperatura en la Antártida preocupan, considerando que la región almacena, bajo la forma de nieve y hielo, cerca del 70% del agua dulce del planeta. Un derretimiento absoluto (que llevaría siglos) haría que el nivel de mar creciera de 50 a 60 metros, lo que daría lugar a efectos tan obvios como inesperados para los humanos, informó Clarín.